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Editorial del Domingo 16 de Julio de 2017

Un pueblo dividido La profunda división que existe en el pueblo venezolano es una tremenda preocupación para todos los países del continente. Sobre todo por el deterioro social, político y económico en que está sumida esa nación, que aunque habiendo sido bendecida por abundantes reservas de petróleo, jamás llegó a ser una de las más prósperas del mundo.


Hoy Venezuela está hundida en una profunda escasez de productos de consumo diario, tales como alimentos, enseres de casa, ropa, productos de aseo personal, medicinas etc. Con el gran agravante de la devaluación de la moneda y la inflación elevada (176%), lo cual el gobierno ha tratado de contrarrestar mediante incrementos en el salario mínimo.
Ahora, como consecuencia de una lucha política, de casi dos décadas, entre quienes están empeñados en afianzar el Socialismo del siglo XXI y quienes lo adversan por su tinte antidemocrático, ya que existe un férreo control del gobierno, sobre las diversas instituciones que configuran el Estado de Derecho. Lo cual ha despertado el rechazo de fuertes sectores de la población, que exigen ir a elecciones presidenciales, en búsqueda de un cambio de gobierno y una apertura a la democracia.
El gobierno, de motu propio, no respetó las fechas señaladas por la Ley para celebrar elecciones regionales y nacionales. De hecho, en las últimas elecciones legislativas, las organizaciones de oposición al gobierno, lograron una mayoría abrumadora de miembros en la asamblea legislativa.
Este control dividido de las instituciones, ha sido causa de una intensificación de las tensiones políticas, dadas las continuas diferencias en los procesos definidos por el gobierno y la asamblea legislativa para la solución de tan profunda crisis. Han sido tan fuertes las discrepancias que la propia asamblea legislativa fue asaltada por los colectivos del partido del gobierno y por miembros del ejército, golpeando a varios diputados y manteniendo el desorden por un lapso de 8 horas.
Y todo esto, en el marco de protestas populares diarias, que ya llevan más de tres meses, lapso en que el pueblo ha salido permanentemente a las calles a reclamar la celebración de las elecciones. Estas propuestas han sido reprimidas por los colectivos del partido de gobierno, así como por diferentes cuerpos de las fuerzas armadas y policías.
El saldo de esas represiones ha sido superior a 93 personas muertas, en su mayoría son jóvenes estudiantes de distintas universidades. Los medios han señalado 1590 heridos y más de 500 detenidos en distintas cárceles como consecuencia de su participación en las protestas populares.
El gobierno, a través del presidente de la república ha convocado, a finales de julio de este año, a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente, para redactar una nueva constitución. La fiscal general de la República no aprueba esta convocatoria a una constituyente, pues explica que sólo con la previa aprobación del electorado, se puede elegir una Asamblea Constituyente.
Los grupos opositores han hecho un llamamiento a la población para una votación en todo el país, y así anular la convocatoria del gobierno a la Asamblea Constituyente y evitar la emisión de una nueva constitución. Todos los ciudadanos están llamados s participar activamente. La votación se está realizando en esta fecha( 16/7/2017), para que además de la Fiscal General, se pronuncie la Asamblea Legislativa, interpretando la voluntad soberana del pueblo.
Mientras tanto, la comunidad internacional, está muy preocupada por la falta de caminos al diálogo. El Vaticano, con el Papa Francisco al frente, junto con los obispos venezolanos han hecho sus mejores esfuerzos; la OEA ha trabajado intensamente en la toma de una resolución que no ha cuajado por decisión de países caribeños que tienen ayudas del gobierno venezolano; la ONU; el Mercosur que ha excluido a Venezuela; incluso algunos ex presidentes de América Latina y España; etc
Tantos esfuerzos para solucionar el conflicto han chocado con el rechazo del gobierno, que quiere resolver tan caótica situación con el respaldo de las armas, resistiéndose a buscar soluciones consensuadas, y así se va conduciendo a ese pueblo dividido a la desesperación del hambre, del exilio, de la muerte y de la cárcel,
Ojalá que los hondureños, al ver este espejo, opten por resolver sus problemas a través del diálogo, los consensos y la tolerancia. Máxime que se trata de una nación donde la mayoría vive en la pobreza; un país necesitado de inversión extranjera para generar empleo y con grandes carencias los sistemas de educación salud y seguridad,
El Señor Jesús expresó: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia…porque ellos serán saciados”.

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