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Valientes, laboriosas y tiernas son las madres de nuestra raza

Valientes, laboriosas y tiernas son las madres de nuestra raza Productoras, amas de casa, educadoras, mujeres de fe, etc. Estas son muchas las facetas que viven las madres en la etnia Lenca, lo que las convierte en verdaderas guerreras con olor a ternura.


Texto y fotos: Eddy Romero
emromero@semanariofides.com
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“Aquel indio valiente y temerario que luchó por su raza y por su Dios, fue el altivo “Señor de las Montañas” y el Monarca del frío Congolón” cita el poema de Felipe Elvir Rojas en honor al Cacique Lempira, el héroe nacional que más renombre tiene en la etnia Lenca. Una cultura que se conoce por dedicación al trabajo, al hogar, a la creación de artesanías y lo colorido de sus vestimentas; pero también, a la cercanía que las madres tienen con sus hijos. Si Lempira, se caracterizaba por su valentía, es lógico pensar en quien formó la personalidad de este titán fue la persona que tenía más cerca; su mamá.
¿Y cómo es una madre Lenca? Sería la pregunta más razonable, para conocerles. Caracterizadas por ser mujeres luchadoras,  de “garra”, que trabajan tú a tú con los hombres en las diferentes tareas que tienen alcance, hogareñas y cariñosas con sus familiares, humildes, de corazón sencillo, religiosas, fuertes y de contextura física pequeña, pero que son capaces de sorprender a los propios y extraños. Son capaces de desarrollarse en diferentes facetas de la vida, pero lastimosamente, todavía en este tiempo, no tienen las oportunidades necesarias para tener una mejor calidad de vida, tanto para ellas, como para sus familias. Ellas luchan hombro a hombro en el mejor de los casos con sus esposos, cargan en sus espaldas a sus criaturas, mientras realizan las diferentes faenas que tienen. Cuidan sus hogares y a la vez, colaboran en todo lo que pueden. Sus manos, que muchas veces no son delicadas como muchos presuponen, reflejan su  arduo trabajo.
En este fin de semana, que se conmemora el Día de Madre en Honduras, les presentamos algunas historias de vida,  de las facetas que viven estas guerreras oriundas de una de las etnias más importantes del país.

PRODUCTORAS A unos 30 minutos de las ciudades gemelas de La Esperanza e Intibucá, se encuentra un pintoresco y hermoso paisaje conocido como la Laguna de Chiligatoro. Allí el 100% de la población, pertenece a la etnia Lenca. En una de sus laderas, se encontraban en plena labor, un grupo de personas que cosechaban papas. Con azadón en mano y al mismo ritmo que los demás, doña Severiana Meza Méndez, una madre lenca demuestra que una de las principales características que se vive en la cultura lenca es la igualdad laboral. Ella, que es una madre de cuatro varones, hoy jóvenes y adolescentes, recuerda que aún embarazada siempre realizaba algunos trabajos. Dos de sus hijos los tuvo en el hospital y los otros dos, con la ayuda de la partera de la comunidad. Popularmente es conocido que estas heroicas mujeres utilizan una especie de cargador, que consiste en una tela amplia y fuerte, que sirve para sostener a los bebés en la espalda de sus madres.
Originaria de la comunidad de Malguara, en este mismo departamento, se vino a vivir a esta zona de Chiligatoro, porque el esposo es de ese lugar. Hace 20 años están casados y siempre han trabajado por igual.  “Cuando tenía  a los hijos pequeños no trabajaba todo el día, pero ahora ya que están grandes,  trabajo de ocho de la mañana a cuatro de la tarde”.
Su jornada comienza desde muy temprano, “en la mañana hago el desayuno y el almuerzo, luego nos vamos a trabajar la tierra y al volver por la tarde, llego a hacer la cena para mi esposo y mis hijos”,  para evidenciar que aparte de realizar un mismo trabajo que el esposo, se encarga de los quehaceres del hogar.
En este lugar, además de papa, siembra maíz y tienen una dieta alimenticia a base de frijoles, arroz y la cuajada que ellos mismos preparan. Es una vida sencilla, pero laboriosa la que viven las madres lencas en esta comunidad.
Relata doña Severiana  que a ella quién le enseño a trabajar fue su papá, “me llevaba a trabajar desde que era muchacha, desde que salí de la escuela a los 11 años, ahora que soy madre, les he enseñado yo a mis hijos, todos colaboran, tanto los varones como las mujeres”.

