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El camino a recorrer

El camino a recorrer Jóse Nelsón Durón V. Salir del camino tiene sus riesgos, y su peligro depende de cómo, con quién y dónde andas; aunque en temas como política, religión, moral y adaptación social, tiene también trascendencia cómo te comportas con el prójimo, qué dices, haces e imitas; a quién sigues, defiendes, proteges… es muy cierto que la autenticidad del testimonio depende de la rectitud del testigo.

Asombra la credulidad de tantos que engrosan las filas de “nuevas formas religiosas” que tienen la apariencia de empresas económicas que se lucran con el sufrimiento humano y ofrecen terminar con él a cambio de compensaciones. “El camino cristiano no puede reducirse a una cadena indiscriminada de prodigios y milagros de sanación o prosperidad”. Definitivamente no. El cristiano conserva sus milenarias raíces, se nutre y alimenta del mismísimo Redentor, rinde su alma a Dios y alza su frente ante el mundo; pasa cualquier prueba de transparencia, rendición de cuentas, idoneidad y honestidad y resiste cualquier tentación de unirse con el mal a cambio de poder, riqueza o fama. Es un testimonio viviente de su Señor y Maestro, abandonado a la voluntad de Dios en la esperanza de Su amor y misericordia. Ha aprendido que después del vendaval siempre hay serenidad, que la paz es un fin y el amor un privilegio.
En el plano político pasamos por una época de alianzas y se barajan acuerdos, hasta el momento de la redacción de esta nota, que hace poco parecían improbables por las diferencias ideológicas entre los partidos interesados, movidos por la percepción de debilidad individual ante el partido en el gobierno, que se ha hecho más evidente por acciones un tanto erráticas que desestimulan a lo interno y desconciertan a lo externo de los nuevos partidos, sobre todo. Se desgasta la oposición al ritmo de intereses personales desconectados del interés nacional, de la elaboración de planes de gobierno y de desarrollo factibles que pudieran captar la atención y comprometer voluntades y votos. Es fácilmente comprensible que el fin de la política no es alcanzar el poder a como dé lugar para lograr beneficios, sino el de servir y desarrollar programas que beneficien las grandes mayorías permanentemente marginadas, sentar las bases de una sociedad justa, con seguridad, salud, trabajo, educación y paz. En el esfuerzo por alcanzarlo debe recordarse que la historia siempre juzga y que es mucho más productivo ajustarse a los principios ideológicos que identifican y garantizan, que improvisar alianzas que podrían cobrar facturas en el futuro.
En el vendaval mediático y electorero, vale la pena recordar cómo la brisa pascual y la gracia del Espíritu Santo hizo fecundos los primeros pasos de los apóstoles y discípulos, ensanchando la acción de la Iglesia en “nuevos ministerios y servicios a medida que crecía y su actividad se iba haciendo más compleja y expansiva”. Habían pasado juntos unos dos años y medio el Señor Jesús y sus discípulos y nos imaginamos la escena: dulcemente el Maestro desgranaba sabiduría eterna en el grupo, que se animaba y soñaba, cerraba los ojos y dibujaba en sus almas un porvenir de serenidad eterna, suavemente mecidas por la dulce voz que escuchaban. Yo soy el camino, la verdad y la vida, les dijo. El camino más recto que pueden ustedes siquiera pensar, andadura de pobres y ricos, enfermos y sanos, entristecidos y alegres; vengan a recorrerlo conmigo para alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, sanar el enfermo y dar felicidad al consumido por la ansiedad; un camino de esperanza y confianza, de paz y seguridad. Dejen de lado las rocas de la tentación y las piedras del pecado; encontrarán, como yo, agujeros profundos, amenazas, juicios trastocados y verdades a medias esgrimidas en su contra, cruces sembradas en las sendas de sus vidas, lanzas de calumnias y amenazas de muerte. Pero no teman; consérvenme en sus caminos porque conmigo también llevarán la luz de la verdad y el brillo inmarcesible de la vida nunca dejará apagar la luz del amor en el seno de mi Abba, que también es vuestro Altísimo Padre celestial, creador de caminos, fundamento de la Verdad y dador de la Vida.

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