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Homilía del Domingo 30 de Abril de 2017

Homilía del Señor Arzobispo para el Tercer Domingo de Pascua “Quédate con nosotros porque atardece” (Lc. 24, 31-35) Esta bella súplica de los discípulos de Emaús puede ser nuestra oración hoy: “Quédate con nosotros”. Esta súplica es de hoy y de todos los tiempos, como aquella tarde en Emaús.


“Aquel mismo día, dos de ellos iban de camino a una aldea llamada Emaús… Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. (Lc. 24, 13-35).   El relato de Emaús es una de las páginas más bellas del Evangelio. Expresa una experiencia de encuentro con el Resucitado: dos discípulos tristes y desesperanzados caminan hacia Emaús… A veces, también nosotros, como estos discípulos, vamos entristecidos y desesperanzados por el camino de la vida. Pero en el encuentro con el Resucitado podemos pasar, como ellos, del desencanto  a la alegría, la alegría que llena el corazón de los que se encuentran con El.
Caminar hacia Emaús era ir hacia atrás, de Jerusalén ir hacia atrás. Podemos decir que Jerusalén era la ciudad del sentido y de la plenitud. Ellos esperaban que Jesús fuera el liberador de Israel, pero las cosas no se han desenvuelto como ellos esperaban. Jesús ha sido crucificado y ha muerto en una cruz. Eso ha sido terrible para ellos, todo había terminado. Y aquellos dos discípulos se desaniman y abandonan la ciudad del sentido, Jerusalén,  y caminan hacia Emaús, “la aldea del sin sentido”. Estos discípulos han caído en el desencanto y en una gran frustración al ver a su Maestro muerto en un  patíbulo y se marchan como todos. Ante toda frustración siempre ponemos en marcha  un mecanismo de huida…y caminamos  sin sentido. Ellos abandonan la comunidad y resulta que a Jesus sólo se le encuentra en comunidad…
Nuestra vida, como la de los discípulos de Emaús, muchas veces está cargada de dificultades, de sin-sentidos y a veces, de una gran desilusión. Pero lo importante en la vida es que aunque tengamos la impresión de que estamos “caminando hacia atrás”, sin sentido. Cuando, en el camino de nuestra vida caminamos hacia atrás, es decir, en el sin sentido, podemos tener la certeza de que el Señor está presente en nuestro camino, incluso en nuestro sin sentido. ¿No tenemos experiencia de ello?
“Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acerco y siguió con ellos”. Jesús sale al encuentro de los que huyen de El. Camina con los que se sienten decepcionados de todo. Escucha, una por una, todas sus quejas. Es increíble el amor de Jesús para escuchar nuestras quejas y nuestras lamentaciones, precisamente cuando nos encontramos en crisis, frustrados, decepcionados.
“Sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo. En la confusión que llevan dentro no distinguen nada con claridad ¡Cuántas veces nuestros ojos están ofuscados y no vemos claro…Jesús les dice: “¿De que discutían entre Ustedes por el camino?”. A El le interesan nuestras vidas. Le interesa todo lo nuestro. También cuando estamos tristes. El no nos abandona nunca. Ellos van discutiendo. En la discusión acaloramiento y agresividad.
Jesus ha sido el soporte de sus sueños y  todo se ha derrumbado. Ellos reaccionan con un tono agresivo: “¿Eres tu el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha ocurrido allí en estos días?”.  Jesús les dice: “¿Qué?” y ellos responden: “Lo de Jesús el Nazareno que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo…”.
Huyen de Jesús y a la vez lo reclaman en su corazón. Cuando se abren de verdad, descubren que su tragedia ha sido no haber reconocido al Mesías en el Crucificado.
“Nosotros esperábamos que El iba a ser el futuro liberador de Israel”. Esta es la palabra de todos los decepcionados de Jesús: “Nosotros esperábamos…”. Si no queremos caer en la tristeza de todos los decepcionados, no deberíamos utilizar esta frase. Jesús nunca decepciona, nunca defrauda a nadie, pero el corazón de aquellos discípulos estaba lleno de ambiciones, ellos buscaban el prestigio, el poder, como nosotros a veces. En este sentido, podemos vernos reflejados en algunas situaciones de nuestra vida, en los discípulos de Emaús.
Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes para creer!”. Y estas palabras les debieron llegar al alma.  “Necio” es una palabra dura¡ Necios y torpes! Se pueden tener muchos títulos y diplomas y no tener la inteligencia del corazón. “Les explicó todo lo que se refería a El en toda la Escritura.  Hay un momento en que el Resucitado interviene y toma la palabra y ellos empiezan a escuchar su Palabra. Y algo extraordinario pasa en esta conversación: Jesús toca el corazón, hace arder el corazón…
Ya cerca de la aldea, El hizo ademán de seguir adelante. El peregrino hizo ademán de seguir adelante. Es decir, disimula, quiere quedarse con ellos pero, a la vez, quiere que se lo pidan. Jesús no quiere ser un intruso en nuestra vida. Quiere quedarse, pero necesita que se lo pidamos. Ahí entra en juego  nuestra libertad. “Ellos le insistieron”. Le insistieron tanto, que casi le obligaron a quedarse.
“Y entró para quedarse con ellos”y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.” Sucedió algo verdaderamente inimaginable para ellos. Jesús ya no va a hablar, sólo realizará un gesto familiar y solemne que va a constituir la  gran revelación que es la Eucaristía. Jesús se puso a la mesa. Partió el pan de una manera tan especial que se les abrieron los ojos y lo reconocieron.  El crucificado había resucitado y vivía para siempre y comprendieron que su amor nos busca siempre, pero sobre todo en los “caminos de Emaús”.
Quédate con nosotros, la tarde está cayendo”. ¿Qué sería de nosotros sin ti? Sin tu Presencia, no sabemos por dónde tirar. No sabemos qué hacer a partir de ahora, solo te pedimos que te quedes con nosotros. No le dicen: ha sido maravilloso conocerte. Gracias por tus ideas. Nos has ayudado mucho….No le dicen: encantado de haberte conocido…sino: quédate con nosotros.
Tal vez, cada uno, podemos preguntamos, ¿Quiero que venga a conocer todo de mi vida? ¿Le permito también  entrar en esos sectores personales que le mantengo cerrado? ¿Quiero realmente que se quede con conmigo, cuando anochece y el día toca su fin?
Hoy podemos decirle: “Quédate con nosotros”. Quédate con este mundo que es tu casa. Quédate con esta Humanidad que es tu familia. Quédate, Señor, con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables; quédate con los pobres y con todos los excluidos de nuestra sociedad. Quédate también conmigo.

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