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Editorial del Domingo 14 de Mayo de 2017

Madre amada Hoy es un día que sienten, casi todos los hondureños, el vivir los más nobles sentimientos de amor y de ternura! Es el día dedicado a la Madre, el ser más bello, noble y bueno, que ha tocado nuestra vida.


La relación Madre-Hijo entraña una profundidad amorosa única. Todo comienza desde que el hijo es fecundado. A partir de ese momento, son nueve meses de una intimidad única entre los dos seres. La Madre, brindando protección y abrigo a la nueva criatura, así como proveyéndole todos los requerimientos nutritivos hasta su completa formación.
Una vez nacido, comienza la más dedicada de las atenciones a su criatura, para satisfacer todas sus necesidades, con una consagración sin descanso, que continuará adaptándose a las diferentes etapas de la vida.
Cuando por situaciones puramente naturales, la criatura nace con una enfermedad o malformación que lo convierte en un “ser especial”, el cuidado maternal se transforma en una devoción amorosa, que trata de compensar, toda deficiencia que condiciona la vida de su hijo. Y luchará, toda su existencia, para eliminar que la minusvalía afecte la autoestima de su retoño.
Y es que ninguna persona tiene mayor influencia en la formación humana que la madre, quien se preocupa de todos los detalles del crecimiento físico, desarrollo intelectual y formación espiritual de su hijo. Es una labor que ella, con incansable dedicación realiza, pensando en los retos estudiantiles, sociales y laborales que después, a su hijo, le tocará asumir.
Y a lo largo de esos dedicados y perseverantes cuidados, va estructurando, uno de los aspectos fundamentales de toda persona: la formación afectiva. Es el aspecto  más importante para que una persona pueda interactuar con respeto, calidez y consideración con los demás, en el seno de la comunidad en que se tiene que desenvolver.
Es la madre, la que hace posible que la presencia de Dios en el seno de la familia sea siempre viva y efectiva. Es ella generalmente, la que explica los fundamentos de la doctrina cristiana y enseña las principales oraciones, en los distintos momentos del día.
También es la que está pendiente de la asistencia a la misa dominical y que los hijos puedan recibir oportunamente, los sacramentos de la iniciación cristiana. La enseñanza religiosa de la madre jamás se olvida. Así como el amor al prójimo y la consideración y ayuda para con los más pobres,
De esta labor, las madres han conseguido enseñar a sus hijos la autenticidad, veracidad,
autoestima, honradez y la rectitud de intención. Virtudes que forjadas en el seno del hogar, iluminan la vida entera, para generar una convivencia humana saludable.
En Honduras, es muy alto el número de hogares desintegrados. La desintegración familiar más común en Honduras es aquella donde el padre abandona el hogar y deja a la madre como única responsable del sostenimiento y la formación de los hijos.
Ahí la madre tiene que salir a trabajar, para ganarse el ingreso necesario y atender todos los gastos familiares, y a la vez, atender la función educativa de cada uno de sus hijos. Es una labor titánica, pero son miles de mujeres hondureñas que han asumido este reto y lo han logrado rebasar con creces.
En efecto, merecen gran admiración muchas mujeres, que han cumplido su función de madres con excelencia, ya que han logrado que sus hijos se conviertan en profesionales universitarios distinguidos y que, por méritos propios, logren posiciones laborales de mucha responsabilidad, debido a su capacidad.
Ese es el fruto de madres sacrificadas, que han estado multiplicándose ejerciendo, con ahínco, distintas labores, buscando obtener los recursos necesarios para alimentar y educar a sus hijos. Y por lo tanto, constituyen un ejemplo de valor y determinación que enaltece su condición de madres, que merecen la admiración y el reconocimiento de  la sociedad entera.
Son millones de hondureños que, en este “Día de la Madre” sienten despertar en su corazón el recuerdo de la mujer amorosa que supo donarse por entero en atenciones, cuidados y educación, a su persona. Impulsada el sentimiento del más puro amor, sin más interés que equipar a su hijo, con principios y valores éticos, para que en la vida pudiera encontrar la felicidad.
Fue la Madre del Señor Jesús quien dio este consejo valioso: “Hagan lo que Él (Jesús) les diga”.

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