Punto de Vista Reflexión

La valentía del Papa

La valentía del Papa
P. Juan Ángel López Padilla
Comienzo admitiendo que, el viaje del Santo Padre, la semana pasada, me sorprendió increíblemente, no por la calidez humana del Papa ni por lo que dijo, sino por el sólo hecho de atreverse a ir a un lugar donde los grupos terroristas han efectuado ataques mortales, en incontables ocasiones y más aún en el pasado reciente.
Incluso, debo admitir que, en algún momento, se me cruzó por la mente que podría darse un ataque, que al final, iba a terminar siendo televisado.
Este viaje, no era cualquier viaje. Era un poco seguir el camino de san Francisco. Era tender un lazo con la comunidad cristiana copta, que es la que más ha sufrido en los últimos años. Son miles, los que se han desplazado en los últimos 5 años, desde Egipto hasta Italia. De hecho, el mayor número de inmigrantes que han ingresado a la República Italiana han sido ellos.
Egipto, es una región cuya importancia ha sido fundamental en el proceso civilizador de la humanidad y en materia de historia de la Iglesia, increíblemente importante.
Lo del Papa, no fue un viaje turístico, fue una mano extendida, mejor, unos brazos abiertos a los hermanos cristianos de diversos ritos y a los musulmanes.
La presencia del Patriarca de Constantinopla, fue fundamental. En este mundo, que está sentado sobre una bomba de tiempo, el sólo gesto de encontrarse los que durante siglos se han distanciado por heridas que hasta el beato Pablo VI, no se habían intentado sanar, seriamente, fue una señal, que no puede despreciarse.
Tanto que se habla de geopolítica y lo que debería haber es geo-solidaridad, geo-reconciliación. La política todo lo arruina, porque se ha desvirtuado tantísimo su cometido.
Cuando el Papa se estrechó en un abrazo con el Gran Imán de la Universidad y la Mezquita de Al-Azhar, sinceramente se me pusieron los ojos un poco aguados. No es mero sentimentalismo, sino conciencia de que aquella no era una ocasión cualquiera. El Gran Imán es uno de los líderes más importantes del mundo musulmán, sino el más importante, y que ambos se hayan abrazo y hayan coincidido en la necesidad de trabajar por la paz, en una zona del mundo donde las cosas están tan desgraciadamente, resquebrajadas, era algo que debería servir de modelo.
Las religiones, no pueden seguir siendo lo que en el pasado. Si queremos que desaparezca la posibilidad de una guerra de consecuencias catastróficas, todos tenemos que trabajar para que se instaure la paz.
No es casualidad que el siguiente viaje del Papa, sea a Fátima. Cien años han pasado desde que la Virgen pidió a unos niños que no sabían ni leer ni escribir, que pidieran al mundo que se orase para que se convirtiera un país, del que ellos ni siquiera habían oído hablar y que iba a ser, en su forma ideologizada, la mayor máquina de producir muertos en la historia de la humanidad. Los mártires que la Unión Soviética y sus satélites produjeron, no tiene precedentes.
Es probable que, cien años después, tenemos que volver a repetir la fórmula que, en Fátima, y vaya nombre, el de una de las hijas de Mahoma, se nos pidió. Así que, Papa Francisco ya hizo su parte, a ver si nosotros hacemos la nuestra. Orar, orar, orar.