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“Si uno come de este pan…”

Al encuentro de la palabra... según San Juan para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org “Si uno come de este pan…” (Jn 6, 51-58 – Solemnidad el Cuerpo y Sangre de Cristo) “Estas cosas dijo Jesús, enseñando en la sinagoga en Cafarnaúm”. Con esta afirmación se concluye el grandioso discurso del “Pan de vida”, del que la liturgia de hoy nos ha ofrecido el párrafo final.

Hoy estamos invitados a hacer idealmente una peregrinación a Cafarnaúm (el pueblo de Nahún o de la consolación), para ser de aquellos discípulos de la primera hora, que escucharán del propio Jesús las afirmaciones más bellas y profundas de la verdad de su cuerpo y sangre dados en alimento.
El conjunto de las tres lecturas bíblicas de hoy nos quieren mostrar el sentido profundo del alimento y de la bebida que Dios ofrece a la humanidad, que el evangelio de hoy, llega a su plenitud con el alimento que da Cristo. Estos versículos de Jn 6,51-58 insisten en el hecho de comer la carne y beber la sangre que tienen que haber sido escritos en contra de unos adversarios. Se ha pensado en algunos judíos convertidos de tendencia gnóstica que habrían pertenecido durante algún tiempo a la comunidad. Hasta el versículo 53 inclusive, el término griego que se utiliza por “comer” es phagein; a partir del versículo 54, el verbo empleado es trogein (repetido cuatro veces hasta el versículo 58), que a veces se ha traducido por “masticar” y del que se cree que acentuaría el sentido realista del “comer”.
Juan recuerda ese discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, ante un grupo de judíos asustados: “Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida”. “Carne y sangre” son la síntesis de la existencia concreta de una persona; “comer y beber” son el signo de una asimilación que se vuelve apoyo de la vida de un hombre. Entonces Cristo se ofrece, ofrece su persona como alimento de la vida del creyente, como total comunicación de sí a su criatura. Es curioso notar que la frase “El pan que yo doy es mi carne para la vida del mundo”, según los biblistas, refleja probablemente la fórmula de la consagración eucarística usada en las iglesias de Juan.
Este discurso de Jesús, clarifica para los discípulos cuál es el alimento que dará el Hijo del hombre, que ya no es perecedero, como el que comieron en el desierto que aún bajado del cielo, les hizo morir. En efecto, a través de la Eucaristía, se entra en la comunión con Cristo, se es arrancado de la mortalidad y caducidad (“yo lo resucitaré en el día final), y se es insertado en el misterio de la vida divina (“tendré vida en vosotros”).
Cafarnaúm queda, pues, inscrita en la geografía del alma, como la tierra de la presencia del Hijo que bajó del cielo para hacerse nuestro alimento. La de Dios que bajo los signos sencillos del pan y del vino se queda con nosotros para hacerse parte de nuestra vida e historia hasta el final de los tiempos.
Este discurso requiere además amigos, una ulterior reflexión personal y grupal, basados en el deseo que escrutar el mensaje del evangelista cuando usa los verbos en las expresiones: creer, ver y creer; comer y comer-beber (y sus negativos) comparándolos entre sí.
Para la meditación de este texto: ¿cuál es mi relación con el misterio eucarístico? ¿Qué frase de este texto del Evangelio de Juan me llena de consuelo y esperanza para el hoy de mi vida?

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