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El padre “Cheché” un maestro del deporte

El padre “Cheché” un maestro del deporte Juan Manuel Ortiz de Rosas, el padre "Cheché", es un cura que recorre las villas pobres del conurbano, el extrarradio de Buenos Aires, e invita a jugar a fútbol a los chicos que están metidos en la droga.

Muchos, para pagar su adicción, se convirtieron en “mulas”, es decir, vendedores. Pero este sacerdote tiene algo para ellos: “La pelota es irresistible”, dice. Así cuenta su historia.

Todo surge cuando al padre “Cheché” se le pregunta por casos trágicos. Cerca, en los alrededores de la canchita de fútbol donde conversa con un periodista, se cuentan más desgracias. Por ejemplo, un adolescente recientemente convertido en colador después de una balacera frente al bailable Tropitango, meca del desahogo en estos territorios de agobio en el norte del Gran Buenos Aires.

Y sin embargo, pese a los cachetazos que la realidad, indomable, le pega cada vez que un joven muere, el cura, de 37 años, insiste: “Esto es meter vetas de vida en donde reina la muerte. Nuestro proyecto es un proyecto de vida”.

“Cheché” se llama Juan Manuel Ortiz de Rosas. Sexta generación de Rosas, chozno nieto del “Restaurador de las Leyes”. Este sacerdote tiene su llamado con la juventud a salir de un mundo donde la ley del más fuerte predomina en la ciudad central de Argentina.

“Es lo que hay”, dice. A su manera, el padre también es un restaurador, pero de valores humanos, de vínculos partidos por marginalidad, drogas y conflictos familiares.

Hoy en día el presbítero Argentino ha rescatado más de mil jóvenes metidos en las drogas, pasó mucho tiempo para que estos jóvenes entendieran el camino de la fe, esta región ahora lo que se respira es el amor por el deporte, y siempre con el mensaje de llevar las buenas nuevas a los jóvenes que no se han convertido al proyecto denominado “Bartimeo” buscando el bien común y desarrollándose como entrenadores del deporte más popular del mundo el futbol.

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