Editorial

Editorial del Domingo 25 de Junio de 2017

Un corazón misericordioso
Nunca se hablará y se escribirá suficiente del Padre Antonio Quetglas. Su vocación sacerdotal tan transparente, su compromiso evangelizador tan incansable y su corazón misericordioso, son características que dejaron huella en el sentimiento de miles de personas que convivieron con él, y sienten hondamente, su repentino fallecimiento.
El Señor lo escogió para que estuviera al servicio de su pueblo. Y le dotó de dones y carismas extraordinarios que supo utilizar, en todos aquellos lugares donde tuvo que servir, entregando su vida por entero, como parte de su misión eclesial.
Su existencia fue siempre una donación generosa, al servicio de los demás, lo cual pueden atestiguar muchas comunidades hondureñas, que tuvieron el privilegio de que él se convirtiera en el Pastor de su grey.
Muchas Parroquias en Puerto Cortés. La Ceiba, San Pedro Sula y Tegucigalpa fueron atendidas por el padre Quetglas, en distintas etapas de su existencia. Y en cada una de ellas su recuerdo es imperecedero, por la disponibilidad que tenía para servir, de diferentes maneras a la Iglesia que tanto amó…
Era un predicador excepcional, que sabía transmitir el mensaje que entrañaba la Palabra de Dios de cada día. Pero aún más importante aún es que sabía encarnar en su vida el contenido de esa Palabra, su prédica era comprensible, amena, a veces salpicada por alguna anécdota o dicho humorístico, que remataba el mensaje, haciéndolo más fácil de ser asimilado. Expresaba la Palabra de Dios dándole un contenido actual y con el ánimo de que fuera acogida de corazón y puesta en práctica…
Sus eucaristías eran llenas de solemnidad, pues cuidaba observar todos los detalles y sobre todo se preocupaba por instruir correcta y detalladamente, a cada uno de los que le ayudarían. Acólitos, ministros extraordinarios de la Comunión, lectores, monitores etc. Eran enseñados directa y personalmente por el padre Antonio, para evitar cualquier error en el desarrollo de la Liturgia, que afectara a la feligresía…
Pero la celebración litúrgica que más le llenaba de satisfacción, era la “Misa de los Niños” en la Parroquia “Medalla Milagrosa” la cual presidía con mucho amor, y se esmeraba por captar la atención de los pequeños, con catequesis bien preparadas y con actividades que los centraran, en el contenido de la Palabra de Dios.
Precisamente para los niños y jóvenes el padre Antonio empezó una de sus obras más importantes “La Campaña Infantil”, a través de la cual se brinda una educación en valores, a las escuelas públicas y privadas, que quieran aprovechar esta oportunidad formativa. Es un desarrollo en valores que responde a la necesidad que tiene la niñez hondureña de suplir sus deficiencias éticas y morales; debidas a la falta del tiempo, que no le dedican sus padres, comprometidos en buscar los recursos para el sostenimiento del hogar.
Para complementar el éxito de la “Campaña Infantil” en Tegucigalpa, el padre Antonio creó el Centro San Vicente de Paúl, en Nueva Arcadia. A inmediaciones de Santa Ana F.M. el cual es un ambiente propicio para retiros espirituales de movimientos apostólicos de jóvenes y grupos escolares.
Era un experto “pescador de hombres”, haciendo amistad con sus feligreses a quienes invitaba a integrarse al servicio de la Parroquia. Una política de “puertas abiertas” para que los niños, los jóvenes y los adultos encontraran el lugar apropiado donde servir al Señor. Con ello, se revitalizaban las distintas Pastorales de la Parroquia.
Pero por lo que sobresalió el padre Antonio fue por su amplia obra social, pues como fiel discípulo de San Vicente de Paúl entendió claramente lo que expresó aquel grande santo: “los pobres son nuestros amos” y se puso al servicio de ellos. Por ello, los pobres fueron sus predilectos y se dedicó a servirles, creando la Fundación Obras Sociales Vicentinas (OSOVI), a través de la cual brindó protección en San Pedro Sula a niños, niñas y jóvenes en situación de riesgo social.
Son admirables las instituciones creadas para cada uno de estos grupos, por edad y sexo, donde les proporcionaba albergue, ropa, alimentación, salud y estudio. A estos grupos les tenía un cariño muy especial, pues les amaba con el amor de un padre de familia. Se preocupaba por formarles como personas dignas y respetables. Muchos de los egresados ya han formado familias católicas y evangelizadoras.
Los alcohólicos, los ancianos, los enfermos de Sida, las madres solteras etc. fueron objeto de su protección y ayuda, en una obra de amor que era el fruto de su corazón misericordioso. Una vida entregada por amor, al servicio del prójimo
El padre Quetglas escuchó siempre del Señor Jesús: “Lo que hiciste a uno de estos mis hermanos más pequeños……… a Mí me lo hiciste”.