Ecos del Seminario

X Encuentro de Seminaristas de Centroamérica y México

X Encuentro de Seminaristas de Centroamérica y México
Se busca unificar la formación sacerdotal de las naciones, facilitando el diálogo entre obispos y formadores, para lograr un beneficio a los seminaristas y a los mismos seminarios, elaborando planes de trabajo que tomen en cuenta las realidades sociales y educativas de cada contexto.
Texto y fotos: Milton Antonio Rodríguez Escobar
Soymilton777@hotmail.caom
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Con el objetivo de potenciar la formación sacerdotal en los seminarios y estrechar lazos de fraternidad entre los seminaristas, se llevó a cabo el X Encuentro de seminaristas de Centroamérica y México del 10 al 14 de julio del presente año, teniendo como sede el Seminario Mayor San José de la Montaña en San Salvador, El Salvador. Honduras se hizo presente al evento a través del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, con una comisión de 8 seminaristas, uno por cada curso académico y el Padre Fredy Solórzano, director del año introductorio.
“Impulsados por el Espíritu a la misión” fue el lema del encuentro, el cual estuvo enmarcado en el espíritu de la “Nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis – El don de la vocación presbiteral”, de la que se expusieron a través de ponencias cada una de las dimensiones que deben arraigar los seminaristas en su proceso de formación, y a través de grupos de reflexión los seminaristas analizaron su proceso en cada una de las etapas en que se encuentran.
Esta nueva Ratio Fundamentalis quiere describir el proceso formativo de los sacerdotes, a partir de cuatro notas características de la formación, que es presentada como única, integral, comunitaria y misionera. Las cuatro dimensiones de la formación, anteriormente mencionadas en la Pastores Dabo Vobis, humana, intelectual, espiritual y pastoral, son rescatadas y revalorizadas en este nuevo documento, ya que con todo esto se pretende que en todos los seminarios se formen discípulos misioneros “enamorados” del maestro, pastores con “olor a oveja”, que vivan en medio del rebaño para servirlo y llevarle la misericordia de Dios, por ende la formación integral va a ser entendida como una continua configuración a Cristo.
Un punto clave para tener en cuenta, es que dentro de esta única formación, que es integral y progresiva, se distinguen la fase inicial y la permanente; y en esta Ratio fundamentalis la formación inicial se articula en cuatro etapas: 1) Etapa propedéutica o de la introducción, 2) De los estudios filosóficos o etapa discipular, 3) De los estudios teológicos o etapa configuradora, 4) Pastoral o etapa de la síntesis vocacional. De igual manera, el documento contiene varias orientaciones de tipo teológico, espiritual, pedagógico y canónico, todo esto lo constituye como un documento realmente enriquecido por los aportes que ha tomado en cuenta.
Analizando cada una de estas etapas, se hizo hincapié en que es necesario, tomando como base la nueva Ratio, realizar una Ratio Nacional, asumiendo el compromiso de que todas las normas de la Ratio fundamentalis sean aplicadas en los seminarios de cada país, trabajando para unificar la formación sacerdotal de las naciones, facilitando el diálogo entre Obispos y formadores, para lograr un beneficio a los seminaristas y a los mismos seminarios, elaborando planes de trabajo que tomen en cuenta las realidades sociales y educativas de cada contexto.
En este sentido, el camino de la formación debe ser presentado como un camino de configuración con Cristo, de manera que sirva este camino para una formación de la interioridad y de la comunión. Por tanto, se presentan unos medios específicos para la formación, entre los cuales resaltan: el acompañamiento personal y el acompañamiento comunitario. Se busca también una unidad de la formación, haciendo énfasis en que es el seminarista el principal protagonista de su propia formación, ayudado por supuesto, por la personalidad madura y recia de los formadores.
Algo que pareció novedoso en el documento analizado, ha sido la invención de la etapa de pastoral o síntesis vocacional, la cual consiste en los momentos finales de la estancia en el seminario y la ordenación presbiteral, pasando obviamente a través de la recepción del diaconado. Esta etapa tiene una doble significación, la primera consiste en insertarse en la vida pastoral, a través de una paulatina adquisición de responsabilidades, las cuales deben ser llevadas con espíritu de servicio, y la segunda como preparación adecuada para recibir el sacramento de Orden Sacerdotal.
El estudio de este nuevo documento, que es interesante que lo conozcamos como Iglesia, se llevó a cabo a través de cinco ponencias que estuvieron a cargo de sacerdotes y obispos salvadoreños, siguiendo dos líneas fundamentales: la misión como eje transversal en el proceso formativo de los seminaristas y la dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral en las distintas etapas del proceso formativo.
Pero, los seminaristas no solo nos enriquecimos con esta temática interesante, porque fue una semana con actividades diversas y recreativas.
Nuestros hermanos salvadoreños nos tenían preparado un itinerario muy atractivo: visitamos y celebramos la Eucaristía en la capilla del hospital Divina Providencia, lugar donde ofrendó su vida el Beato Oscar Arnulfo Romero; posteriormente visitamos un museo dedicado al Mártir salvadoreño; luego pasamos por la catedral de San Salvador y oramos junto a la tumba de Monseñor Romero, el obispo del pueblo, como cariñosamente lo recuerdan; nuestro itinerario continuó con un paseo a “Termos del río”, un balneario que nos esperaba para disfrutar de piscinas, juegos, aguas termales, zonas recreativas, deporte y comidas; y culminamos nuestro paseo visitando la parroquia de la Inmaculada Concepción en Santa Tecla, donde el párroco y su gente nos dieron una calurosa bienvenida y por supuesto nos convidaron a una cena con deliciosa comida salvadoreña. También, durante la semana compartimos en una noche cultural de todos los países centroamericanos.
Cada nación amenizó con una presentación cultural, compartió dulces y recuerdos propios de cada región.
Con todo lo vivido, definitivamente lo más rico del encuentro es la fraternidad que se logra entre todos los hermanos de diferentes países centroamericanos, culturas y seminarios, celebrando juntos, orando en comunidad, compartiendo una espiritualidad que solo Jesús el Maestro es capaz de suscitar en cada uno de los jóvenes participantes, de manera que al final de la jornada y después de la despedida entre lágrimas y risas, lo que pronunciamos con fuerza es que ser seminarista nos llena de orgullo porque requiere valentía, y que estar en este camino junto al maestro no vale la pena sino que “vale la vida”.

Ser seminarista nos llena de orgullo porque requiere valentía, y que estar en este camino junto al maestro no vale la pena sino que “vale la vida”.
Milton Antonio Rodríguez
Seminarista