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“Si no te encarnas en el pueblo y hueles a oveja, no eres buen pastor”

“Si no te encarnas en el pueblo y hueles a oveja, no eres buen pastor” Monseñor Rómulo Emiliani, envía una carta a todos aquellos sacerdotes del país que en más de alguna ocasión recibieron de él ejercicios espirituales.

Unas emotivas palabras, que quieren fijar la mirada de los sacerdotes hondureños en las principales necesidades que tienen los fieles, así como el cuidado de su ministerio y la fraternidad que debe existir entre todos los clérigos.

Por su importancia, Fides reproduce íntegramente esta carta.

Queridos sacerdotes hondureños:
En esta renovación profunda que hago hoy de motivaciones, actitudes, enfoques, teología y espiritualidad, donde pongo todo mi corazón en lo que es purificación, revitalización e iluminación del Espíritu les escribo a los sacerdotes a los que les he dado los ejercicios anuales en Honduras, que son de siete diócesis.

1.No podemos vivir indiferentes o medio dormidos ante la situación de violencia y hambre que hay en Honduras. Hay que ser más creativos y audaces y presentar soluciones concretas y viables ante tanto sufrimiento. La Pastoral Social debe ser nuestra carta de presentación ante el dolor del pueblo. En toda parroquia deben haber signos claros de solidaridad, de obras de misericordia. El hambre no se remedia con bellas utopías ni largos análisis sociológicos, sino con comedores para pobres y por supuesto, formando micro empresas y cooperativas y planes concretos de desarrollo integral. Claro, debemos sobre todo evangelizar, predicar a tiempo y a destiempo, sin descanso y creativamente, pero la solidaridad inteligente tiene que sentirse. Los retos están: miles de huérfanos y viudas y la violencia como un dragón engullendo vidas diariamente; más de la mitad de la población laboralmente capacitada desempleada. La migración sigue su éxodo imparable. La desesperación y el fatalismo reinan en el pueblo. Y quisiera añadir algo: nuestra predicación no puede ser igual a la que haríamos en Suiza, debe ser encarnada e iluminando nuestra realidad. Y hay que insistir en la sacralidad de la vida, en la dignidad de cada ser humano, en su derecho a tener lo necesario para vivir y desarrollarse integralmente.

2.Debemos tener mucho cuidado en no convertir nuestra Iglesia en una simple productora de papeles escritos con mucha elegancia y precisión. Los documentos son importantes, y nos proporcionan la columna vertebral de todo el accionar pastoral nuestro. El pastor necesita del teólogo, y nos urge tener buena doctrina basada en el magisterio. Los documentos por muy buenos que sean pueden terminan como elemento decorativo de nuestras bibliotecas. Hay que leer y profundizar, pero después levantarse del escritorio y desempañar la espada de la Palabra y abrir los cofres de nuestros escasos recursos y compartir con los más pobres lo que tengamos. Si no te encarnas en el pueblo y hueles a oveja, no eres buen pastor. Tenemos buen magisterio de la Conferencia Episcopal de Honduras, inclusive de los obispos en sus diócesis, de las 5 Conferencias Episcopales de Latino América, del Concilio, de los papas, en especial de Francisco. Pero si no vamos a la acción pastoral respondiendo a la demanda del pueblo, que gime con dolores de parto, y que espera la manifestación de los hijos de Dios, poco a poco iremos perdiendo terreno ante un mundo voraz, inconsciente y adorador de ídolos, y nuestra gente se seguirá hundiendo.

3.Entre los sacerdotes debemos ser solidarios, estar atentos a las necesidades espirituales y materiales de todos y ayudarnos. Evitar rivalidades y celos tontos y procurar servir unidos al pueblo que tanto espera de nosotros. Pero lo que no se puede hacer es disimular y tapar, porque nos hacemos cómplices, de comportamientos inadecuados, sobre todo que afecten gravemente nuestra vida sacerdotal. Una cosa es comprender, ayudar, cuidar al hermano que cae y en eso no se puede ser un juez implacable e inhumano, que acusa y condena al otro por una debilidad, sino caritativo, fraterno y misericordioso. Nadie está exento de una crisis afectiva o de cualquier otro orden. Y todos tenemos que apoyarnos, cuidarnos, protegernos como hermanos. Pero otra cosa es saber que alguno anda en muy malos pasos y no hablar con él con caridad y aplomo, y no informar al obispo. Ya tenemos casos de sacerdotes que se han salido, pero si ellos hubieran sido sinceros con su obispo y los compañeros los hubieran aconsejado, interpelado, cuestionado, estoy seguro que no se hubieran ido. A tiempo, con un periodo de recuperación y con buena voluntad, lo más probable, hoy estarían en su diócesis.

