Punto de Vista Reflexión

La violencia

La violencia
P. Juan Ángel López Padilla
Sinceramente, no era mi intención dedicar el mes de mayo, a ninguna otra cosa que no fuese hablar de la Virgen y del don de la Pascua. Sin embargo, me he visto motivado a cambiar la temática, por una serie de hechos que me han golpeado, en lo particular.


En el pasado, en este mismo espacio les he comentado mi experiencia en Italia cuando, por primera vez vi gente pelear. Al final de 10 minutos de insultos y reclamos, no se habían tocado, ni una tan sola vez. Yo estaba maravillado. En Honduras, me dije a mí mismo, ya ratos que mínimo se hubieran trompeado. Sino vean todos esos vídeos que “viralizan” de peleas entre compañeros de colegio o en la universidad. Pareciera que estamos ávidos de ese tipo de cosas y como tantas veces lo he criticado, lo malo es que antes que pensar en los que pelean, se piensa en el vídeo que “voy a subir al face” para conseguir fama a costa de la inmadurez de otros. ¿Quién estará peor? ¿el que promueve la paz y evita la violencia? O ¿el que incita a los golpes?
En fin, esta semana pasada, fui testigo de una pelea entre una mujer y un varón, que llegaron a los golpes, cuando ni se conocían y la razón del altercado fue una verdadera estupidez. Nadie sacó el celular, ni grabó nada, pero fue una penosa situación a la que todos reaccionamos tarde y, ese es mi tema: ¿Cuánto tiempo hay que esperar para intervenir? Nos hemos acostumbrado a respetar mucho la libertad de los otros, a no meternos en sus problemas, a pensar que habrá otros que intervengan y cuando menos lo pensamos, ya es muy tarde. Saben lo peor de todo, había niños enfrente. ¿Qué aprendieron? Que a una mujer se le puede golpear y que todo se resuelve así, con golpes.
En Honduras, ese ha sido nuestro eterno problema, nuestra gran indiferencia. Nos hemos acostumbrado tanto a la violencia, de todo género, que nos parece de lo más natural.
Luego, para colmo esta semana igual, miré un altercado entre dos personas sólo porque una de ellas se había estacionado un poquito, en serio, un poquito retirado de la acera y en lugar de hacerle saber que podría estacionar mejor su carro, para que no se lo golpearan o lo que fuese, el “juez” optó por insultar al otro y de la nada, una cosa que no necesitaba más que una buena palabra, terminó en empujones y unos cien mirones, hasta que un buen samaritano, decidió pedir calma y retirar los contrincantes a sus esquinas.
Demasiada violencia. La gente camina tan a la defensiva que de la nada estamos envueltos en reacciones que nos desfiguran, en todo sentido.
Por ahí andan ahora con el tema de la edad punible. Sin negar la trascendencia del asunto, me pregunto: y ¿si en lugar de bajarla, la subimos? Entiendan mi ironía para que después no me vayan a salir diciendo que estoy a favor o en contra. Pregunto: ¿Que se castigue al hechor como al consentidor? Que todo aquel, mal llamado padre de familia o tutor, todo aquel “compañero” que incite o promueva un daño, también sea castigado. La violencia nace en las familias y ninguno de esos muchachos que cometen crímenes atroces los cometerían, si hubiese habido alguien que a tiempo les separó y les enseñó a amar, no a odiar.

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