AMAS DE CASA El trabajo que realizan estas  hondureñas no sólo es en el campo. También es en el hogar. Tal es el caso de doña Petronila Gómez, habitante de la comunidad de Azacualpa, Intibucá, pero que tiene sus raíces en el sector de La Misión, en el mismo departamento. Ella es abuela y actualmente se encarga de llevar la merienda escolar al centro educativo pre escolar de la aldea. Tuvo ocho hijos y le tocó criarlos sola, porque su marido la dejó. No se amedrentó y junto a su madre crio a sus hijos. Trabajaba para darles de comer. Otra ama de casa, es Vilma Leticia García, ella tiene dos hijos, de pequeña edad, por lo que en las calles de Azacualpa, se le observa con el clásico cargador. Para ella, ser madre “es una gran responsabilidad, porque uno tiene que darle los consejos, mandarles a la escuela a diario. Es un gran trabajo que no tiene que demeritarse, porque al igual que en otro trabajo, uno tiene que ser muy responsable”.
Cuando se le consultó sobre esa tradición de cargar a los niños en la espalda dijo que “andamos a los niños en trapo, ya es una cultura que tenemos, no hemos perdido esa tradición. Es mucho mejor, porque si tuviéramos a los hijos en las manos, nos cansaríamos. Para hacer oficio, es muy diferente si no tuviéramos al niño en la espalda. No afecta la salud a primera instancia”.

MUJERES DE FE Otra de las grandes características de estas ejemplares mujeres, es su fe. En la aldea de Azacualpa, se está construyendo un inmenso templo que será dedicado a San Miguel Arcángel. Actualmente se celebra la Eucaristía cada 15 días y desde hace más de dos años inició esta obra. En este lugar, se encuentran dos madres muy abnegadas que con mucho esfuerzo estaban amarrando varias varillas de hierro, que se colocaran en una de las bases de este templo. Doña Esperanza Rodríguez, madre de tres hijos y Nolvia Gómez, progenitora de un niño, están prestando la colaboración en la Iglesia, no por un pago, sino por agradecimiento a Dios. Doña Esperanza explica que lo hacen con mucho gusto y que para ellas no es ningún problema, ya que “desde pequeña nos acostumbraron a trabajar”.
Esto lo hacen por fe, ya que según ellas “la fe se transmite en la familia”. Desde muy pequeños a los hijos se les enseña las primeras oraciones y luego ellos reciben las catequesis correspondientes afirman estas madres. “La fe me la transmitió mi madre y yo se las transmito a mis hijos, ellos tienen que vivir esto y que sepan que no tenemos que cambiarnos, no tenemos que irnos a otras sectas protestantes que se están difundiendo en nuestro país. Hay una sola fe” dijo doña Esperanza.

EDUCADORAS Una de las grandes problemáticas que tiene toda la población lenca en general, es la falta de educación. Según la profesora María González, que también pertenece a esta etnia, el promedio de escolaridad de los habitantes es de sexto grado. Aunque cabe hacer la salvedad, que muchos ya están obteniendo un grado superior, pero hace falta mucho más. La profesora González también es madre de dos hijas gemelas de 16 años. Ella indica que ser madre lenca “es un trabajo sacrificado pero a la vez somos muy cariñosas, por eso los llevamos en las espaldas, por no quererlos abandonar, pero cuando uno estudia, se prepara, es otro cambio de vida. Busca otra facilidad para cuidar a sus hijos”.
Ella logró sacar sus estudios superiores en educación pre escolar, gracias a que sus padres creyeron en ella. Pero afirma que todas las costumbres que se tienen en las etnias las vivió.
“De niños, toca ayudar a los padres a ordeñar las vacas, hacer tortillas, cuidar animales, después de llegar de la escuela, hacer los quehaceres de la casa, cortar leña, cuidar el hermanito menor, muchas veces en la espalda. Es un placer, porque uno siente la alegría de cuidarlos así”.
“Un refrán que dice “uno no es profeta en su tierra”,  pero yo gracias a Dios lo he sido. Trabajo donde yo me formé, estudie, tuve el placer de venir a trabajar aquí. Es una etapa muy bonita porque ya conozco las necesidades de los niños, que les gusta, que no les gusta, las necesidades de los padres y de acuerdo a eso, yo los atiendo, no les exijo más de lo que pueden dar y eso me ha servido para que haya aceptación de los padres. Ellos me buscan como modelo a seguir, quieren imitarme, mi vida ha cambiado muchísimo. Tengo una vida muy independiente” afirmó.

El dato
Ubicación
En la actualidad, el pueblo Lenca se encuentra distribuido en más de 600 aldeas, la mayoría de ellas en los departamentos de Intibucá y Lempira. En menor número, se les encuentra también en los departamentos de Valle, Comayagua, La Paz, Santa Bárbara y Francisco Morazán. También hay lencas en El Salvador.

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