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Un bocado para indigentes

Solidaridad Un bocado para indigentes Solicitan donaciones de las instituciones y las grandes empresasinstaladas en el territorio colaboren con la causa Texto y fotos: Helen Montoya Handal Aguilera montoyahj9@gmail.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Alejandro Mejía luce ropa ancha, desgastada y sucia. Guarda turno; con la mano derecha sostiene el boleto para reclamar un almuerzo en el comedor solidario que administra la Pastoral Social de la Catedral San Pedro Apóstol.


Tiene 34 años de edad y comenta que a los 10 años quedó huérfano; desde entonces, de las aceras hace su cama: coloca unos cartones en las afueras del Ferrocarril Nacional. “Busco botellas a cambio de algunos lempiras”, expresa amable, pese a la depresión que arrastra. Hace seis meses que recibe almuerzo gratis; para la cena busca algunos desperdicios en la basura de restaurantes.
“Quien no lo haya vivido puede llegar a entender lo doloroso que es verse en la calle”, comenta el joven que según su juicio, sin hacer mal, ha sido castigado por la vida. “No soy nadie”, expresa, sin confesar más detalles sobre su vida, más que una larga lista de ausencias. “No sé cuanto llevo en la calle. Ya me acostumbré al calor y al frío”, concluye.
En la fila, un grupo de personas posan. Son de condiciones similares a la de Mario, aunque la mayoría tienen edad avanzada. La cola de la comida, que se repite de lunes a sábado es una benéfica visión del comedor solidario “Misericordia de Dios”, un proyecto creado en octubre de 2016, de inspiración caritativa para alimentar diariamente a 100 indigentes.
Caliente, variable y nutritivo. Cada día tiene su propio menú: los lunes sirven arroz con pollo, ensalada, tortilla de maíz y refresco, mientras que el martes, carne molida con vegetales, arroz, frijoles guisados, tortilla y refresco; los demás días sopa y pollo frito o en caldo. Cada uno de los comensales que acuden al comedor debe adquirir previamente los boletos; la entrega inicia a las 8:00 de la mañana. A partir de las 11:30 comienzan a servirse los almuerzos; la mayoría suele llegar antes. La fila va creciendo a medida que llega la hora. Hay gente muy diversa, pero todos con la necesidad de saciarse.
Entre tanta tristeza hay presunciones de esperanza. Algunos de los comensales buscan empleo. Con la puerta abierta no hay tiempo para charlas. Unos 20 comensales ocupan ya las mesas de este comedor. El resto come afuera del local.
A medida merman su hambre, unos conversan, hacen bromas, que por unos instantes, los alejan de la espalda del mundo. En ese recinto, las personas sin hogar agradecen el gesto cotidiano. Allí todos comparten un denominador común: están solos y necesitan ayuda para seguir adelante.
Los indigentes que permanecen en estos lugares con deterioradas condiciones higiénicas, escasas veces reciben la colaboración de algún transeúnte. Los sorprende el sueño en medio de cartones y trozos de nailon por abrigo.
Pero este problema social “no desaparece ni se puede esconder” porque “hay demasiadas personas en la calle”, detalla Melissa Cálix, ciudadana del municipio. En el centro de San Pedro Sula no funciona ningún otro comedor público estatal o municipal.
Para Mabel Escoto, administradora del comedor, no se dan abasto para hacer más comida. El proyecto tiene presupuesto para 50 platos pero debido a la demanda sirven de 80 a 100. “Siempre quedan unos  cinco sin comer.
Nos da pesar pero no alcanza para más”, comenta con pesar, ampliando que recién inaugurado no cabían las donaciones.  “Ahora son pocos los que vienen a apoyar, sin embargo, la pastoral continúa dando el servicio”, explica.
Más de un centenar de personas acuden diariamente a recibir esta ayuda social. No hay censo de cuántas personas deambulan por San Pedro Sula pero son cientos, entre ellos hay menores de edad. El local funciona enfrente del parqueo del obispado. Empresas y personas hicieron la donación del equipo de cocina, no obstante, ocupan la colaboración  de víveres.
Se gastan aproximadamente 35,000 mil lempiras al mes para cubrir únicamente la materia prima de 2,400 platos de comida. El proyecto fue socializado por todas las comunidades de la parroquia luego que el consejo de la Pastoral Parroquial aprobara la creación del comedor. De un inicio repartían 50 platos al día pero la demanda ha aumentado y hacen 100, aunque algunos quedan sin alimentarse.
Todos los días llegan al obispado personas que no tienen un hogar a solicitar alimentos; además acuden migrantes retornados.

Inauguración Desde hace seis meses la Pastoral Social de la Catedral San Pedro Apóstol combaten la marginación, el abandono y la exclusión social asociados a la calle, donde los perfiles son diversos: ancianos sin parientes, jóvenes que a temprana edad quedaron huérfanos, enfermos  alcohólicos y adictos al resistol; otros con trastornos mentales y discapacidades físicas.
El día de San Francisco de Asís, el cuatro de octubre de 2016 fueron servidos los primeros almuerzos a las personas sin hogar.
Antonio Fuentes reside en La Lima. Su semblante muestra preocupación debido a que  todas las puertas laborales se le han cerrado. “Tengo cinco hijos y no he podido ni siquiera hacer trabajos  de jardinería.
Quiero laborar aunque sea de vigilante o de chapeado’, refiere el señor de 66 años de edad, quien ha llegado por seis ocasiones a almorzar al comedor solidario.
María Josefa Pineda, duerme en una galera en Dos Caminos. La señora cuenta que debido a sus achaques: dolor de rodillas le dificulta llegar. “Paso enferma y no sé venir seguido. Mis tres hijos me daban todo pero me los mataron y quedé sola”, dice entre sollozos.
Mientras que a Pastor Gómez se le dificulta articular las palabras debido a su estado de ebriedad. Pide ayuda para rehabilitarse, pues asegura que ya no quiere estar en la calle.

El dato
Apoyo
Si desea ayudar pueden donar granos básicos, carne, pan, y otros alimentos. Además platos y vasos desechables.

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