Opinión Punto de Vista

Día de la Tierra

Día de la Tierra
Manuel Cerrato
Periodista.
mcerrato@unicah.edu
La proclamación  del 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra supone el reconocimiento de que la Tierra y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia. También supone reconocer la responsabilidad que nos corresponde de promover la armonía con la naturaleza y la Tierra a fin de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras. Esta semana se ha celebrado el Día de la Tierra, pero la verdad es que hay poco que celebrar.
Mientras por un lado los mandatarios de los países desarrollados asisten a pomposas cumbres en las que finalmente se niegan a suscribir tratados que reduzcan efectivamente la contaminación y otras medidas contra el cambio climático, El Día de la Tierra, tiene que servir como un llamado de atención a las conciencias, sobre todo de los gobiernos y las autoridades para reparar en la gravedad del problema, un signo de nuestros tiempos. Los ciudadanos, en tanto, no pueden cejar de exigir su derecho de vivir en un ambiente limpio y sano.
No hay tiempo que perder. Desde diversos frentes, científicos, tecnológicos, económicos, sociológicos, y sociales, se ha explicado de modo exhaustivo cómo se inicia la cadena contaminante que ha puesto en agonía el planeta. La Encíclica del papa  Francisco sobre el cuidado de la casa común se hace esta pregunta “Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. La pérdida de la biodiversidad: “Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, pérdidas para siempre.
No son sólo eventuales “recursos” explotables, sino que tienen un valor en sí mismos. En esta perspectiva son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano, pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de las finanzas y el consumismo, hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris. La deuda ecológica: en el marco de una ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe una autentica deuda ecológica sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. Frente al cambio climático hay responsabilidades diversificadas y son mayores las de los países desarrollados.
Por eso, tienen que ser mirados con beneplácito los esfuerzos que todas las organizaciones para la defensa ambiental y los grupos ecológicos, hacen en procura de cuidar lo que aún queda del entorno natural y de crear conciencia sobre las graves dificultades que vivirá el mundo, si no se adoptan medidas urgentes que protejan nuestros recursos naturales. Llegar a  imaginar hace algunos años que el mundo se movilizaría solidariamente para preparar una fiesta ecológica y señalar un día para que el hombre de todas las latitudes volviera a mirar hacia el Planeta Tierra; preocupado por su muerte ambiental, hubiera sido cosa demencial; pero con el acelerado deterioro de las condiciones ambientales.
Cada gobierno tiene una gran responsabilidad en su país, por cuidar la tierra en su justa distribución, para que las mayorías las trabajen en procura de hacerlas producir con el propósito de subsistencia familiar, la tenencia de la tierra debe ser justa y equitativa, una exigencia cada vez más latente sobre todo en Honduras donde el 80 por ciento de las tierras cultivables está en manos de unos pocos latifundistas, mientras que la mayoría de la población tiene que conformarse con el  20 por ciento restante y hay miles de familias que no tienen acceso a la tierra. A la vez debemos saber cuidar los recursos minerales hoy en día  las concesiones mineras son rechazadas por las comunidades pues el daño que dejan es enorme al poner en riesgo la vida humana y animal con la contaminación de desechos químicos, en tal sentido decenas de organizaciones, una creadas con el fin de orientar sus esfuerzos hacia el mejoramiento de los niveles ecológicos y otras dedicadas a otros menesteres, pero preocupadas todas por la razonable utilización de los recursos naturales y las condiciones ambientales.
No seríamos capaces de afirmar, sin correr el riesgo de equivocarnos, que algún día, así sea lejano, los habitantes del globo adquirirán la responsabilidad indispensable para la reconstrucción ecológica  del mundo, pero si nos atrevemos  a asegurar que se requiere el esfuerzo de todas las entidades que de alguna manera tienen vínculos con la naturaleza o están encargadas de velar por su razonable utilización, para formar y preparar a las generaciones sucesivas para la defensa común.

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