Comayagua Diócesis

Celebran a san Pedro Nolasco fundador de la Orden Mercedaria

Celebran a san Pedro Nolasco fundador de la Orden Mercedaria
La misa fue presidida  por el párroco  de La Merced, Juan José Santibáñez  y concelebrada por el vicario parroquial, Marino Ramírez Bautista
Llenos de júbilo los feligreses de Comayagua celebraron la fiesta en honor a san Pedro Nolasco,  fundados de la Orden Mercedaria, cuyo frailes están al frente de varias parroquias en Honduras y en la antañona ciudad de Comayagua rectoran precisamente la histórica parroquia de La Merced
Hubo petardos, música y manifestaciones culturales y durante la homilía el fray Juan José Santibáñez expresó: “Dios nos concede la gracia de celebrar a nuestro fundador en el umbral del Jubileo de los  800 años de  existencia de  nuestra amada Orden Mercedaria. Preciosa oportunidad para contemplar al hombre  que guiado por el Espíritu y en actitud de confianza y docilidad a la acción de Dios,  inició una obra de amor y misericordia a favor de los cautivos”.
“Ahora nosotros, como ayer San Pedro Nolasco, estamos invitados a seguir a Cristo  Redentor, a dejarnos llevar por su Palabra que seduce y transforma, que configura y  compromete, que nos hace capaces de seguirle, queriendo encarnar en nuestro modo de ser  y de actuar su amorosa voluntad”.
Nuestro fundador, que contemplando a Cristo Redentor se fue  configurando con Él, al grado de hacerlo a su imagen y semejanza, y constituirlo redentor  de cautivos; así también nosotros, contemplando al Redentor vayamos con docilidad y confianza configurándonos  con Él,  para que cada vez con mayor convicción y generosidad seamos capaces de inclinarnos ante el pobre, el enfermo, el cautivo, el necesitado, el  oprimido”.
“Contemplando a  San Pedro Nolasco, el fiel imitador de Cristo Redentor, nos permita comprender  su obra, espíritu y carisma, que indudablemente, es un precioso legado para la vida de la Iglesia desde hace ocho siglos; y a nosotros, sus hijos, Dios nos conceda fidelidad para continuar con la obra de liberación de cautivos, que opera en el vaciamiento cotidiano de gastarse y desgastarse por los demás, en la entrega silenciosa de una vida que se dona en lo ordinario de cada jornada y en el ejercicio del apostolado carismático.

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