Homilía del Domingo 7 de Mayo de 2017

Homilía del Señor Arzobispo para el IV Domingo de Pascua “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 1-10) Jesús comienza con una afirmación muy fuerte: “Les aseguro  que el que no entra por la puerta en el aprisco... ese es ladrón y bandido pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”. La imagen de esta escena está tomada de la vida pastoral de la cultura rural de Israel.

Jesús utiliza esta imagen para decir que hay dos maneras de entrar en el redil. Si alguien se acerca al redil y no entra por la puerta sino que salta por otra parte es evidente que no es pastor. Es un ladrón y bandido que viene a robar y a hacer daño. Son unas palabras dirigidas claramente a todos los que ostentan el poder de su época y oprimen al pueblo.
Actualmente también en nuestra sociedad hay muchos ladrones/bandidos de ovejas hay en estos tiempos confusos, de corrupción, de explotación  de personas, y de violencia.…
Jesús afirma que existe un solo modo de acercarse a las ovejas, “entrando por la puerta”;  quien penetra por otro lado, no lo hace por amor a ellas sino para explotarlas. Por eso, Jesús los llama ladrón y bandido: ¿en qué sentido? “ladrón”, porque se apropia de lo que pertenece a todos. Ellos le quitan al pueblo lo que es suyo. Le quitan la libertad, y “bandidos” porque usan la violencia para someter al pueblo,  reduciéndolo a un estado de hambre, de miseria y de muerte ¿No es esto una realidad lamentable en nuestro mundo de hoy, a nivel de la economía, de la política y hasta de la misma Iglesia?
En contraste con los ladrones y bandidos Jesús opone la figura del “pastor que es el que entra por la puerta”… Entrar por la puerta que es Cristo es escuchar su voz, y seguirlo, dejándonos  llevar de todo lo que Él dijo,  de la manera como Él amó, de la fidelidad con que Él vivió, de su disposición constante al servicio de los pobres y los débiles, de su constante actitud de confianza en el Padre y en definitiva en querer vivir como Él.
Jesús viene para cuidar de las ovejas, “las va llamando por su nombre”; llamar por el nombre significa amar, es decir, Jesús es Aquél que ama a cada ser humano como único y el que viene a sacarnos  de la muerte y de todo lo que nos oprime, Él viene a liberarnos; sí, Él es Alguien que nos ama y que nos hace verdaderamente libres; libres de toda alienación, Él viene  para darnos Vida ¿Nos sentimos llamados por nuestro propio nombre?
Y Jesús añade: “Y las saca fuera”.  ¿Qué quiere decir las saca fuera? Quiere decir que Jesús es  el que nos  libera del recinto en el que estamos encerrados (hay muchas formas de estar encerrados). Él nos “saca fuera”. Éste es el verdadero pastor, el que nos saca del redil de opresión en que estamos encerrados, dominados, esclavizados. Es decir, Jesús, de manera reiterativa viene a llamarnos fuertemente a la  libertad.
Además, Jesús es también pastor  que “camina delante de ellas”…  Quiere decir, que Jesús camina delante de nosotros abriendo horizontes de vida y de esperanza. Jesús nos marca el camino; Él mismo es el camino, que estamos invitados a recorrer. Su voz nos anima al seguimiento y nos comunica la verdadera Vida. ¿Cómo no seguir a Aquel en quien vamos experimentando como la plenitud de todo lo humano?
“Y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”. En aquella época del antiguo Oriente, cada pastor, por la mañana, solía sacar a sus ovejas para llevarlas a pastar. Esto se hacía por medio de un silbido o una voz que las ovejas conocían muy bien. Cuando oían la voz del pastor, las ovejas que se identificaban con esa voz salían. Nosotros, ¿escuchamos Su voz o escuchamos “otras voces”  que gritan más fuerte y que no nos aportan Vida? Jesús se identifica con ese pastor dueño que cuida las ovejas.
“Oyen su voz”.  Es una frase con profundas resonancias bíblicas, “oír la voz del Señor” es conocerle y  su voz es profundamente  liberadora. Pero hoy, ¿Quién escucha su voz? Es la voz que libera de verdad. Nos pasamos la vida corriendo de un lado para otro, buscando el amor que deseamos. Ha llegado el momento de escuchar esa voz interior que llena nuestro corazón.
El verdadero pastor es el que se entrega libremente;  su amor y su solicitud comunica y contagian Vida. Todos estamos de alguna manera llamados en la Iglesia al “pastoreo”, es decir, a cuidar la vida de aquellos que nos son confiados. Hoy en el Evangelio, Jesús, termina con una afirmación extraordinaria: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Sí, Él ha venido para la vida, para que tengamos  una vida plena de sentido. Necesitamos redescubrir hoy, que el Evangelio es fuente inagotable de vida abundante. A pesar de todas las dudas e incertidumbres, podemos descubrir a Dios como Alguien que sostiene nuestra vida, incluso en los momentos más difíciles,  que nos da fuerza para comenzar siempre de nuevo,  que alimenta en nosotros una esperanza indestructible cuando la vida parece apagarse para siempre. En nuestra sociedad nos encontramos aún con muchísimas vidas rotas a causa de diversas formas de discriminación y de exclusión, que generan tanto sufrimiento injusto y humillante.
Que nosotros, en este domingo, optemos por la vida que Él nos ofrece cada instante y  renovemos nuestra confianza reconociéndole como nuestro Pastor y diciéndole en nuestro interior: “Tú Señor, eres mi Pastor, nada me falta aunque pase por valles de tinieblas no temeré,  porque Tú vas conmigo”. (Sal. 123).  Nada me falta. En medio de las dudas, de las revueltas del camino, peligros, dificultades, podemos decir: “nada me falta”…  Nada temo porque Tú vas conmigo.

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