Diócesis San Pedro Sula

Sampedranos reflexionan sobre las familias durante el Vía Crucis

Sampedranos reflexionan sobre las familias durante el Vía Crucis
Durante el Vía Crucis  cientos de personas se adhirieron a la procesión hasta formar un río humano, en cada estación se reflexionó sobre la difícil situación de las familias hondureñas atrapadas en la pobreza y la desintegración.


Helen Montoya Handal Aguilera
 montoyahj9@gmail.com
Fotos Mario Enriique Mejía
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En la puerta de la catedral San Pedro Apóstol, Fidelina Ulloa espera el comienzo de las actividades del Viernes Santo. Poco a poco los creyentes ingresan reflexivos.
La señora Ulloa hace cuatro años duerme en una acera del Barrio el Centro de esta ciudad, llegó antes de las seis de la mañana;  asegura que fue movida por un destello de fe.
Pese a su situación de calle, doña Fidelina yace en el suelo, observa a Cristo Crucificado y entre sollozos expresa que no ha llegado a pedir sino a agradecer a Dios por tenerla con vida.
“Todas las tardes vengo a rezar y sobre todo a agradecer por mi vida. Mi familia no me quiere y me he sentido sola y desde que  mi madre murió arrollada por un carro quedé sin techo”, relata la devota quien viste un atuendo sucio; amplía que al ver el sufrimiento que Jesús padeció por causa de los pecadores la llena de melancolía y no puede evitar quebrantarse.
En medio de un poniente sol, miles de cristianos avanzaron sin detener su paso desde la tercera avenida hasta recorrer el Barrio Barandillas, Guamilito y los Andes: una procesión que duró más de tres horas.
A paso lento y con las rodillas adoloridas, don Juan Kattán empuña un bastón y con voz entrecortada a causa del cansancio opina que es un privilegio participar en el recorrido en el que se conmemora la pasión de Jesús.
María Aurora Madrid, participó en la dramatización de la sexta estación. Allí en el acto de la oración pidió por la paz, el amor, el perdón y la justicia. “Este año ha habido más recogimiento y devoción”, afirma la creyente procedente de la colonia Sitra Aluz
“Yo sentí la presencia del Señor, que él estaba conmigo. Un calor me penetró y sentí un fuego en mis palmas. Me ha tocado”, dijo entre sollozos. Para ella ese momento espiritual inicia con la familia pues a su criterio es ahí donde se debe mostrar el amor, vivirlo y experimentarlo.

Reflexiones Un alto a la violencia  doméstica, a la paternidad irresponsable y al divorcio eran algunos de los temas que se trataron  en las meditaciones del Vía Crucis dedicado a la familia en la que participaron centenares de sampedranos.
En las distintas estaciones meditaron sobre temas de actualidad; en la Primera Estación, ‘Jesús es condenado a muerte’, allí reflexionaron sobre el miedo. En la Tercera Estación ‘Jesús cae por primera vez’ y profundizan sobre el sufrimiento del hombre. Mientras que en las demás estaciones trataron sobre el sufrimiento de los niños y mujeres cuando se divide una familia.
“La Iglesia ya no puede dejar más claro hasta qué punto considera a la familia como el sostén de la vida cristiana y el eje de la nueva evangelización, expresó monseñor Ángel Garachana, obispo de la Diócesis de San Pedro Sula.
En su mensaje el obispo puntualizó que toda la Iglesia Católica de Honduras tiene el mismo lema: La familia, casa y escuela del amor.
“Un Vía Crucis que tenga como núcleo y enseñanza Cristo y la familia. Un hermoso mensaje en cada estación muy bien aplicado a las diversas situaciones y experiencias; favores alegrías y tristezas, deseos y esperanzas de la familia’, dijo Garachana, concluyendo que  contemplar la Pasión y Muerte de Jesús es contemplar el amor de Él, pues la cruz es el signo supremo de amor.
“El sacrificio de la cruz es el modelo que las familias deben seguir: un amor que perdona, que renuncia, que da vida, es amor de servicio; el uno por el oro entre los miembros de la familia, buscar el bien del otro y no actuar egoístamente”, finalizó.

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