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“Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos”

“Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos” Inserto en el corazón de la Iglesia hondureña, el Seminario Mayor, ya en mi cuarto año de teología sigue fervorosa la respuesta a Dios, y aún más motivado por la realidad de violencia y de pobreza que enfrenta mi diócesis de San Pedro Sula.


Zaulo David Zelaya
Zaulodzm@gmail.com
Cuarto año de Teología
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El amor de Dios se ha derramado a veces inesperadamente y sin permiso en todos aquellos que sin merecerlo lo reciben. Mi hogar, ha sido uno de esos lugares que ha contado con el favor de Dios, fue allí donde sin querer y sin pensar germinaría la semilla vocacional. Se cultivó con el tiempo y se concretizó con mi respuesta. A  mis 22 años propiamente dicho deslumbraría lo que por años estaba ya en el plan de Dios. Un encuentro vocacional en el Seminario Menor Santiago Apóstol, bastaría para mostrarme un sendero diferente con el que se andaba con Jesús, un camino de renuncia y de entrega, una puerta estrecha pero llena de Dios. Fue así como inicie mi itinerario hacia el ministerio presbiteral.
Con Dios ya en mi corazón, decidido a aventurarme en este nuevo reto que implicaba toda mi vida a los pies del maestro, inicie mi formación como seminarista en casa, trabajando y estudiando a la vez. Más tarde, en un lugar diferente, con jóvenes apasionados por Cristo, en el encuentro nacional de compromiso en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, se hace realidad lo que por varios años había iniciado. Toca dar un respuesta que equivale a la misma de Jesús “dar la vida”, vida que muchas veces se planea o se estructura con ideales propios de felicidad y que muchas veces se caracteriza por vacíos que sin Dios no tienen sentido.  Pero allí estaba yo, diciendo sí quiero, estoy dispuesto a dejar mis propias redes y tomar las del Maestro, quiero ser discípulo capaz de mostrarle al mundo el amor de Dios. Con alegría inmensa recibí de los formadores la respuesta tan esperada que dio un rumbo diferente a mi existencia.
Inserto en el corazón de la Iglesia hondureña, el Seminario Mayor, ya en mi cuarto año de teología sigue fervorosa la respuesta a Dios, y aun más motivada por la realidad de violencia y de pobreza que enfrenta mi diócesis de San Pedro Sula, este ambiente tan difícil me impulsa a seguir adelante para contradecir el dolor dejado por aquellos que aniquilan la vida del otro, mostrando que aun en la peor situación Dios no nos abandona, que a pesar del individualismo de estos tiempos es posible la hermandad como fuente de progreso,  aunque  la pobreza sea los retablos pintados en las colonias y ciudades, es posible vivir la riqueza de la gracia de Dios que mitiga el llanto espontáneo y que ofrece el consuelo eterno. Por lo tanto en una realidad tan oscura donde tantos problemas atañen al hombre de hoy estoy llamado a ser presente la imagen de Jesucristo buen pastor que no pasa de largo sino que se detiene hace suyo el dolor de sus hijos, los sana y los salva.
Ser sacerdote es posible, estoy seguro y se preguntan muchos. ¿Cuál sería entonces mi misión como futuro presbítero en la realidad que afrentan nuestras Diócesis hoy? Con la ayuda del Señor ante la realidad de muerte seré signo de vida, ante los rostros desfigurados por las enfermedades sociales, mostraré el rostro de Dios que da la paz aun en valles oscuros, ante la falta de fe seré creyente no de palabras sino de acciones que atraigan a casa los que enmarcados en los criterios del hombre post−moderno se han alejado de la Verdad que es el mismo Cristo.
Tenemos un gran compromiso como cristianos, hacer que el reino de los cielos sea visible en medio de este pueblo, a través de la justicia y la paz, de la caridad y el respeto a la vida, es decir, a la imagen de Jesucristo que muchos quieren opacar por intereses mezquinos que solo pueden conducirnos por valles de muerte, y en este tiempo de pascua que celebramos al Dios de la vida, luchemos para que la vida florezca en su mayor esplendor a la luz del resucitado. Aleluya  Cristo ha resucitado  ¡¡aleluya, aleluya!!

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