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Editorial del Domingo 23 de Julio de 2017

Confrontación e intolerancia Está a punto de iniciarse la campaña electoral, en la que participan, por primera vez, un total de 10 partidos políticos. Dicha campaña puede ser un momento de gran privilegio para la vida nacional, si en ella se analizan con seriedad y patriotismo los grandes problemas que abaten a la población hondureña y se proponen soluciones viables para elevar las condiciones de vida de las grandes mayorías.


Pero existe temor suscitado por los acontecimientos que han creado una confrontación y un profundo sentido de intolerancia en la UNAH, donde la ausencia de diálogo, la búsqueda de consensos y la radicalidad de las posiciones han afectado a la mayoría de los estudiantes que pueden perder el actual período lectivo.
Los hechos violentos ocurridos en la UNAH, no deben ser el preludio del giro que puede tomar la campaña política, en donde se pudiera utilizar también, la confrontación y la intolerancia, como métodos de lucha para imponerse no al adversario político, sino al enemigo al que se pretende destruir; no mediante los votos en el día de la elección, sino por el atropello, el irrespeto, la ofensa y la violencia.
Hay que tener siempre en mente, que la persona es el centro de la vida social, de manera que su dignidad tiene que ser respetada. Y reconociendo la igualdad esencial que hay entre todas las personas, es imposible que violentando la paz social, se pueda llegar a soluciones que garanticen el desarrollo social y económico de la Nación.
Dios, en su infinita bondad creó al hombre a su imagen y semejanza, dándole un corazón para amar y un cerebro para pensar. Lo cual no significa que no puede haber gradaciones en las formas de amar y de pensar. No todos los hombres en la sociedad, pueden amar y pensar de idéntica manera. Pero sí, con buena voluntad, a pesar de cualquier discrepancia, toda persona debe tener la capacidad de entenderse, comprenderse y dialogar, con sus congéneres, para encontrar una verdad consensuada.
Se desnaturaliza el corazón del hombre que alberga odio, que sólo busca su propio provecho y que es incapaz de hacer el esfuerzo de buscar el entendimiento con los que le adversan.
Una gobernanza saludable y efectiva demanda el respaldo del pueblo. El objetivo de todo partido político es alcanzar el poder de la Nación, y habiendo logrado esa meta, trabajar para servir a todos los ciudadanos, buscando mejorar sus condiciones de vida, haciendo un uso racional y transparente del dinero y de los demás bienes públicos.
Para realizar tan importante labor, se requiere el concurso de los mejores hombres y mujeres, en cuanto a capacidad profesional y honestidad. Lo cual significa tomar en cuenta a miembros de diferentes partidos políticos, para desempeñar labores que demanden de su concurso, con el propósito de obtener los mejores resultados en la gestión gubernamental.
Y es que el propósito de todo gobierno es alcanzar el Bien Común, lo cual no es posible lograr con un pueblo dividido. Es necesario que exista una conciencia cívica en el seno de la ciudadanía. De esa manera los hondureños serán capaces de respetar el orden social, con un conocimiento claro de sus derechos y deberes, para poder estructurar una existencia mejor para cada uno de los miembros de sus familias.
Una ciudadanía dotada de una conciencia cívica ilustrada, debe exigir a cada uno de los candidatos que exponga, con claridad, los programas de gobierno que consideran necesario implementar en caso de ser favorecidos con el voto popular. En vez de concentrarse en promover diferencias de tipo partidario, que sólo conducen a discusiones estériles que fomentan disensiones y que, además, exacerban los ánimos de los electores, teniendo como resultado final confrontaciones inútiles e intolerancia cerril.
Lo que es verdaderamente importante es la posibilidad de construir un clima de paz y de entendimiento, para que todos los hondureños estén dispuestos a trabajar por el Bien Común, que es un objetivo que, por las alarmantes desigualdades de la sociedad hondureña, es muy urgente alcanzar. La campaña electoral debe distinguirse por un enorme respeto a los votantes. Quienes aspiren a los cargos de elección popular, se caractericen en todas sus expresiones, por un acatamiento absoluto a los principios y valores, éticos y morales, válidos para promover una armónica y solidaria convivencia.
La división del pueblo hondureño, llevó a la Nación, a continuas “montoneras” que no eran sino enfrentamientos fratricidas, que aún hoy, son el fundamento de la pobreza y exclusión en que viven muchos compatriotas.
El Señor Jesús lo expresó: “Dichosos los que construyen la Paz….serán llamados hijos de Dios”

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