Noticias

El invaluable legado de Monseñor Marcelo Gerin

El invaluable legado de Monseñor Marcelo Gerin A 20 años de su partida hacia la Casa del Padre: “El mejor homenaje que podemos dar a Monseñor Marcelo Gerín es recordar las iniciativas pastorales que él lanzó, y otras que apoyó.” Monseñor Guido Charbonneau


Oscar Ibrahan Rodríguez
ibrahanrodriguez@yahoo.com
Fotos: Archivo
Síguenos en http://www.fidesdiariodigital.com
Con mucho cariño se hace homenaje al primer obispo de Choluteca en los 20 años de su fallecimiento.
El pasado 1 de junio, Monseñor Guido Charbonneau presidió la Eucaristía en la Institución Educativa Monseñor Marcelo Gérin y en la Iglesia Catedral, fue una celebración con gestos de gratitud al Señor por haber concedido un gran hombre misionero como primer obispo de Choluteca. A la vez, pidiendo que, desde el cielo, interceda por su querida Iglesia y por todo el pueblo hondureño, al que consagró su vida con amor.
Monseñor Guido Charbonneau destacó algunos aportes e iniciativas pastorales que Monseñor Marcelo Gérin realizó, entre estos aspectos, mencionó:
Tenía una creatividad misionera extraordinaria y tomó iniciativas valiosas. Él ideaba y creaba proyectos y luego buscaba alguien para cumplirlos. No hubiera podido realizar lo que realizó si no hubiera tenido a su lado sacerdotes, religiosas, laicos y laicas que correspondieran gozosamente a sus intuiciones. Quiero citar las principales iniciativas que tomó, las cuales tuvieron y siguen teniendo mucho impacto en la Iglesia y en la sociedad.
Antes que Monseñor Marcelo fuera nombrado prelado de Choluteca, Sor Gemma Beaulieu, Hija de Jesús, fundó la Congregación de las Mensajeras de la Inmaculada en 1964. Al ser nombrado prelado de Choluteca, Monseñor Marcelo apoyó esa obra naciente.
Consciente de que para tener vocaciones sacerdotales y religiosas, hacía falta fomentar la Pastoral Juvenil, estableció dicha pastoral a partir de 1964, poniendo como responsable al Padre Romeo Rivas en 1964 y luego al querido Padre Yvan Bouffard a partir de 1967.
Con el deseo de formar a los futuros candidatos al sacerdocio, fundó el Seminario Menor Pablo VI en 1965. Esa iniciativa costó pero al fin floreció: hoy la mayoría de los sacerdotes diocesanos de Choluteca han sido formados en el Seminario Menor. Ordenó a los dos primeros sacerdotes diocesanos hondureños, el Padre Julio César Martínez, en 1970, y el Padre Florentino González, en 1984.
Estuvo en la última sesión del Concilio Vaticano II. En la Constitución sobre la Liturgia, se dice: “Foméntense las celebraciones sagradas de la palabra de Dios en las vísperas de las fiestas más solemnes, en algunas ferias de Adviento y Cuaresma y los domingos y días festivos, sobre todo en los lugares donde no haya sacerdote, en cuyo caso debe dirigir la celebración un diácono u otro delegado por el obispo” (SC 35,4). Monseñor Marcelo tomó en serio ese párrafo y lo aplicó a la situación del sur. Había pocos sacerdotes en el sur y mucha gente quería tener un sacerdote en su comunidad en la Semana Santa. Entonces, con el apoyo del Padre Eloy Roy y del futuro padre Alejandro López, fundó la Celebración de la Palabra de Dios, en marzo de 1966. Envió a los primeros 17 Delegados de la Palabra el Domingo de Ramos 1966. Hoy hay 1,800 Delegados de la Palabra en la Diócesis de Choluteca.
Estaba consciente de que había que ofrecer a los campesinos, sea líderes comunitarios, sea Delegados de la Palabra, una formación integral. Por eso fundó el Centro de Capacitación La Colmena en 1966 y puso al frente al Padre Juan Pablo Guillet, que hoy tiene 92 años de edad y sigue siendo muy activo en Canadá. Monseñor Marcelo estaba preocupado por la promoción humana de los sureños, ya que la mayoría vivía en la pobreza. Por eso, apoyó la iniciativa de los Promotores de Salud a partir de 1970, bajo la dirección de Sor Jeannette Bérubé, Hija de Jesús. Apoyó también la Asociación “San José Obrero”, fundada por el Padre Alejandro López, en 1972.
Las esposas de los Delegados de la Palabra constituyeron desde el principio un apoyo indispensable para la Celebración de la Palabra. Doña Concepción Ponce, esposa de Don Modesto Domínguez, de la aldea El Papalón, de Concepción de María, fundó el primer Club de Amas del Hogar el 7 de mayo de 1967, hace 50 años, y Monseñor Marcelo apoyó mucho esa iniciativa, que sigue capacitando a la mujer sobre su papel como esposa, como madre y como protagonista en la Iglesia y en la sociedad.
