Noticias

47 años de vida sacerdotal

47 años de vida sacerdotal P. Juan Ángel López Padilla A finales de este año, nuestro Arzobispo, alcanzará los 75 años de edad. En sus palabras, lo que ocurrirá es que su “versión” pasará a ser 7.5. Yo sé que me estoy adelantando 6 meses antes que eso ocurra pero, resulta que el cardenal nació para ser sacerdote, no sólo para cumplir años y, esta semana pasada, alcanzó, gracias a la misericordia de Dios y para bien nuestro, los 47 años de sacerdocio.


Como no pretendo quedar bien con él, porque de corazón no me interesa hacer lo que hacen los “achichincles”, ni los zalameros que aspiran a que les den en gratitud algo por hablar de sus superiores, quisiera dedicar unas líneas para que juntos meditemos en el papel de nuestro señor cardenal.
Viendo los reportes de estos días de la creación del primer cardenal salvadoreño, que dicho sea de paso es un obispo sin parangón en su país y de quién tengo recuerdos que me marcaron toda la vida desde que tuve la gracia de conocerle siendo yo un seminarista de 1er año de teología, recuerdo cuando estando en mi habitación en el Colegio Brasileño en Roma, escuchamos la noticia de la elección de Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga para primer cardenal de Honduras.
Si hay algo que me produce encontrarme el cardenal, es puro orgullo. Que quede claro, escribí orgullo y no soberbia. El cardenal tiene una memoria excepcional, aunque él insista tanto en que ya el disco duro está: “bastante duro”. Recuerdo la primera vez que me llamó por mi nombre. Lo había visto tantas veces llamar a cada seminarista, a cada sacerdote por su nombre y abrazarles con el mismo cariño, que me pareció tan especial que lo hiciera conmigo. Su voz siempre ha sido sincera y su cariño más aún. Por eso es que no hay medias tintas para los que le conocemos y, a mi manera de ver, eso es lo que más les molesta a los que le adversan.
La autenticidad de su corazón es lo más significativo de su personalidad. Eso es lo que le ha granjeado amigos en todas las latitudes del planeta, aunque todas las coordenadas al final coinciden con la ubicación de la Ciudad del Vaticano.
47 años de vida sacerdotal, pueden resumirse en que ha sido un hijo de la Iglesia, fiel a ella y consecuente con lo que ella le ha dado. Fidelidad que le ha llevado a servir en todo lo que la Providencia le ha pedido y lo ha hecho de manera extraordinaria.
47 años de vida sacerdotal, no se cuentan por el número de misas que ha presidido, sino por la cantidad de corazones que Dios ha tocado, por medio de su palabra, de sus oraciones, de sus clases, de sus abrazos y de su corazón.
47 años de vida sacerdotal, en los que ha prestado su oído para luego encontrar la palabra justa, el consejo maduro y encontrando la manera de que cada persona que se acerca a él no salga igual, sino animada, reconfortada o al menos empujada a algo mejor.
Cuidado, eso no significa que el cardenal no tiene defectos o que es perfecto. No lo es, ni creo que pretenda serlo, pero sobre eso escribiré cuando ya no esté y si a él le toca enterrarme, pues seguramente, alguien sabrá como yo, ver más allá de todo, la mano de Dios que hace maravillas con quién se deja moldear por su amor.

A %d blogueros les gusta esto: