Noticias en desarrollo

Carta Pastoral de Monseñor Darwin Andino al clero

‘‘Pese a los desencantos contemplemos el presente con alegría’’ Publicamos la segunda parte de la Carta Pastoral de Monseñor Darwin Andino al clero, religiosos y fieles de la Diócesis de Santa Rosa de Copán.


SEGUNDA PARTE

8. De acuerdo a la realidad que estamos viviendo les invito a que caminemos desde Cristo, con Cristo, para Cristo y en su Iglesia, porque “su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad” “esta es la única condición: fiarse de Dios. Si tú te fías de Dios, lo escuchas y te pones en camino, eso es hacer Iglesia. El amor a Dios precede a todo. Siempre es el primero, llega antes que nosotros, Él nos precede”. Así nos lo recuerda el papa Francisco en una de sus catequesis.

9. Ante los desencantos que vive nuestro pueblo en Occidente, con los males que he señalado anteriormente; sintámonos convocados a vivir en la cotidianidad, compartiendo la verdadera alegría en el acontecimiento del encuentro con Cristo, como San Pablo nos dice: “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres”. También el papa Benedicto XVI en su primera Carta Encíclica “Deus Caritas est” ha afirmado: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

10Han pasado más de dos mil años, Jesucristo sigue siendo el gran desconocido para el mundo, y el mundo no lo conoció. “Vino a los suyos, más los suyos no la recibieron” . Jesucristo es la Palabra del Padre dicha al mundo, y esa Palabra no es escuchada: “Este es mi Hijo, mi elegido; escúchenlo” Oímos mucha palabra, tantas veces vacía de contenido, pseudo palabra diría yo. Si conociéramos a Jesucristo lo escucharíamos a Él. La Palabra de Dios sacia el alma hambrienta como dice San Bernardo Abad: “Conserva tú también la Palabra de Dios, porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma que penetre tus afectos y hasta tus costumbres. Come lo bueno, tu alma se te deleitará como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso”. Como quisiera yo que, en la Diócesis, éste fuera el primer alimento: que sacia, que fortalece y que unifica. Que en cada uno de los acontecimientos de nuestra historia, el buscarlo sea nuestra prioridad, “no trabajen por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna el que os dará el Hijo del Hombre”.

11. La cruz es luz, ilumina el sufrimiento y el dolor porque la cruz de Cristo es gloriosa y redentora; sin embargo, la sociedad la ve como símbolo de fracaso, de castigo y de muerte. “Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios, porque la locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina es más fuerte que las personas”. Hagamos nuestra la invitación de Cristo a cargar la cruz, “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz y sígame”. También nuestra patrona Santa Rosa de Lima, nos dijo “conozcamos el amor de Cristo que excede todo conocimiento (…) que nadie se engañe: esta es la única verdadera escalera del paraíso y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo”.

12. ¿A qué hombre quiere salvar Cristo? ¿Por quién vino?, el Evangelio nos dice que Cristo vino por los pecadores, porque así no se descarta a nadie. Para distinguir quién es o no es un pecador, veamos que concepto tenemos del pecado según el Catecismo: “El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere a la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna”. Relativizando la dimensión de la salvación muchos ignoran la realidad del pecado y se justifican a sí mismos, el único que justifica es Cristo; basta ver el egoísmo presente en nuestros pueblos, que Monseñor Romero denunció en la sociedad injusta de su tiempo. Este egoísmo podríamos llamarlo por su nombre: el enriquecimiento ilícito, corrupción, trata de personas, instrumentalización de los niños y jóvenes, el narcotráfico; el sufrimiento de los inocentes en pocas palabras, el daño que se le causa a la Casa común, la violencia, armamentismo asolapado, inmoralidad y haciendo uso banal de la sexualidad. Es Cristo Salvador que redime al hombre del pecado como cree la Iglesia: “Pero el mismo Señor vino para liberar y fortalecer al hombre, renovándolo interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (Cf Jn 12,31), que lo retenía en la esclavitud del pecado. Pues el Pecado disminuye al hombre mismo impidiéndole la consecución de su propia plenitud”.

