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La voz de las madres sin voz

La voz de las madres sin voz Esther Suyapa Vásquez  Velásquez Máster en Economía y Desarrollo Especialista en Género y Juventud En Honduras, cada segundo domingo de mayo, se celebra el “Día de la Madre”, con una serie de festejos familiares, escolares y empresariales impulsados por la iniciativa privada con fines consumistas, sin que esto represente la promoción de una verdadera calidad de vida para las madres hondureñas del campo y la ciudad.


Por tal razón, como mujer de fe y la esperanza, en esta ocasión invito a todas las madres que viven dentro y fuera del país, a romper el silencio para expresar sus pensamientos y sentimientos sobre la precaria realidad en que estamos sumidas las mujeres hondureñas, particularmente las madres solas en condición de pobreza, dado que el 64.1% de hogares pobres tienen por jefa a una mujer y el 55.9% de hogares en extrema pobreza en la Zona Rural tienen por jefa a una mujer, en ambos casos con un promedio de más de cuatro (4) hijos por familia.
Desde mi punto de vista, la calidad y esperanza de vida de las mujeres hondureñas ha bajado, hoy en día muchas mujeres jóvenes están padeciendo de graves enfermedades como el Cáncer, Diabetes, Hipertensión Arterial, Infecciones Respiratorias Agudas (IRA), entre otras, debido al estrés que producen las largas jornadas de trabajo productivo, reproductivo y comunitario, a lo que se suma la espantosa muerte violenta o feminicidios, que son crímenes de odio hacia las mujeres producto de una “cultura machista”, pues algunos hombres se sienten con todo el derecho de atropellar y ultrajar física, psicológica y sexualmente a las mujeres y a las niñas ante la indiferencia del Estado, de instituciones públicas y privadas por falta de verdaderas políticas públicas de carácter preventivo.
La inseguridad ciudadana y jurídica, más los altos índices de violencia, delincuencia común y crimen organizado, afectan directamente el clima de inversión y por ende, la generación de empleo, por lo que los problemas económicos inciden adversamente en las oportunidades para la generación de ingresos de las mujeres con el propósito de cubrir sus Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), lo que les obliga a realizar una doble o triple jornada de trabajo, combinando trabajo doméstico con trabajo productivo e intelectual, vendiendo frutas, verduras, alimentos, ropa, zapatos, bisutería, entre otras cosas, en precarias condiciones de salud, dado que el Sistema Sanitario del país está colapsado.
La situación de las madres en Honduras, cada día se profundiza más por la ambición desmedida de políticos tradicionales que han apartado su mirada de Dios y han endurecido su corazón, por lo tanto, no escuchan el clamor del pueblo que exige la aplicación de la justicia para todas aquellas personas, sin distingo de clase o color político, dado que en el país, a lo largo de su historia, se han despilfarrado enormes  recursos en nombre de los más pobres, especialmente mujeres, niños y niñas.
En este sentido, el descalabro financiero del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), solamente fue la gota que rebasó el balde de agua,  hay que retroceder en el tiempo 20 años atrás y condenar también a los responsables de la quiebra de los bancos, la desviación de más de 27 mil millones de lempiras de la Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP) y los actuales cobros ilegales que se efectúan a través del Peaje y de la Empresa Energía Honduras.
Desde el punto de vista socioeconómico, considero absurdo que el actual gobierno esté firmando acuerdos bilaterales de comercio y negociando más deuda externa en Europa y Asia, comprometiendo el bienestar de las presentes y futuras generaciones al fijar un techo máximo de endeudamiento externo de 49.6% del Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2017, aspecto que debe encender las alarmas de todos los sectores, especialmente de las madres hondureñas porque dichos préstamos son para invertir en obras de infraestructura como carreteras del llamado Corredor Logístico y el Aeropuerto de Palmerola, sin embargo, esto NO implica desarrollo económico ni mejoría en la calidad de vida de la población hondureña.
Ahora más que nunca, las mujeres hondureñas empoderadas en nuestros derechos, tenemos el reto histórico de convertirnos en “La voz de las madres sin voz” con el fin de exigir a los líderes y lideresas de los partidos políticos,  que hagan a un lado sus ambiciones políticas y que se concentren en hacer propuestas objetivas y viables para transformar la realidad nacional en función del bienestar y felicidad de nuestros hijos e hijas, en aras de evitar más flujos migratorios y promover el bien común en la patria que nos vio nacer.
Estoy convencida que Honduras es un bellísimo país centroamericano con abundantes riquezas para alcanzar un desarrollo humano sostenible, por tanto, las madres hondureñas, tenemos que perder el miedo de hablar y sumarnos a los Hombres y Mujeres de Fe y Esperanza que con gran valentía están luchando en contra de la corrupción y la impunidad, porque a mayor corrupción, mayor pobreza.
Que este Día de la Madre, sea un espacio oportuno para que cada familia hondureña reflexione sobre el amor incondicional de sus mamás, abuelas y bisabuelas y sustituyan los regalos materiales por una mayor atención, ternura y comprensión.

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