Noticias en desarrollo

¿Por qué creemos lo que creemos?

¿Por qué creemos lo que creemos? P. Juan Ángel López Padilla Esta solemnidad de la Santísima Trinidad me da la ocasión de girar una vez más en torno a la razón de ser de este espacio escrito por un sacerdote que ama a su Iglesia y que sabe que su fe, no es un sin sentido.


Más allá de pretender analizar el credo, cosa que me encanta por cierto, quisiera por un instante detenerme en el proceso mismo del creer.
El creer está a la base de la mismísima constitución personal. Creer es vivir. Una persona que no cree en nada, o que cree que no cree, vive una sensación de vacío que aunque muchas veces niegue, realmente siempre está ahí.
Creer es algo existencial, fundamental. No se puede ir por la vida sin confiar, sin tener certezas, sin aspirar a encontrar verdades superiores a las que nuestras limitadas capacidades humanas, pueden.
Jamás he dejado de creer que mi madre me ame o que mi padre lo haga. Pero sé, con la certeza de lo que creo, que su amor, como el mío, va creciendo, se va transformando con el paso de los años.
El que piensa que su fe, su creer en algo, en alguien; es algo estático, significa que realmente nunca ha creído en nada.
Incluso, las verdades de nuestra fe, no son estáticas en el sentido de la necesaria mayor comprensión de las mismas. Creer en Dios es aprender cada día que esa fe no es asunto de una refrigeradora que conserva algo, sino de una relación que envuelve todo y que por su misma naturaleza tiende a crecer.
Justo por lo mismo, la Santísima Trinidad, no es un dogma estático. No piensen que me refiero a que de alguna manera podría llegar a existir una cuarta persona, o que en algún futuro estaríamos llamados a no creer en un solo Dios en tres personas. Yo de hereje no tengo nada, ni modalista ni arriano.
Pero, volviendo a la línea de pensamiento anterior, si creer obliga a pensar en una relación, porque dos piedras no pueden creer en sí mismas; nuestra relación con Dios, nuestra fe en Dios, debe crecer, debe perfeccionarse de día a día. No creemos en ideas o en simples doctrinas, creemos a una persona.
El amor, que es el centro de la razón de ser de cualquier ser humano y la única fuerza pura y legítima que permite realizar a la persona, es justo la prueba más grande del verdadero creer.
De ahí que, creemos en lo que creemos, porque nuestra fe nace del amor, nace de una relación, es una relación. Quién nos enseñó que existía un Dios que no era sino una relación de amor entre 3 personas, nos ha enseñado a creer porque nos ha amado primero. Creer es en el fondo corresponder al amor, al llamado del amor.

A %d blogueros les gusta esto: