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Sobre aborto y ecumenismo

Sobre aborto y ecumenismo Jóse Nelsón Durón V. Mucho se dice sobre el aborto, uno de los temas que acapara la atención pública en estos momentos y que ha dividido la sociedad y está generando muy variadas opiniones; unas, que podríamos calificar idóneas por informadas y otras que, interesadas, cabalgan albarda y aparejo al aire pretendiendo confundir.

Al establecer la Constitución de la República en el Capítulo II, de los derechos individuales, Artículo 65, que el derecho a la vida es inviolable, garantiza el derecho a la vida de todos los ciudadanos y en el siguiente Artículo 66 prohíbe la pena de muerte. Da la Constitución el tiro de gracia en el Artículo 67: “Al que está por nacer se le considerará nacido para todo lo que le favorezca dentro de los límites establecidos por la ley”. La verdad, como dicen en la costa norte, “no hay más tren que el que pita” y la pretensión de cambiar estipulados que trascienden la voluntad y la ciencia humanas por la sola comodidad personal, contraviene las más íntimas y profundas inspiraciones que Dios ha sembrado en el alma humana. Es tan noble nuestra Constitución, que afirma que “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, síquica y moral”… “Nadie debe ser sometido a torturas ni penas o tratos crueles inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”, y “Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho” Las palabras y actos de ciertas personas van en sentido contrario; van en el sentido de la desaparición forzosa de un ser que no tiene la culpa de nada, por el solo prurito de la supuesta protección de la madre ante violaciones, aun y cuando expertos señalan que solamente un uno por ciento de las mujeres que sufren violación resultan embarazadas; otro argumento a favor de la despenalización del aborto es la inviabilidad de vida del niño concebido, la protección del mismo niño ante enfermedades congénitas y la conservación de la vida de la madre.
En mi familia contamos orgullosamente con una hija, ciudadana estadounidense ahora, que debió ir a vivir a Nueva York y que, estando embarazada, fue notificada que era recomendable el aborto y ella debía autorizarlo, en vista que el niño tenía todas las probabilidades de sufrir Síndrome de Down por el sufrimiento fetal durante el proceso de parto, de condiciones muy difíciles. Nuestra hija negó absolutamente esta posibilidad y nuestro nieto es ahora orgullo de la familia, muy guapo, inteligente, juguetón, buen estudiante y muy bondadoso y recibió la Primera Comunión el 29 de este mismo mes. Si el error sucedió en un Hospital de Nueva York, sin deseos de degradar y menospreciar lo nuestro, ¿qué garantías hay de que no suceda en nuestro país? Muchos argumentos corren en un sentido o en el otro sobre la despenalización del aborto, con la oposición frontal y decidida de la Iglesia y de algunas denominaciones protestantes. Sin embargo, como afirma la Arquidiócesis de Tegucigalpa: “Un grupo de personas, que se hacen llamar “Ecuménicas por el Derecho a Decidir”, han publicado un cierto “llamado” a la Misericordia “en tiempos de Cuaresma y Semana Santa”, citando indiscriminadamente algunos textos de la Biblia y citando, incluso, uno de los mensajes del Papa Francisco”. Señala la Arquidiócesis también la cerrazón y el rechazo de estos grupos protestantes a la palabra de Dios y a la Liturgia de la Iglesia en esta Cuaresma y Pascua recién vivida. En primer lugar vale la pena advertir la vigencia de la política del desecho que ha señalado el Papa Francisco y denunciar reiteradamente la tendencia a menospreciar la vida de las personas, como objetos que pueden ser, por ejemplo, usados como blancos en el campo de tiro de la inseguridad en que está sumida la sociedad actual. ¿Vendrá este deseo de auto aniquilamiento de la tesis de Zygmunt Bauman llamada “retrotopía”, que es la búsqueda de la utopía en el pasado? ¿Se tratará de la desaprobación pública y general de las autoridades que con sus malas obras imprimen a todos una desazón inevitables? ¿O será porque “las películas y novelas actuales se catalogan cada vez más como de terror y literatura gótica, presintiendo un futuro tenebroso en el que nadie preferiría vivir”? El pesimismo atenaza nuestra esperanza y el miedo a vivir le da rienda suelta a nuestras más negras respuestas.
Desde esta columna pedimos al Congreso Nacional se realice la votación sobre la despenalización o no del aborto con consignación de nombres, para que la nación conozca los nombres de diputados que la favorezcan y los grupos que representan, porque no debería ser posible que 65 votos decidan en algo tan fundamental como la vida humana en nombre de ocho millones, es decir 8 votos por cada millón de hondureños. Descabellado. Por otro lado, variadas son las insinuaciones sobre el ecumenismo que se esgrimen, especialmente cuando conviene a intereses variopintos que tratan de ganar espacio y reconocimiento por un supuesto sentido de eclesialidad basado en también supuestos profetismo, ministerialidad y autoridad, en la búsqueda de aprobación con alto grado de protagonismo y proselitismo. Cuidado sumo debe tenerse con el falso sentido de ecumenismo esgrimido por algunos, como nos advierte 2 Jn 8-11 y recordar que ecumenismo es un acto de acercamiento, no de adopción de prácticas o doctrinas sincréticas, como tampoco es reconocer supuestos errores o que las diferencias son de alguna manera justificadas por la generalización de la obediencia al mismo Dios. La generalización no reconoce las diferencias y debe recordarse que, aun así, la calidad de diferente no implica autenticidad; es la singularidad la que otorga la originalidad y particularidad, que es sinónimo precisamente de autenticidad. Afirman algunos con desparpajo: yo era católico pero… te lo digo de todo corazón, no salgas antes de entrar; no deseches antes de conocer, no odies antes de amar. No puede resucitarse antes de morir. Conoce tu Iglesia y ámala con todo el corazón, pues es el camino despejado por el Señor para que regreses a Casa y para que la hagas conocer, la respetes y defiendas. La santa Eucaristía es uno de sus signos más importantes y la que te transmite el ADN del Señor Jesucristo, para que sientan Su presencia quienes se acerquen a ti y reflejes Su imagen en todos los actos de tu vida. A propósito de ecumenismo y de tu catolicidad escribe Romano Penna: “Un acto de conocimiento deja al cognoscente y al conocido en su respectiva alteridad. Pero un acto de amor funde a entrambos en una sola cosa. Y así es como cambia la historia de cada uno de ellos”.

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