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Obispos del país conviven con sus seminaristas

Obispos del país conviven con sus seminaristas “No se justifica un seminarista, un sacerdote o un obispo mediocre si se tiene a un Jesús fiel, cumplidor y excelente” Texto y fotos: Edwin Orlando López Godoy edwim9188@gmail.com Seminarista de II de Teología de la Arquidiócesis de Tegucigalpa En el marco de la segunda asamblea plenaria de los obispos de Honduras de este año 2017 la Conferencia Episcopal de Honduras, que se reúne durante varios días para tratar temas de vital importancia para la Iglesia hondureña, atendió con disposición la invitación del rector del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, padre Gustavo Londoño, a celebrar y compartir la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

con los seminaristas y presbíteros de esta casa de formación; de la misma forma para dar gracias a Dios por el primer periodo formativo y académico que concluye gracias a la ayuda de Dios y de todas las personas que colaboran en el proceso con miras al presbiterado de jóvenes provenientes de todo el país.
Aunque la fiesta cristológica que se compartió es de carácter universal para la Iglesia, denotó un tinte muy especial el hecho de que los obispos hayan celebrado con sus seminaristas en el llamado “corazón de la Iglesia Hondureña”, esta fiesta que tiene como fin realzar el sacerdocio real de Cristo ya que Él mismo es el garante del deseo de los seminaristas de servir a la Iglesia como sacerdotes según el corazón de Dios.
Los obispos decidieron que presidiera la celebración eucarística Monseñor José Antonio Canales, pastor de la recién creada Diócesis de Danlí, quien celebraría por primera vez como obispo en el seminario inter diocesano y no fue de menos para él manifestar la alegría de saberse egresado de esta casa. Pidió que en el contexto de la celebración que se estaba viviendo se hiciera un homenaje a todos aquellos presbíteros que nos inspiraron de pequeños y en los cuales vimos la presencia de Cristo Sumo Sacerdote.
Nos exhortó a ser cristianos que tengamos una vida congruente con lo que decimos ser, como la de Jesús, que a sus palabras le acompañaban los hechos. Invitó a hacer las cosas con excelencia tomando a Cristo como modelo que ha cumplido la misión que el Padre le encomendó, por ello, no se justifica un seminarista, un sacerdote o un obispo mediocre si se tiene a un Jesús fiel, cumplidor y excelente. Dijo también que la ordenación sacerdotal no es un momento de arte de magia para la conversión, sino un don de Dios, don que compromete la disposición humana a buscar la perfección, la excelencia.
Concluida la celebración eucarística los obispos de las diez diócesis del país compartieron la cena con los seminaristas y formadores para saludarles, escucharles y animarles en el proceso formativo. Es indiscutible que la cercanía de los pastores de nuestras diócesis con el seminario mayor fortalece los ánimos de la vocación y los lazos de fraternidad de los jóvenes en formación que se van gestando en el seminario y que luego se vivirá en las diferentes parroquias de misión donde sean enviados.

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