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La caridad del padre Antonio

La caridad del padre Antonio Diac. Carlos E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com Aún tenemos que insistir mucho en el concepto de caridad. Para rescatar su significado original. De origen griego, la palabra debe traducirse como AMOR, y no reducirla a uno de los efectos prácticos del amor, como es el de la limosna, que si se da por amor al prójimo es realmente caridad, de lo contrario es pura filantropía.


El Padre Antonio Quetglas tenía bien claro el concepto de caridad como amor, cuya fuente encontró siempre en Dios mismo. Dios es amor, nos repite hasta la saciedad el Apóstol Juan. Fue precisamente por amor que fuimos creados y por amor fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios mismo, como seres personales capaces de razonar para entender; con una voluntad, para tomar decisiones, y con un corazón, para poder amar. Por amor, Dios hizo una alianza con un pueblo para darse a conocer y por amor hemos sido redimidos.
El Padre Antonio comprendió toda su vida el alcance del mandamiento primero: amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las fuerzas y con toda la mente. Y el alcance del segundo: amar al prójimo como a uno mismo, pero en una forma nueva, es decir, como Cristo nos ha amado.
Él fue un sacerdote a tiempo integral y no hay feligrés que no nos haya contado de su entrega total a Dios y de la unción y alegría con que celebraba los sacramentos, especialmente la Santa Eucaristía. Hombre de Dios entendió, al ejemplo de Jesús, que amar no es tanto dar, cuanto darse, entregarse a los demás. Si se me pidiese una definición del Padre Antonio diría que él fue un “servidor alegre”.
En efecto, su vida entera fue un servicio. “Quien quiera ser el mayor, sea el servidor de los demás.” Siempre se le miró preocupado y ocupado afanosamente por atender a los necesitados, niños y ancianos, indigentes o simplemente pobres.
Practicó en alto grado la caridad de la sonrisa. La sonrisa nos estimula, la sonrisa se agradece. La sonrisa es el mejor signo externo de la alegría del Evangelio que nos esforzamos en vivir. La sonrisa tiende a ser contagiosa, por lo que hacía sonreír tanto a los donantes, a cada uno de los cuales convirtió en “dador alegre”, cuanto a quienes salían beneficiados, a quienes enseñó a ser agradecidos.
Algo que repitieron mucho el día de su sepelio fue que el Padre Antonio trataba por igual al rico, que al pobre; al empleado, que al empleador; al gobernante, que a los gobernados. Todos recibieron su calidez, su respeto y su buen humor. Y a todos nos advirtió, con voz de profeta, acerca de los caminos desviados y torcidos, que nos apartan de Dios. A este respecto, no cabían en él concesiones, el mal debe ser llamado mal y el pecado, pecado.
Benefactor de muchos, servidor de Honduras: que el Señor justo y misericordioso te haya dado ya la morada que te tenía preparada. Y por favor, sigue intercediendo por los que peregrinamos aún en este mundo. Por favor, que tu sonrisa nunca se borre de nuestras mentes. Amén.

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