13 La Iglesia, siguiendo a Jesucristo que, con su vida, su Palabra, pasión, muerte y resurrección, iluminó al mundo, es continuadora, por el Espíritu Santo, de su obra. “Los discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión con el Padre (1 Jn. 1,3) y con su Hijo muerto y resucitado en la comunión en el Espíritu Santo (2Cor13,13) el misterio de la Trinidad es la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia: un pueblo reunido por la unidad del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, llamada en Cristo como un Sacramento, o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad con todo el género humano” . Por la gracia de Dios nadie está excluido de pertenecer a la Iglesia. Por eso anunciemos el Evangelio que es Buena Nueva para toda persona, sin aislar a nadie y que nadie trabaje por su propia cuenta y, sin triunfalismos, manteniendo la comunión diocesana, afectiva y efectiva. Reconozco la riqueza de las Comunidades Eclesiales de Base en donde se ha alimentado en gran parte la fe de estos pueblos, y como lo ha mencionado el documento de Aparecida: “en América Latina, muchas de las CEBs han sido escuelas que han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe (…) contemplo que ellas quieren vivir la experiencia de las primeras comunidades de los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch. 2, 42-47). (…) Puebla constató que las pequeñas comunidades y las CEBs permitieron al pueblo acceder a un conocimiento mayor de la Palabra de Dios, al compromiso social en nombre del Evangelio” Por eso mis queridos hermanos potenciemos lo que ya está y abrámonos a algo más dejándonos inspirar por el Espíritu Santo. Evitemos que las Comunidades Eclesiales de Base se conviertan en una estructura ideológica, manipulando el Evangelio y fragmentando la Iglesia Cuerpo de Cristo y, hagamos, como nos exhorta el documento de Aparecida: “Se requieren pequeñas comunidades vivas y dinámicas, es necesario suscitar en ellas una espiritualidad sólida, basada en la Palabra de Dios, que las mantenga en plena comunión de vida e ideales con la Iglesia local y, en particular, con la comunidad parroquial. Así la parroquia por otra parte como desde hace años nos lo hemos propuesto en América Latina llegar a ser Comunidad de Comunidades” ´.

14. No tengamos miedo a la apertura de otras realidades, de otros carismas y de nuevas comunidades “los nuevos movimientos y comunidades son un don del Espíritu Santo en ellos, los fieles encuentran la posibilidad de formarse cristianamente, crecer y comprometerse apostólicamente hasta ser verdaderos discípulos misioneros ”, así nos lo recuerda, también, el papa Benedicto XVI que “en la Iglesia no hay contraste o contraposición entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la cual los movimientos son una expresión significativa, porque ambos son igualmente esenciales para la constitución divina del Pueblo de Dios” .

15. Quiero hacer resonar las palabras de San Juan Pablo II al inicio de su pontificado, solo Jesucristo revela al Hombre, lo que es el hombre se trata de volver a una antropología Bíblica y Evangélica, en donde nos muestra lo que es el hombre; ¿Qué hombre nos muestra la Biblia? Nos muestra a un hombre en relación y en armonía con Dios, con los demás y con la creación. “Dios no ha creado al hombre en solitario. Desde el principio lo hizo varón y mujer (Gn. 1,27). Esta sociedad hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas humanas. El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás”. El hombre de nuestros pueblos no puede ser visto solamente como una realidad abstracta o una idea, ni simplemente como materia que es objeto de instrumentalización. Quiero proclamar al hombre como un ser humano que tiene dignidad de persona, que es alguien y que es capaz de conocerse y poseerse y darse libremente a otras personas y que es llamado a una alianza con su creador. San Juan Pablo II en referencia al hombre nos dice: “Porque la Iglesia no puede abandonar al Hombre, cuya “suerte” es decir la elección, la llamada, el nacimiento y la muerte, la salvación o la perdición están estrecha e indisolublemente unidas a Cristo” . Por eso cada persona debe ser respetada en su dignidad, desde su concepción en el vientre de una mujer hasta su muerte natural, salvaguardando sus derechos (calidad de vida) y promoviéndolo para que alcance la estatura de su Redentor.

A %d blogueros les gusta esto: