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Editorial del Domingo 11 de Junio de 2017

Una iglesia misionera En la reciente Solemnidad de Pentecostés, el Vaticano ha dado a conocer públicamente, el Mensaje del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará en octubre de 2017. Advierte el Papa que Jesús, “el primero y el más grande evangelizador” como lo afirmó en su momento el beato Pablo VI, siempre es el centro de la Jornada Mundial de las Misiones.


La Iglesia de Cristo es misionera, desde su raíz. Si no lo fuera hace mucho tiempo se habría convertido en una simple asociación, como existen muchas otras, que agotan su existencia, pues pierden su propósito y desaparecen. Mientras que la Iglesia de Cristo se mantiene apelando hoy día, al corazón de la humanidad que de ella, recibe vida.
La condición de misionero de todo fiel cristiano, lo lleva a interrogarse para descubrir cuál es su propia identidad cristiana y cuáles son las responsabilidades que tiene como creyente, en un mundo lleno de confusión por tantas ilusiones, herido por las grandes frustraciones y por guerras entre hermanos, cuya injusticia afecta, a los inocentes.
En esas condiciones nos damos cuenta que, la misión de la Iglesia, busca enseñar a la humanidad entera la transformación de sus vidas, por la fuerza del evangelio. Porque así las personas de buena voluntad, aprenden a conocer la vida nueva: la que ofrece Cristo Resucitado. Guiados por el Espíritu dador de vida, que confiere al Evangelio, una alegría contagiosa, que transforma el corazón del hombre.
Si se acepta a Cristo como camino, verdad y vida. Camino que invita a seguirlo con confianza y valor. Experimentando así su Verdad y recibiendo su Vida, que es la pura comunión con Dios Padre, en la fuerza del Espíritu Santo, que libera al hombre de toda forma de egoísmo y es fuente de amor creativo,
Dios Padre desea la transformación en la vida de sus hijos, una transformación que se manifiesta como culto en espíritu y en verdad: como expresó San Ireneo: “La gloria de Dios es que el hombre viva”.
Hace la aclaración el Papa Francisco que la misión de la Iglesia no es propagar una ideología religiosa, ni propuesta de ética sublime. A través del Evangelio, Jesús se convierte en un contemporáneo, de manera que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra.
Ser cristiano es el resultado del encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva. El evangelio es una persona que siempre se ofrece e invita a los que lo reciben con fe, humilde y laboriosa, a compartir su vida mediante la participación efectiva de su misterio pascual de muerte y resurrección. Es Jesucristo ¡el Señor!
El Evangelio se convierte, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado. Por la Confirmación se hace unción fortalecedora, que por el Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad. Por medio de la Eucaristía se convierte en alimento del hombre nuevo, “Medicina de inmortalidad”
Al Evangelio el mundo lo necesita como algo esencial. Jesucristo continúa actuando a través de la Iglesia como Buen Samaritano, como sanador, como Buen Pastor.
La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo.” Se trata de salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del
Evangelio”. La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La Misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino.
Los jóvenes son la esperanza de la Misión. ¡Qué bueno que los jóvenes sean “ callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra”. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos.
Queridos hermanos y hermanas: se hace misión, inspirándose en María, Madre de la Evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida, en lo más profundo de su fe humilde.
Ya Jesús expresó con claridad la ruta de la Misión: “Yo soy el camino, la Verdad…y… la vida…Nadie puede llegar hasta el Padre si no es por mí”.

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