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No estamos solos

No estamos solos Jóse Nelsón Durón V. Pilar Rahola, periodista, escritora y política catalana, refiriéndose al problema del terrorismo de ISIS financiado por países árabes: “Te respondería como (Winston) Churchill sobre Rusia: eso es un acertijo envuelto en un misterio envuelto dentro de un enigma”.

Esta respuesta era válida para la situación de la violencia nacional hace cuatro años, cuando por fin el Estado hondureño decidió tomar con sus manos la papa caliente de la violencia que, por desgracia, nos ha hecho todavía más famosos. Gracias a Dios se inició y se camina con la esperanza de tener resultados cada día mejores. Nos gustaría escribir siempre cosas alegres, esperanzadoras y productivas, pero estamos inmersos en la misma sopa de la papa mencionada y habrá que tomarla de vez en cuando; además, Honduras ya no está para escondimientos de cabeza, como, también por desgracia, tantos funcionarios han hecho durante toda nuestra historia. Sorprende cómo pasamos, de la noche a la mañana, de un empujón, un insulto o una amenaza, a verdaderas matanzas por un simple partido de futbol, lo que trae al recuerdo la gran mentira de la pretendida “guerra del futbol” entre dos hermanos países. Creemos, sin llamar a la mordaza, que el periodismo debería calmar sus ímpetus en la búsqueda y aprovechamiento de cualquier medio en la gestión comercial que les da sustento, válido o no, para enervar pasiones en una población que las usa para descargar sus múltiples frustraciones y ansiedades, que parece ser el detonante de este tipo de violencias; escrito esto con todo respeto para mis conciudadanos, pues por más que calentamos el cerebro, fuera de la sopa aquella, claro, no podemos imaginar razones para quitarle la vida a una persona que solamente se divierte o poner en peligro la propia.
En el caso nuestro, por supuesto que la misma frase de Churchill sería aplicable, sobre todo para personas que, como el que escribe, ignora muchos entretelones y quiénes los abren y cierran; especialmente en el ámbito de la delincuencia general organizada y de la política obtusa y entreverada. Lo de obtuso es fácilmente comprensible, basta solamente contemplar el estado del corral. Lo otro no; para entenderlo se necesitaría una de dos cosas, ambas imposibles: meterse en el corazón y la mente de los protagonistas o convertirse en uno de ellos. Sin embargo, es posible ir a la realidad compartida y calificar, no juzgar, sus actuaciones y, por supuesto, manifestarse acordemente, con el ánimo de encender alguna claridad en la oscuridad o simplemente ayudar a limpiar el polvo sucio que obnubila a todos. Un factor que entristece mi patria es la apropiación que la secuestra; somos víctimas del robo de una de las realidades más preciosas que tiene el ser humano, que junto con el ser, forma el entorno en que Dios nos ha sembrado: nuestro derecho a decidir; a esta desgracia sumemos el robo de nuestra conciencia y el de la posibilidad de expresar nuestra verdad para impedir que otros hablen por nosotros sin la autorización debida. Estamos secuestrados por unos cuantos partidos que se atribuyen la conciencia y la sapiencia nacional, abrogándose el derecho de hablar por todos. Unos nos iban a liberar; otros a limpiar; ahora: están juntos y parecen no diferenciarse de los primeros. En nombre de todo mi país y con la fuerza que me da mi libertad, puedo decirles: ¡ya basta, por favor!
El pueblo de Dios no está solo, nos lo dijo el santísimo Redentor enviado por el Padre en comunión con el Espíritu Santo para revelarnos la misteriosa unidad y filiación divina: “Dios es uno sólo, pero no solitario” (Concilio VI de Toledo, año 638). Pues bien, a nosotros nos hizo a imagen y semejanza Suya, en lo personal y en lo comunitario: nos dio una familia y una patria para desarrollar nuestras potencialidades físicas, intelectivas y espirituales y para que podamos, cada uno de nosotros, dar razón de nuestra fe, construir el reino de amor que Dios desea para todos y ser solidarios entre todos en amor, justicia y paz. La papa está caliente; falta cocer la sopa y tomárnosla. Pero recuerden: NO ESTAMOS SOLOS.

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