Noticias

Las devociones

Las devociones He decidido, esta semana, reflexionar en torno a la importancia que tienen para nuestro crecimiento espiritual, la práctica de las devociones.


En un mundo tan iconoclasta y tan lleno de malas interpretaciones sobre el valor de las imágenes, producto de una aún peor interpretación de la Palabra de Dios escrita, nos topamos con la necesidad, más allá de la apologética tradicional, de defender una práctica que responde a nuestra realidad humana y cristiana.
Eso de pasarnos batiendo en retirada frente a los excesos de los fanáticos que han hecho de la religión una excusa para tapar sus problemas de orden sicológico o sus defectos de personalidad, es algo que debemos evitar a toda costa. Me produce mucho pesar cuando veo tantos hermanos en la fe que se pierden en un mar de incertidumbres, casi con vergüenza de lo que creen, como si hubiese motivo para ello. Vergüenza debemos sentir cuando no presentamos nuestra fe en toda su amplitud o cuando escondemos nuestra fe a la hora de defender los valores del Reino frente a los abusos de los “príncipes de este mundo”. Muy al contrario, debemos conducirnos con orgullo, no con soberbia, de la fe que profesamos, porque ella es la que nos ha llevado a conocer a Aquel de quién hemos recibido la salvación.
Esta semana que recién ha concluido, incluyendo el inicio de esta, hemos participado de fiestas que apuntan a devociones que, a pesar de las oposiciones que señalé más arriba, van creciendo poco a poco. Me refiero, en primer lugar, a la fiesta de san Benito, co-patrono de Europa que gracias a la gracia misericordiosa de Dios, supo enfrentar y vencer al mal. En torno a la devoción a este gigante de la fe, ha surgido una medalla cuya simbología es la síntesis del triunfo de la Cruz sobre el espíritu del mal. No se trata de magia, sino de una teología que se plasma de manera gráfica.
Igualmente, el jueves pasado, por la celebración de los 100 años de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, el Santo Padre nos ha ofrecido la posibilidad de crecer en nuestra devoción a la Hermosa Señora que nos recordó que su Corazón Inmaculado, está herido por todo el daño que hemos hecho, al no corresponder al amor de su Hijo.
Hoy mismo, aunque evidentemente el domingo está por encima de cualquier devoción, recordamos a Nuestra Señora del Monte Carmelo y con ello la devoción a su escapulario.
Somos muchos, los que hemos sido cobijados por esta Madre que ha querido protegernos con su manto y que, una y otra vez, nos indica que debemos poner nuestra mirada y nuestra vida en su Hijo.
Todas estas devociones, de hecho, todas las devociones, siempre necesitan una catequesis que precise su alcance y lo que significan. Tampoco se trata de seguirlas todas sino de encontrar la que responda a nuestra personalidad, a lo que el Espíritu del Buen Dios, nos inspire.
Debemos, eso sí, cultivarlas y permitir que se transmitan. Es hermoso cuando hay devociones familiares que se trasmiten de generación en generación y que se vuelven una fuente de identidad para las familias. Por cierto, esta semana, también se celebra una de las devociones más tiernas y coloridas que hay: la del Divino Niño.

A %d blogueros les gusta esto: