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25 años de las Hermanas de Jesús Buen Samaritano

25 años de las Hermanas de Jesús Buen Samaritano
Las monjas atienden con amor a niños y jóvenes con discapacidades físicas en condición de abandono.
Texto y fotos: Helen Julissa Montoya
hmontoya@unicah.edu
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La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de San Pedro Sula, conmemoró con júbilo los 25 años de fundación de la comunidad Hermanas de Jesús Buen Samaritano como asociación pública de fieles.
Como parte del festejo, la feligresía celebró los 25 años de vida consagrada a Dios de la hermana María del Carmen Bueso; la primera profesión religiosa de la hermana Rosa Angélica Aguilar y los votos perpetuos de Norma Digna Pérez Cruz.
El sacramento fue presidido por el obispo de la Diócesis de San Pedro Sula, monseñor Ángel Garachana quien resaltó la vocación al servicio y a la caridad de las hermanas al servicio con los pobres más pobres.
Al evento asistieron familiares y amistades de las hermanas que dedican su tiempo a servir a los enfermos y abandonados. Muy emocionada, se mostró la hermana María del Carmen Bueso al recibir una corona en homenaje a su vida religiosa.
“Inmenso agradecimiento a Dios, siento que el Señor ha estado tan cerca de mí, momento a momento ha estado. Él lo ha hecho todo”, expresa entusiasta.
La religiosa Rosa Angélica Aguilar hace cinco años llegó de Intibucá para adherirse a la comunidad y muy emocionada le dijo sí al Señor. Expresa que la virgen de Guadalupe la trajo a ese servicio. “Es un regalo para mí esta vocación”, asegura ampliando que aspira ser fiel hasta el final y servir a los pobres con generosidad y entrega.
Mientras que Norma Digna Pérez Cruz comenta su aspiración fue activada en una promoción vocacional en Intibucá y descubrió el rostro de Jesús en los más necesitados y reflexiona para servir desde una consagración más plena.
“Mis padres me inculcaron la fe, crecí en un hogar lleno de valores”, opina, pronunciando que su familia la apoyó cuando decide alejarse de ellos hace 13 años.

HOGAR La “Obra de Jesús Buen Samaritano”, es un centro que ayuda a personas con discapacidades físicas y mentales; alberga 58 niños y jóvenes que padecen microcefalia, parálisis cerebral, síndrome de Down; son atendidos con amor las 24 horas del día por las hermanas de Jesús Buen Samaritano, una comunidad de vida religiosa.
Esta obra, ubicada geográficamente en la colonia Villa Florencia comunidad que pertenece a la parroquia la Guadalupe en San Pedro Sula.
De acuerdo a Nohemí Aguilar, colaboradora del centro, La hermana María del Carmen Bueso y dos voluntarias de su pueblo se trasladaron a San Pedro Sula pues el programa Ciudad Blanca funcionaba en Tegucigalpa y rentaron una vivienda en el barrio Río de Piedras y se desligan del proyecto para iniciar la obra que fue acogida y bendecida por monseñor Jaime Brufau, en ese entonces Obispo de la Diócesis de San Pedro Sula.
“Monseñor Brufau nos exhortó diciendo de que no se trataba de una obra de emoción sino de convicción y aceptamos el reto”, recuerda Aguilar, completando que el hogar se fue construyendo poco a poco con la generosidad y donaciones de personas naturales y jurídicas.

MOISÉS, UN MILAGRO El pequeño David Moisés lleva 11 años de vivir en el hogar Jesús el Buen Samaritano; debido a sus complicaciones de salud: hidrocefalia y espina bífida fue abandonado recién nacido en el Hospital Leonardo Martínez.
De acuerdo a la feligresa Suyapa Paz de Barahona, el pequeño es un milagro de Dios ya que los médicos le determinaron que estaría con vida un año. Según el relato de la señora, cuando conoció a Moisés, haciendo voluntariado en el hogar se enamoró a primera vista de él; ese año ella recién había perdido un bebé.
“Observé a un bebé tan lindo y pregunté si estaba bautizado y me dijeron que no. Le comento a mi esposo sobre la posibilidad de ser los padrinos y sin dudarlo aceptó”, recuerda, añadiendo que lo aman como un hijo.
Melissa Barahona, su hija mayor, expresa que ama al niño como un hermano. “Era un bebé hermoso, gordito y con pestañas largas. “Allí empecé a valorar más la vida y a dejar de quejarme”, relata.
La vida de esta joven de 25 años ha cambiado y comenta que al ver la felicidad de esos niños que pese a sus limitaciones físicas son capaces de dar amor sin esperar nada a cambio. La familia Barahona tiene muchas vivencias e historias milagrosas con Moisés que únicamente mediante la oración de rodillas, el niño ha podido vivir.
El pequeño presentaba problemas de prolapso rectal (salida del recto) en varias ocasiones y según médicos extranjeros no tenía cura. Melissa narra que oraban en familia e hicieron promesas a Dios para que lo curara pues no soportaban ver el sufrimiento que padecía cada vez que defecaba.
“Cuando regresamos de unas vacaciones nos llaman para darnos la noticia de que Moisés estaba sano. Qué alegría sentimos, fue un milagro”, comenta sonriente.

ANÉCDOTA Mientras esta familia estaba en un bingo, reciben una llamada telefónica de que Moisés está grave y dejan sola a Melissa para llevarlo a emergencia.
“Lo curioso es que cuando mis padre me dejan yo me gané varios premios, una cama, un armario y otros artículos que sirvieron para adornar la habitación del niño”, cuenta, agregando que de milagro se ha salvado de muchas enfermedades crónicas. “Tres veces a la semana acudimos a verlo. No habla ni camina, pero nos reconoce”, expresa.

El dato
Construcción de la obra
En 1991 se coloca la primera piedra de la primera construcción de la obra en la Colonia Villa Florencia en San Pedro Sula. El terreno donado por la corporación municipal administrada en ese entonces por Héctor Guillén.

“Es un orgullo mi hija. Está entregada a Dios y reza por nosotros”
Leoncio Aguilar
Padre de Rosa Angélica Aguilar

“Es un ángel en la tierra. En mis oraciones está Moisés y espero que más años esté con nosotros”
Melissa Barahona
Voluntaria