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El histórico gesto que nos enseña a servir

El histórico gesto que nos enseña a servir Esta Eucaristía conocida por el lavatorio de pies no es simplemente una representación de algo que paso hace más de dos mil años, es amor, es que Cristo nos amó hasta el extremo y nos sigue amando. Texto y fotos: Eddy Romero emromero@semanariofides.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Con la celebración vespertina de la Cena del Señor, se concluyó la Cuaresma e inició el solemne Triduo Pascual, que conmemora los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En la Catedral San Miguel Arcángel se dieron cita cientos de fieles para agradecer a Dios el don de la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor que se conmemoran ese día.
Un momento muy curioso que se vivió en este sitio fue el ingreso de una pequeña paloma al interior del templo. Conocidas por su preferencia de vivir en los templos, este peculiar animal, andaba rota una de sus alas, ingresó hasta el altar y luego se quedó frente al Monumento de Jesús Eucaristía. Esta singular acción robó una sonrisa al Cardenal Óscar Andrés Rodríguez que presidió el inicio del Triduo Pascual. Mientras se proclamaba el Evangelio, se seguía el recorrido de esta ave, sin descuidar la Palabra de Dios. Descansó frente al monumento y algunos fieles con gestos de ternura indicaban que estos eran signo propicio de este día.

LAVATORIO El cardenal Rodríguez le recordó a la feligresía que esta Eucaristía conocida por el gesto del lavatorio de pies “no es simplemente una representación de algo que pasó hace más de dos mil años, es amor, es que Cristo nos amó hasta el extremo y nos sigue amando. Y es este amor el que lo lleva a realizar el gesto fraternal, servicial de lavarles los pies a sus discípulos”.
“Tal vez los discípulos y también nosotros, hubiéramos esperado un gesto clamoroso de poder, un último milagro grandioso en donde fijará el recuerdo del Señor. Pero aquellas manos, para sorpresa de todos, toman un jarro de agua, una palangana y una toalla y ese es su último y más importante gesto de amor. Sus manos no se ocupan de hacer un milagro espectacular, hace la labor de un criado, lavar los pies de sus discípulos, aquellos pies que estaban destinados a caminar por todo el mundo para llevar la buena nueva de la salvación. Unos pies lavados de antemano, en previsión del cansancio, unos pies en cierto sentido, consagrados para ser misioneros” dijo.
Acompañó al arzobispo capitalino, monseñor Juan José Pineda, quién fue el encargado de realizar el lavatorio de los pies. Como en otros años, en la sede metropolitana, representan a los apóstoles, los miembros de los diferentes grupos apostólicos de este lugar.

ADORACIÓN Luego de la Eucaristía se realizó una procesión con el Santísimo dentro de la Catedral mientras se entonaban algunos cantos eucarísticos. Las personas acompañaron esta procesión, algunos oraban, otros cantaban pero sobre todo, era un momento propicio de adoración. Posterior a esta procesión, se colocaron las formas consagradas en el monumento previamente preparado.
Este monumento, tradicional del Jueves Santo tenía en la parte superior una imagen del Cordero, que simboliza a Cristo. Una tradicional cruz, de la cual se emula la salida del Espíritu Santo en forma de paloma que observó la simpática ave que ingresó ese día a la Catedral. Más abajo el sagrario donde se reservó al Santísimo Sacramento. Este monumento, era custodiado por cuatro imágenes de ángeles que señalaban el sagrario.

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