4. En el trato con los fieles, el respeto, la amabilidad, la atención delicada a sus necesidades, y mantener siempre el comportamiento sacerdotal adecuado. No somos capataces ni gerentes de una empresa, sino pastores. La gente nuestra, latinoamericana, hondureña, es muy sensible, quizá por su historia de sufrimiento, o en algunos casos por su baja autoestima por maltratos experimentados en el pasado. El sacerdote no puede ser grosero, patán, descuidado en la relación con las personas. El respeto a cada ser humano, al más pobre, honra a nuestro Dios quien es el Padre de cada uno. Por otro lado, yo creo es necesario tenga el sacerdote algún signo externo que diga quién es. Sabemos que lo importante es ser buen presbítero, pero nuestra gente necesita ver signos que hablen de lo que somos. La camisa clerical o una cruz en el pecho son bien vistas por el pueblo. Eso no nos separa, sino nos recuerda a nosotros quienes somos y a la gente igual.

5.El buen sacerdote no descuida su oración personal. Y en eso es necesaria la disciplina, tener un horario diario y cumplirlo como soldados de Cristo que somos. Salvar cada día ese momento tan especial, donde a solas con Dios hablamos y lo escuchamos. No se puede hablar del Señor a nadie sin antes haberlo escuchado a Él y sin tener una conciencia clara de su presencia. El sacerdote debe ser el que se sumerge en su propia alma y como buceador de profundidades capta las mociones del Espíritu Santo y los engaños del Malo. Conocerse a sí mismo y captar lo bueno y lo malo nos puede salvar de cometer torpezas. Recordar la formación permanente, ya que es muy fácil repetirse en las homilías y en nuestras charlas y no avanzar. “

6. No faltar a las reuniones del clero convocadas por el obispo. Estas reuniones bien planificadas, con temas de reflexión y evaluación pastoral forman la conciencia diocesana. Igualmente no fallar a los ejercicios espirituales anuales, que son un tiempo de gracia muy bueno, un pequeño pentecostés que tanto puede ayudar. Solamente una causa grave podría impedir asistir a ese retiro anual.

7. Aprovechen al obispo que tienen, que todos los de Honduras son muy buenos. Los conozco, los admiro y los quiero mucho. Aprovechen su pastoreo y sigan sus observaciones en todo lo que él les proponga. No le oculten nada a quien es su padre en la fe y no tengan miedo en consultarle sus problemas e inquietudes.

8. Recordar que un gran enemigo nuestro es la rutina, esa monotonía que destruye la conciencia de lo sagrado. Celebrar cada Eucaristía como si fuera la primera y la última en la vida sabiendo que tocamos con nuestras manos misteriosa pero realmente el alma, la divinidad, la sangre y el cuerpo de nuestro Jesucristo. Y que cada vez que pronunciamos la fórmula de la absolución es Cristo misericordioso que abraza al penitente que se nos acerca.

9. Y recuérdenme en sus oraciones diarias, que así hago yo todos los días con todos ustedes. Necesitamos orar todos por todos. Yo les digo que en mi Eucaristía diaria, desde el momento en que hicieron los ejercicios espirituales conmigo, están presentes en la lista que tengo de intenciones mías.

Un abrazo a todos.
Mons. Rómulo Emiliani cmf
24 de junio del 2017

El sacerdote no puede ser grosero, patán, descuidado en la relación con las personas. El respeto a cada ser humano, al más pobre, honra a nuestro Dios quien es el Padre de cada uno”.
Rómulo Emiliani
Obispo

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