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Cultura (1) Diac. Carlos  E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com Hace menos de una semana, leí un titular de periódico: “Manifestantes evidencian su incultura”, seguía una foto de unos jóvenes escribiendo insultos en la pared de un negocio, con una leyenda a su pie: “vándalos hacen de las suyas”. 

El mismo día por la noche, un comentarista se refería a un empresario en los siguientes términos: “es tan inculto que no sabe nada de Cabañas”. Esto me lleva a reflexionar sobre la cultura, pero antes, un comentario ilustrativo.
Los vándalos fueron un pueblo germánico, originario de las riberas del Mar Báltico. Ante la llegada de los godos emigraron hacia el sur y, poco a poco, fueron penetrando en la Europa central y mediterránea, ya cristianizada, que los consideró bárbaros paganos. Cuando se refiere el castellano a “vándalos” se quiere referir a gente cruel y destructiva. Este ejemplo ilustra, de paso, que muchos tienden a menospreciar las culturas que no se asemejan a la suya.
La cultura es el conjunto de costumbres, modos de vida, saberes y grados de desarrollo artístico, científico y técnico de una época o de un grupo social definido. Por eso, el concepto de cultura está asociado al de pueblo, entendido como concepto étnicamente determinado. Y son tantos los modos de vida y costumbres que casi toda la actividad humana acaba representando una u otra cultura.
Leí ya no recuerdo dónde, hace ya bastante tiempo, que la cultura “es el sudor del género humano”, queriendo significar que es el resultado de un esfuerzo de hombres y mujeres a lo largo de los siglos y a lo ancho y largo del planeta. Así las cosas, la cultura es muy extensa y variada,  pues incluye la gastronomía (lo que se come y el cómo se prepara), el arte (en todas sus manifestaciones), el lenguaje (idioma, modismos, acentos), las formas de pensar (filosofía e ideologías dominantes), la religión (lo que se cree y cómo se vive y se celebra), el conocimiento (saber popular, desarrollo científico), la prácticas (técnicas y tecnológicas), etc.
Cuando nos preguntamos por la cultura hondureña, aun identificando muchas manifestaciones comunes, antropólogos y sociólogos nos invitan a reconocer que Honduras es un país multicultural, en donde las culturas se influyen y relacionan entre sí, subsistiendo algunas culturas con una identidad más marcada, como son la garífuna o la misquita, para citar sólo dos casos emblemáticos.
En otra ocasión dialogaremos sobre las llamadas sub-culturas, manifestaciones de un menor número de individuos, por lo general opuestos a una cultura dominante o que modifican fuertemente alguno de sus rasgos. Terminemos hoy refiriéndonos  a los calificados de “incultos”, por no conocer lo que la inmensa mayoría conoce (p.ej. no saben que sucedió en 1821), o por no apreciar las formas de cortesía más acostumbradas, o por atentar contra el bien común. El concepto se extiende a otros saberes y quehaceres supra nacionales: el “inculto” no sabe dónde queda El Cairo, ni quién fue Julio César, ni cómo escribir una carta en computadora. Por supuesto las nuevas generaciones y las aficiones tienen mucho que decir al respecto.  Los amantes del fútbol me tildarán de inculto si no sé al menos el nombre de unos siete jugadores insignia de equipos como el Real Madrid o el Barsa. Para preparar nuestro próximo encuentro semanal, le propongo hacer el esfuerzo por contestar las siguientes preguntas: ¿Es correcto hablar de una cultura cristiana? ¿A qué llama el Papa Francisco “cultura del descarte”? ¿Ha habido alguna influencia del Evangelio en las culturas?  ¿Puede haber influencia de las culturas en la evangelización?

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