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Una Iglesia pobre para los pobres

MENSAJE DE LA XXXVI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL CONSEJO EPISCOPAL LATINOMAERICANO (CELAM) San Salvador (El Salvador), 9 al 12 de mayo de 2017 Una Iglesia pobre para los pobres “La Iglesia se predica desde los pobres y no nos avergonzamos nunca de decir la Iglesia de los pobres, porque entre los pobres quiso poner Cristo su cátedra de redención” (Beato Óscar A. Romero. Homilía 24 de diciembre de 1978)

A los obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas del pueblo católico que peregrina como Iglesia en América Latina y El Caribe:

  1. En San Salvador, tierra bendecida por la sangre martirial de su Arzobispo, el Beato Óscar Arnulfo Romero Galdámez, nos hemos reunido como discípulos misioneros y pastores para celebrar la XXXVI Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano y de El Caribe (CELAM), los días 9 al 12 de mayo de 2017. En esta ocasión, conforme a nuestro Plan Global 2015-2019, hemos compartido la fe y nuestro ministerio, escuchamos la realidad de nuestros países y evaluamos el caminar del CELAM al servicio de las Conferencias Episcopales. Desde aquí les enviamos nuestro saludo en la alegría y la esperanza de Cristo resucitado.
  2. También múltiples aniversarios han confluido para hacer de nuestro encuentro una experiencia rica de celebraciones: los 100 años del nacimiento del Beato Óscar Arnulfo Romero, los 20 años del Sínodo de América, los 25 años de la Cuarta Conferencia de Santo Domingo, los 10 años de la Quinta Conferencia de Aparecida, los 75 años de la creación de la diócesis de San Salvador, los 75 años del SEDAC y los 300 años del encuentro de la imagen de Nossa Senhora da Conceçâo Aparecida (Brasil).
  3. Justo con la Palabra de Dios que nos invitaba a la solidaridad fraterna, fruto del testimonio apostólico suscitado por el Espíritu Santo (Hechos 4,32-35), resonó en nuestro encuentro la voz del papa Francisco que orientó nuestro discernimiento a través del mensaje que nos envió. El Santo Padre nos ha invitado a contemplar en el hallazgo de la imagen de Nuestra Señora de Aparecida en el río Paraiba un itinerario discipular: contemplar a los pescadores en medio de su pobreza, su incertidumbre, su reciedumbre y santa “tozudez” para enfrentar las adversidades; dejarnos guiar por María, madre atenta y cercana, que acompaña a sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas, que se sumerge en medio del fango para renovar la esperanza de los pequeños del Evangelio: por último, valorar el encuentro que llena de vida y da la certeza de la cercanía de Dios y genera dinámicas comunitarias. Como consecuencia de esta experiencia contemplativa, el Papa nos invita, ante todo, a aprender a mirar al Pueblo de Dios, a escucharlo y a conocerlo, dándole su importancia y su lugar. Pero, además, nos impulsa a no tener miedo del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza. Dos son las actitudes que quedan para ser cultivadas: “coraje” para anunciar el Evangelio y “aguante” para sobrellevar las dificultades y los sinsabores que provoca la predicación.
  4. Las palabras del Papa requieren una intensa vivencia de nuestro camino pascual. Cristo resucitado, como en la comunidad apostólica, nos ha dado muestras de que está vivo: Él es ahora el Cordero resucitado con las marcas del Crucificado (Apocalipsis 5,6). Esas marcas, hoy las reconocemos en las experiencias difíciles que atraviesan nuestros pueblos: las polarizaciones políticas crecientes, la escalada de violencia, el drama de los migrantes, el aumento de los índices de pobreza e indigencia, la corrupción estructural, el menosprecio por la vida en todas sus etapas, los nuevos “modelos” de familia, la cada vez más reinante cultura del descarte (EG 53). Nos duele especialmente la angustiosa situación que viven nuestros hermanos venezolanos. Nosotros, discípulos misioneros y pastores, sentimos la voz del Maestro que nos alienta a tocar sus gallas, a confirmar nuestra fe y a fortalecer la comunión en el compartir eucarístico. El Resucitado nos ofrece paz y alegría, y nos envía con la fuerza de su Espíritu a testimoniarlas en nuestro continente con gestos concretos de reconciliación (Juan 20,19-23).
  5. Nuestra Señora y Madre de América Latina y El Caribe en las advocaciones de Guadalupe, de Aparecida y de La Paz, patrona del pueblo salvadoreño, que conoce de primera mano la vida de sus hijos, siga impulsando nuestro afán de vivir el Evangelio con la ternura que transforma las incertidumbres y adversidades en “la casa de Jesús” (EG 286).

San Salvador (El Salvador), 10 de mayo de 2017.

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