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“Un hombre que sembró buena semilla…”

Al encuentro de la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org “Un hombre que sembró buena semilla…” Mt 13, 24-43 – XVI Domingo del Tiempo Ordinario Estamos siguiendo desde el domingo pasado el discurso en Parábolas de Mateo en el capítulo 13. El sentido de la enseñanza de hoy está basado o inspirado en el “crecimiento”.

En las parábolas leídas para este domingo, aparece la semilla y la levadura, dos fuentes de energía que ocultan su eficacia para hacer producir la vida. Pero se trata de un crecimiento marcado por la lucha, combatido, hasta dramático, semejante casi a una muerte. Jesús mismo lo explicó en el Evangelio de Juan claramente: “Si el grano de trigo caído en tierra no muerte, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). En el campo de la historia de los hombres, en realidad está la siempre lucha entre el trigo y la cizaña, el bien y el mal, el Señor y el enemigo. Y, en este marco de lucha buscando el desenlace, están también los dos métodos para recolectar la cosecha, el violento que busca arrancar inmediatamente todo y el de la paciente espera y selección. Como todas las parábolas de hoy son símbolos del Reino de Dios, queda claro entonces, que el crecimiento lento del Reino es en verdad una enseñanza a manera de lección, para quienes pretenden alcanzarlo de un solo, provocando problemas y enojos por no ver los frutos con la velocidad de la luz. Muchos podrían decir: “¿por qué no impidió Dios esta situación en la vida de la comunidad”, “tanto trabajo para que éstos se lleven todo los méritos”, etc.
Después de esta parábola, Jesús les presenta la de la mostaza. En toda la Biblia solamente Jesús habla dos veces de ella, aquí y en el famoso dicho: “Si tuvieras fe igual a un granito de mostaza…” (Mt 17,20). Perteneciente a las crucíferas, la mostaza palestina negra, de arbusto como es normalmente puede transformarse en un verdadero árbol, que dará leña y alcanzará los tres o cuatro metros de altura, sobretodo en el lago de Tiberíades. Una microscópica semilla da un árbol muy grande. Y, ¿qué decir de la levadura con que Jesús termina su enseñanza? El Reino de los cielos es como una pizca de levadura, que hace fermentar toda la masa.
En las realidades actuales muchos podrían caer en el desánimo apostólico y misionero, todo aparece adverso, todo parece inútil. El tiempo de la cosecha no parece llegar nunca, aunque esté la promesa de su llegada. Y el colmo radica en que el mal “la cizaña” está por todas partes y remata con fuerza y decisión su presencia. ¡Lo malo parece crecer y el bien menguar! Pero esto con sinceridad no es así. Nadie debe caer en desánimo o desilusión, la energía de la buena semilla, la que Dios ha plantado porque es la de su Reino, posee una energía secreta que es poderosa, asegurando que lentamente transformará la historia y crecerá como un árbol frondoso que dará muchísimos frutos, abrigando igual con su sombra a todos los pueblos de la tierra.
Ese granito insignificante, esa pizca de levadura se encierra en la Palabra de Dios que está para dar siempre esperanza y certeza de que el Reino de Dios Vence, Reina e Impera. Palabra de Dios que trabaja silenciosamente y que está la base para la construcción de ese Reino de Dios que todos esperamos y que ya ha está entre nosotros.

Preguntas para la meditación:
¿He encontrado en mi vida la fortaleza que da la Palabra de Dios en esos momentos de desánimo por no ver claro el poder de Dios y el de su Palabra?

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