Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Cultura

Cultura ( 2)
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
La semana pasada iniciamos un diálogo sobre la cultura. Y se me ocurrió dejarle de tarea a los amables lectores el reflexionar y contestar estas preguntas: ¿Es correcto hablar de una cultura cristiana? ¿A qué llama el papa Francisco “cultura del descarte”? ¿Ha habido alguna influencia del Evangelio en las culturas?  ¿Puede haber influencia de las culturas en la evangelización? Es mi turno de opinar al respecto.
Definíamos la cultura como el conjunto de costumbres, modos de vida, saberes y grados de desarrollo artístico, científico y técnico de una época o de un grupo social definido. Esto nos conduce a contestar afirmativamente: sí, sí hay una cultura cristiana. El cristianismo parte del kerigma o anuncio fundamental: “Jesucristo se encarnó por designio amoroso del Padre; nos redimió a precio de sangre, resucitó, nos mandó predicar y vivir el Evangelio y nos espera en su trono celestial”. Esta confesión de fe nos obliga a vivir de una manera coherente con la predicación del Señor Jesús. Podemos afirmar con contundencia que hay un modo de vivir cristiano, así como hay modos de vida anticristianos. Hay costumbres cristianas y costumbres anticristianas. El arte, la ciencia y la técnica han estado influenciados por las doctrinas cristianas y la teología actual es un saber científico que, basado en la revelación, ha sabido tender puentes entre la fe y la razón.
Por otra parte, hay un mandato del Señor Jesús, cuando nos dice «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt, 5, 48). Y una advertencia: «No todo el que dice “¡Señor, Señor!” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7, 21). A lo que se agrega la predicación apostólica por boca de Santiago: « ¿De qué sirve hermanos míos que alguien diga: “Tengo fe”, si no tiene obras? » (Cf St 2, 14-26). La fe cristiana debe modelar pues una vivencia y esa vivencia se vuelve cultural, por no decir mejor supra-cultural, pues se superpone a las diferentes culturas de pueblos diversos.
Lo que acabamos de afirmar nos conduce a dar respuesta a nuestras dos últimas preguntas. Hay influencia mutua entre Evangelio y cultura. Con antecedentes en la reflexión de los obispos de América Latina en el CELAM, la Iglesia afirma ese movimiento recíproco entre Evangelio y cultura, como lo expresó Su Santidad Juan Pablo II a los miembros del Consejo Pontificio de la Cultura, en enero de 1989. Se da una evangelización de las culturas, cuando el Evangelio ayuda a definir y perfeccionar elementos culturales propios de un pueblo: «Cada uno en la Iglesia, mediante la oración y la reflexión, podrá aportar la luz del Evangelio y la irradiación de su ideal ético y espiritual. De este modo, por medio de este paciente trabajo de gestación, humilde y escondido, los frutos de la Redención penetrarán poco a poco las culturas y les otorgarán abrirse en plenitud a las riquezas de la gracia de Cristo» (# 2).
Se da una inculturación del Evangelio cuando se aprovechan expresiones y manifestaciones culturales para proclamar la Buena Nueva cristiana: «Inculturar el Evangelio, no es reconducirlo a lo efímero y reducirlo a lo superficial agitado por la cambiante actualidad» (#6).  «Vuestra responsabilidad es ahora traducir estas orientaciones teológicas en programas concretos de pastoral cultural.» (#5).
Por la mundialización de las comunicaciones y las diversas tendencias globalizantes, también se da el fenómeno de elementos culturales que pugnan por imponerse a todas las culturas, pretendiendo llegar a ser, o siendo de hecho, elementos supranacionales de una cultura mundial predominante. Es el caso de lo que el papa Francisco llama «cultura del descarte». De ello hablaremos en nuestro próximo diálogo.

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