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“Teman más bien…”

Al encuentro de la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org “Teman más bien…” Mt 10, 26-33 XII Domingo del Tiempo Ordinario No encontramos este domingo en el discurso misionero del capítulo 10 de san Mateo. Éste partiendo seguramente de la experiencia de su comunidad eclesial sometida a fuertes embates por parte de la sinagoga judía, delinea la figura del apóstol como de un “confesor de la fe”, como la de un verdadero “mártir”, es decir, un testigo valiente del Reino de Dios.

Terminada la etapa de la formación en la vida de la comunidad, en la que no puede quedarse como en un regazo en donde se retira para siempre, debe iniciar ahora su inserción en la vida del mundo para ser en el fermento en la masa.
Tal discurso de Mateo, les ayuda a comprender lo difícil de la situación de su tiempo para los discípulos del Nazareno, muerto y resucitado, se trata de persecuciones, cárcel y hasta la pena capital. Pero en esta tempestad, resuena de manera repetitiva el imperativo dado por el Señor: “¡No teman!”. Es discípulo “debe continuar su peregrinación entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios”, escribía san Agustín en su obra La Ciudad de Dios. El discípulo como seguidor de Jesús debe entrar en un discipulado, que lo traduce como en una forma alternativa, en la que se puede asumir el rechazo y la persecución sin sucumbir al temor o a la tentación de renegar a Jesús. Para Mateo, pues, el “discípulo” es sustancialmente un sinónimo de “cristiano”.
La primera lectura de Jeremías de este domingo, junto al Evangelio, desarrollan la atmósfera de la vivencia cristiana: serenidad y confianza. Y, es que la situación de quien anuncia es la de una oveja que está entre los lobos. Imagen que evidencia la asociación de los discípulos al misterio de la cruz, revelación de la gloria de Dios en la historia de la contradicción del hombre. Por una parte se sabe la necesidad de la muerte de la semilla para que dé fruto; de la vida difícil del cordero en medio de los lobos, aunque sabiendo que su sacrificio es el camino a la victoria. Los lobos pueden matar el cuerpo, pero el cuerpo no es la vida: viene de la tierra y a la tierra regresa. ¡Por eso no se debe temer! El temor del Dios, Señor de todo, es el principio de la sabiduría (Sal 111,10) y por ende quien vive así: expulsa todo miedo, todo temor. Confiar en Dios es el destino del auténtico discípulo, la comparación de los pajarillos o los pelos de cabeza, consolidan la piedra firme en que se apoya el discípulo y su ministerio. Los Hijos de Dios están sostenidos por las manos de un Padre, que se preocupa por seres tan pequeños como los pájaros, confirmando así su preocupación sin duda, sobre el hombre, obra de sus maravillosas manos. Pensar que Dios no se preocupa por nosotros, es un auténtico sin sentido para la vida.
Contra las pesadillas, las dudas, los desánimos y demás taras espirituales, hay que buscar momentos de una auténtica oración de confianza en Dios, inspirada en su Palabra y sostenida por ella. Hoy los cristianos afrontamos las muchas dificultades que pueden arrinconar el alma a precipicios inimaginables, sin lugar seguro para poderse sostener. Ser cristiano es hoy como ayer, un desafío que nos llama a no sucumbir ante la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo, por quien somos y nos llamamos cristianos. La meditación de la Palabra de Dios, nos dará nuevas fuerzas para seguir adelante, sacando muchos frutos para la vida de cada día.
Pregunta para la meditación: ¿De qué tengo miedo? ¿Cuándo he meditado la Palabra de Dios, supero los temores?

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