Mons. Marcelo fundó Radio Paz, la Voz del Desarrollo, en 1969, con el Padre Juan Pablo Guillet como primer director. El Padre Juan Pablo había conocido en Colombia una iniciativa semejante, luego colaboró con Radio Católica, La Voz de Suyapa, y fue el artífice de Radio Paz en la prelatura. Ambos estaban convencidos que el mensaje del Evangelio puede llegar a miles de hogares a través de la radio. Esto sigue siendo cierto. Además Radio Paz fue el medio a través del cual las Escuelas Radiofónicas alfabetizaron a miles de adultos y los hicieron conscientes de su valor como personas, de sus derechos como ciudadanos y de su dignidad como cristianos.
Monseñor Marcelo veía que en América Latina había Iglesias locales con muchos sacerdotes y muchos agentes de pastoral, por ejemplo Colombia. Por otro lado, otras Iglesias tenían muy pocos sacerdotes. Por eso fundó los Equipos Pastorales para América Latina (EPAL) en 1969, en Colombia, y puso al frente dos sacerdotes javerianos, los Padres Santiago Gauthier y Rogelio Poirier. Esa iniciativa no prosperó al principio, pero después dio fruto con ORBIS y las Hermanas de MARILAM.
En 1978 fundó ORBIS, un grupo de jóvenes misioneros, mujeres y hombres. ORBIS era un acróstico: O por Oración; R por Reflexión; B por Biblia; I por Iglesia; S por Salvación. Esos jóvenes formaban un coro muy bueno y recibían formación en el obispado. Dos muchachas de ORBIS, María Elena Díaz y Altagracia Cañas, sintieron el llamado a consagrar toda su vida a la misión, como religiosas. Monseñor Marcelo las apoyó y fundó la Congregación de las Hermanas de MARILAM. MARILAM es el título que el Papa Pío XII dio a la Virgen de Guadalupe: María Reina y Emperatriz de Latinoamérica.
Fue muy impresionado por la tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, en 1979. El número 368 del documento de Puebla dice: “Finalmente, ha llegado para América Latina la hora de intensificar los servicios mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse más allá de sus propias fronteras, “ad gentes”. Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza. Por otra parte, nuestras Iglesias pueden ofrecer algo original e importante; su sentido de la salvación y de la liberación, la riqueza de su religiosidad popular, la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base, la floración de sus ministerios, su esperanza y la alegría de su fe. Hemos realizado ya esfuerzos misioneros que pueden profundizarse y deben extenderse”. Monseñor Marcelo, aun con un solo sacerdote hondureño diocesano, nos martillaba sin cesar que la Diócesis de Choluteca tenía que enviar misioneros fuera de sus fronteras. Esto se realizó con MARILAM y también cuando los Padres Javerianos aceptaron en 1997 en sus rangos a candidatos originarios de otros países.
Fue misionero también en la enfermedad. Alrededor de 1978, sufrió un infarto severo, lo que le obligó a reducir mucho sus actividades. Monseñor Raúl Corriveau fue nombrado como obispo coadjutor. Monseñor Marcelo le confió entonces casi todas sus responsabilidades, entre otras la organización de la Santa Misión de 1983 y 1984.
A partir de ese entonces, Monseñor Marcelo fue a vivir a Tegucigalpa. Fue nombrado Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias en 1984 y se dedicó a organizar la nueva Congregación religiosa de MARILAM. Luego en Canadá le amputaron la pierna a causa de una mala circulación de la sangre. Con una sola pierna decidió volver a Honduras para servir en la misión hasta el final. Aún en su enfermedad y en sus últimos días, guardó siempre su espíritu misionero y supo comunicar el fuego de la misión a todos los que entraban en contacto con él.

Monseñor Marcelo Gérin, que fue el primer obispo de Choluteca
Nacido en Canadá el 7 de mayo de 1913, fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1936, a la edad de 23 años. Fue misionero primero en Cuba, de 1942 a 1960. Llegó a Honduras como misionero en 1963, fue nombrado párroco en La Guadalupe, Tegucigalpa. El Papa Pablo VI lo nombró prelado de Choluteca el 8 de diciembre de 1964. Fue ordenado obispo el 23 de abril de 1967 en Choluteca. Murió hace 20 años, el 1° de junio de 1997, en la fiesta del Corpus Christi, en el Hospital El Carmen, de Tegucigalpa. Está enterrado en la Catedral de Choluteca.

A %d blogueros les gusta esto: