Se convierte en sacerdote tras visitar Honduras

Se convierte en sacerdote tras visitar Honduras Un grupo de 13 estudiantes de la Universidad de Tulane de New Orleans,  llegaron al país para colaborar en proyectos sociales en la montaña de El Merendón.


Texto y fotos: Helen Julissa Montoya Hand
hmontoya@unicah.edu
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El estadounidense Thomas Schaefgen llegó por primera vez a Honduras en 2004, acompañando a un grupo de misioneros. Siendo un joven de 21 años de edad visitó la comunidad de La Fortuna en El Merendón, donde, -asegura- que recibió el llamado para servir a Dios mediante el sacerdocio.
Schaefgen testifica que su vocación surgió en Honduras. “Dios me tocó y me sensibilizó al ver las necesidades espirituales y económicas de los pobladores de El Merendón, recuerda, ampliando que decide responder al llamado dos años después.
Thomas tiene 34 años de edad y radica en Nueva Orleans y recientemente fue ordenado como sacerdote en su ciudad natal. Visita por tercera ocasión el país; esta vez la comunidad de Miramar, del mismo sector para compartir con los aldeanos acerca de su vocación. “Le avisé a mi madre por teléfono que entraría al seminario pero ella respondió que pronto se me acabaría esa idea”,  añade.
El presbítero recuerda que sus padres nunca se imaginaron que sería sacerdote. “Ellos aún no comprenden pero siempre me han apoyado en este proceso que es lo más importante en mi vida”, puntualiza.
En su mensaje final el sacerdote anima a los demás a no temer si sienten alguna inquietud vocacional.  “El  Señor nos invita a cosas que no entendemos y no conocemos. Confiemos en ese que nos invita y digan sí al Señor”.

OBRAS SOCIALES. Un grupo de 13 estudiantes del Centro Católico de la Universidad de Tulane de New Orleans llegaron al país para colaborar en proyectos sociales en la montaña de El Merendón, al norte de Honduras.
La misión fue liderados por Michelle Situ y Roy Taylor y el padre Francisco Orozco quienes fueron acompañados por los Misioneros de Esperanza; dos veces al año, estos universitarios en edades de  dieciocho y veintidós años, toman el tiempo libre de vacaciones para venir  Honduras a trabajar y compartir con personas de escasos recursos económicos.

PROYECTOS. Durante la misión, repararon los sanitarios de la iglesia de la aldea Miramar que se dañaron por un deslave producto de las lluvias de inicio de año, además el techo de la escuela, además ayudaron a los aldeanos con sus actividades cotidianas como cortar café y preparar almuerzos.
La lugareña Irma Díaz Bueso, delegada tiene 23 años de residir en la aldea Miramar, comunidad que está localizada a 1,200 metros sobre el nivel del mar. Agradece la colaboración de los norteamericanos ya que según comenta, no reciben ayuda del Gobierno.
Para que sus últimos hijos, de 15 que procreó puedan acudir a la escuela deben caminar durante una hora. “Las autoridades no se acuerdan de nosotros. No hay servicios públicos y ninguna ayuda del Estado”, comenta, agregando que agradece la labor de los misioneros que son los únicos que han estado llevando obras sociales a través de la gestiones de los Misioneros de Esperanza.
Otra vecina de la zona, Irma Rosales, se mostró contenta con las donaciones llevadas a su comunidad pues comentó que una de sus hijas tuvo que perder dos niveles educativos por motivo de que la escuela estaba en mal estado.
En cada aldea los misioneros dieron charlas de higiene a la población, también un poco de catequesis, visitaron enfermos, oraron por los hogares y entregaron donaciones que ellos trajeron de Estados Unidos como:  útiles escolares, ropa, calzado y juguetes.

El dato
Actividades para apoyar
Los muchachos norteamericanos pertenecen al Centro Católico de la Universidad de Tulane. Todo el año realizan actividades para recaudar fondos, han hecho desde venta de comida, fiestas, lavados de carro y otros, con el fin de apoyar a la población pobre del Merendón.

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