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Orden y desorden

Orden y desorden P. Juan Ángel López Padilla No se trata realmente de opciones, sino de realidades. Estamos viviendo en un mundo muy desordenado. El problema es que algunos cuestionan el orden, porque, con justa razón, cuando el orden se impone tiene que serlo bajo criterios humanos, desde la verdad y la búsqueda de la justicia.


Es muy cierto que, el imperio de la ley, es lo que contribuye a regular las relaciones al interior de una sociedad, pero, más cierto aún, es que los primeros que deben dar el ejemplo en el cumplimiento de la ley, son los mismos que la promulgan, que la administran o que la aplican. En nuestra sociedad, como tantas veces se ha repetido a lo largo de la historia, se cosecha lo que se siembra. Aunque creo que el mejor refrán, a ser aplicado en las circunstancias presentes, es aquel de “siembra vientos y cosecharas tempestades”.
Hace mucho que en Honduras la palabra diálogo, es un término que desapareció del vocabulario y, los expertos en dividir y aprovecharse del “río revuelto”, nunca lo incluyeron en su diccionario.
La situación de la Universidad Nacional es sintomática. Una crisis mal manejada, intransigencia de las partes en conflicto, indiferencia de la sociedad en general y una deslucida acción tardía del Congreso, al que le han pasado una “papa caliente” que, en pleno año electoral, seguramente no tenderá a resolverse porque el escenario pinta para una batalla que no se peleará a nivel de ideas, porque eso no les importa a los contendientes, sino que lo suyo es vivir del caos, provocado, inspirado y deseado.
No son pocos los que han intuido que, esta crisis y el empecinamiento en prolongarla, es sólo uno de los ingredientes de un caldo de cultivo que no presagia buenas cosas, de cara al último domingo de noviembre.
Cada día que pasa, pareciera que los condimentos de este “mejunje” hacen impotable el trago amargo que nos están haciendo tragar como sociedad. Amenazas, insultos, calumnias, diatribas, abundan. Se carece de cordura, ponderación, ideas. Sobre todo, faltan ideas. Ideas y propuestas que unan, que reconcilien, que tiendan puentes, que no se impongan sino que, abran caminos. ¿Será eso mucho pedir? ¿No hay nadie al que le importe de verdad Honduras?
Cada vez que escucho hablar a los que detentan el poder de sus partidos o de sus movimientos, me pregunto ¿qué es lo que realmente quieren? ¿querrán un poco a este terruño? Hablan de Honduras, pero rápido se detecta que esa palabra, es un pretexto.
La decencia en la gestión de la política, es algo que no se encuentra fácil y aunque no puedo, ni debo, generalizar, mi temor es que la indiferencia crezca más aún.
Después de orar, mucho ¿qué más podemos hacer los que tenemos fe? A mi juicio, debemos aprender a disentir, cuestionar, pero de manera elegante y sin olvidar que hay valores superiores que no podemos negociar.
Alguien, en una ocasión me hizo reír, porque acababa de ver una de las películas más chistosas de Jim Carrey en la cual, por 24 horas, no podía mentir y me preguntó sobre ¿qué ocurriría si todos los malos políticos de Honduras fueran “castigados” de esa forma? Mi respuesta fue sencilla: estaríamos todos en el Cielo. Seguramente, en una campaña, de esta índole, creer en el Cielo, es una locura.

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