Opinión Punto de Vista

El cardenal Gregorio Rosa Chávez

El cardenal Gregorio Rosa Chávez
Por: Asociación
de Radios y Programas Participativos de El Salvador (ARPAS)
Monseñor Gregorio Rosa Chávez fue nombrado por el papa Francisco Cardenal de El Salvador, el primero en la historia del país. Es el más representativo seguidor del legado de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Arzobispo Mártir a quien pronto el Vaticano declarará Santo.

Por eso lo primero que hizo al enterarse de la noticia de su designación, fue dedicarla a Romero.
A pesar de ser “obispo auxiliar”, Chávez ha estado siempre en primera línea acompañando al pueblo y aportando a la búsqueda de solución a los problemas del país desde su misión pastoral. Así, por ejemplo, tuvo un papel clave en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla auspiciadas por la Iglesia Católica.
Rosa Chávez es “conciencia crítica” del país y su mensaje de esperanza contribuye a que este sufrido pueblo se mantenga de pie. Su nombramiento sucede en la víspera de la canonización de Monseñor Romero y en pleno proceso de beatificación de Rutilio Grande. ¡Qué gesto más certero, bondadoso y amoroso del papa Francisco para el país!
En la situación de desigualdad, impunidad y violencia que sufre el país, la designación de Rosa Chávez es señal de esperanza y un llamado de atención que todos los actores políticos deben acatar, sobre todo los sectores oligárquicos que se aferran a sus privilegios y socan aún más los anillos en vez de quitárselos.
Ante la canonización de Romero, la beatificación de Rutilio y el nombramiento cardenalicio de Rosa Chávez, deberían convertirse los empresarios que evaden impuestos, diputados que bloquean el financiamiento de proyectos estatales de beneficio popular y magistrados que abusan de su poder.
Se necesita la conversión de todos, dejando el odio, la avaricia y el individualismo.
El país debe regirse por el amor al prójimo, la solidaridad y el compromiso cristiano por la justicia, la igualdad y el cuido del medioambiente.
Y la justicia e igualdad pasan por cambios estructurales, fundamentalmente en el modelo económico neoliberal vigente que excluye, margina, discrimina y mata. La lucha por empleos y salarios dignos, la justicia tributaria y otros mecanismos de redistribución de la riqueza, deberían ser la prioridad.