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Antes de ser seminaristas, somos humanos

Antes de ser seminaristas, somos humanos <<Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo con la oración pueden perseverar y fructificar>> Carlos Alberto Cerrato Licenciado en psicología Seminarista III año de Filosofía, Diócesis de Danlí Al momento de pensar en una persona que ha recibido la gracia inefable de la vocación, inmediatamente se piensa: “Es un don divino”. Y justamente eso es. La inquietud a la vocación sacerdotal o a la vida consagrada, nace de una experiencia personal con Dios; es él quien llama por su nombre a la(s) persona(s) que quiere que le sirvan. «Llamó a los que él quiso.» (Mc. 3, 13).


No obstante, en múltiples ocasiones se olvida que estos vocacionados a la vida sacerdotal son en primer lugar seres humanos comunes y corrientes como todos. Son personas que proceden de una familia en la cual se forjó su sistema de valores humanos y cristianos. «ha sido tomado de entre los hombres; es hombre como los demás; participa de la grandeza del género humano, pero está «también él envuelto en flaqueza» (Hb. 5,2). Generalmente se tiene la concepción errónea de que ya se nace con el sello de seminarista o con dones sobre naturales, y que toda su humanidad, se vuelve divinidad y que sus fragilidades dejan de afectarle.
La vocación sacerdotal es frágil, justamente por eso, porque es algo divino que se vale de un simple hombre, el cual tiene miedos, dudas, que sufre de problemas de salud, que se ve atormentado en ocasiones por traumas de su infancia o adolescencia, (Hogares desintegrados, la ausencia de una figura paterna, un duelo mal resuelto, frustraciones, el ser hijo único etc.)
La parte emotiva del ser humano es muy variante, y en muchas ocasiones para los seminaristas es un aspecto que tiende a afectar el proceso formativo, porque ellos dentro del mismo Seminario sienten la experiencia del dolor, sensaciones de soledad causadas por diversas realidades y los sitúa en un estado de crisis circunstancial que los lleva a tomar decisiones poco asertivas, hasta llegar a cuestionarse sobre la elección por la cual han optado de servirle al Señor no es la indicada y prefieren abandonar el camino de formación sacerdotal.
El proceso de configuración con Cristo, es un camino duro, que en muchos momentos se ve atrofiado por problemas de tipo emocional, baja autoestima y en los casos más extremos hasta la depresión. Es necesario por eso que conjuntamente con la dirección espiritual se cuente con el apoyo de un profesional de la psicología que contribuya a fortalecer las debilidades de carácter humano. Es indispensable que el seminarista posea además de una sana vida espiritual una excelente salud mental.
La vida del aspirante al sacerdocio gira en torno a estas dualidades: Fe – Razón; corazón- mente; cuerpo- alma, estas implicaciones siempre estarán presentes en su largo recorrido de la vida de servicio al Señor, por lo cual es necesario que el vacacionado sea una persona íntegramente formado en las áreas, humana, intelectual, espiritual y pastoral, que logre alcanzar un sano equilibrio entre ellas, ya que ellos se preparan para enfrentarse en un mundo convulsionado, donde se va encontrar con personas que lo que desean ver por medio de sus sacerdotes es el reflejo de la luz de Cristo.
Por eso cuando veamos a los seminaristas de las diferentes diócesis, recordemos que no son todavía santos, sino, que están en camino a la santidad y que son tan humanos como usted o como yo.
Así pues, tratémosles con afecto y cariño. Animándoles con palabras positivas, y hasta en ocasiones con un llamado de atención para que corrija alguna actitud negativa que puede desvirtuar tan sublime vocación.
Pues Ellos serán, los futuros nuevos pastores de la Iglesia hondureña, que guiarán a los fieles, según el corazón de Dios. Y si en algún momento llegan a flaquear o a tropezar en su camino de servicio, no sea demasiado riguroso al emitir un juicio en su contra. Recuerde que el Seminario no es un hospital donde se colocan vacunas para que el candidato a las ordenes sagradas sea inmune ante las adversidades o las debilidades humanas.
<<Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo con la oración pueden perseverar y fructificar>> (Papa Francisco)
Oren por la vocación de los obispos, sacerdotes y seminaristas para que logren ser Buenos Pastores con olor a oveja que den la vida por ellas a ejemplo de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

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