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El fanatismo: la anti-humanidad

El fanatismo: la anti-humanidad P. Juan Ángel López Padilla Este lunes pasado ha sido llamado a la Casa del Padre el querido P. Antonio Quetglas c.m. Antonio fue uno de los tantos eslabones de la inmensa labor que los padres vicentinos han realizado en nuestra patria desde 1909, en que el P. José Nieborowski y 1910, cuando un “tocayo” suyo, Antonio Casulleras, llegaran a Honduras para hacerse cargo, uno del Seminario Mayor, al que con justa razón llamaron después Seminario “San Vicente”; y el otro, para iniciar la misión en la Costa Norte, en dónde a su llegada no había más que 3 parroquias en toda esa región.


Antonio, deja una huella imborrable en esta Honduras a la que amó con un corazón generoso y creativo. Sus obras son el mejor epitafio a una vida llena de sonrisas y de esperanza.
Recuerdo la primera vez que le traté en la Catedral de San Pedro Sula. Su sonrisa fue lo primero que me llamó la atención, luego, que me contó un chiste buenísimo.
Tal como dijo Mons. Luis Solé el día de su funeral: “Antonio hacia sentir su presencia, su ausencia se notará más”.
Ya sé, se están quebrando la cabeza del porqué del título de la columna de esta semana. Pues resulta que, todos deberíamos suponer siempre, la reacción de la gente a la muerte de un ser humano, sería del más absoluto respeto. Pero, hay fanáticos que eso, no lo entienden.
La semana pasada, en la Catedral de San Pedro Sula, un orate fanático, porque no se le puede llamar de otra manera, dañó una serie de imágenes que se encontraban en aquel recinto en el que por largos años, Antonio Quetglas, sirvió con tanto amor.
Pues bien, el colmo, es que, cuando en las redes sociales, de los distintos medios de comunicación del país, se hizo pública la información de la muerte de Antonio, muchas personas manifestaron sus muestras de pesar y sus palabras de encomio por la vida del santo sacerdote.
Pero, lo más bajo del fanatismo de los autodenominados “cristianos”, igualmente se hizo sentir. A par que, al menos hasta donde yo pude observar, su lenguaje soez y su absoluto desconocimiento de las reglas gramaticales y de un léxico digno de quién se dice seguidor del Señor, era notorio; se dedicaron a hacer juicios y a recurrir a la Biblia de una manera que no puede sino ser tildada de ignorante.
Insultar a una persona recién fallecida, jamás me hará cristiano, ni siquiera bajo el nombre de pila de un jugador del Madrid.
Es alarmante y sumamente preocupante el nivel de intolerancia al que estamos llegando. Uno puede suponer que ese trato se da en los ambientes más bajos del fanatismo político y deportivo, porque sus asideros no pasan de ser las pasiones irracionales y el endiosamiento de unos líderes o unos equipos, que son tan efímeros como el segundo que acaba de pasar.
Estamos claros, que ni todos los cristianos evangélicos son fanáticos, ni todos los cristianos católicos somos “buena ficha”, pero, algo debemos estar haciendo muy mal, cuando somos incapaces de comportarnos con las mínimas formas de urbanidad y humanidad.
Gracias a Dios, Antonio Quetglas, ya cosecha lo que sembró y estoy seguro que ese granero del Cielo que le tocó, está “llenito” de buenas obras.
Y antes que alguien me diga algo con respecto a que me atreví a mencionar a un jugador del Madrid en mi columna, es mi último gesto de respeto por Antonio, porque era aficionado de ese equipo de fútbol. Padre Antonio, disfrute y gracias por todo el bien que hizo a nuestra Honduras, sobre todo a los más pequeños y desposeídos.

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