Buenas Nuevas

“A los ocho días llegó Jesús”

Al encuentro de  la palabra… según San Mateo para la Lectio Divina
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
“A los ocho días llegó Jesús” (Jn 20,19-31)
Hermanos y hermanas, estamos en el tiempo de la Pascua, la primavera espiritual de toda la Iglesia, que se ve rejuvenecida y toda hermosa en la fiesta anual de la Resurrección de su Señor. Efectivamente hace ocho días, estábamos en “el día en que actuó el Señor”, día primero y último, día que marca una nueva y definitiva creación, por ello ese día: “sea nuestra alegría y nuestro gozo” como recita el salmo 117, que estamos entonando en todos estos días. Sigamos a la luz de “Al Encuentro con la Palabra”, celebrando la victoria de nuestro Dios. El Evangelio, común a los tres ciclos, nos enseña que nuestra fe es de un orden distinto al del conocimiento sensible. No se apoya en evidencias ni demostraciones para los propios sentidos. Así lo afirma el propio resucitado: “Dichosos los que crean sin haber visto”. En el relato que nos ocupa este domingo, se deja ver la experiencia cotidiana que tienen que afrontar seguramente los testigos de la Resurrección, cuando predicando sobre la misma, se topaban con la incredulidad de algunos que habiendo conocido a Jesús, antes de la Resurrección, creían a medias todo cuanto escuchaban, pero negaban plenamente el hecho que hubiera resucitado de entre los muertos. El episodio narrado por el Evangelio de San Juan, ve incluso la incredulidad reflejada en uno de los doce, Tomás, llamado el Mellizo, que se atreve a decir: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Y el propio San Juan, asevera que éste no estaba con el grupo la primera vez que se les apareció Jesús. Ahora bien, a todos nos parece normal la actitud del incrédulo Tomás, ya que la Resurrección era un acontecimiento inédito por parte de Dios en la vida y la historia de los hombres. De ahí que, la intención de este domingo, “A los ocho días” de tal acontecimiento, no es llevarnos a las dudas de Tomás, en primer término, sino llevarnos a la comprensión de que la “Resurrección” manifiesta su verdad al transformar la vida de los creen. Transforma en alegría el miedo de los discípulos, en aceptación gozosa y agradecida la desconfianza cerrada de Tomás. En ella y sólo después de ella, los discípulos, agradecen el haber sido elegidos por Jesús, el haber sido encontrados dignos, por parte de Dios, para compartir la vida de su Hijo amado, hoy “Señor” y “Salvador” definitivo y universal. El tiempo pascual, pues, a la luz de la Palabra de Dios que vamos a proclamar y escuchar en la Liturgia Eucarística, está destinado a suscitar a través de un ritmo creciente, la llamada a la fe. Porque en Pascua, la comunidad creyente, después de los acontecimientos de la Pasión y Muerte de Jesús, y su triunfo sobre ella, no mira hacia atrás, sino que se aferra a la fe, como una aceptación gozosa y agradecida de Jesús, como una verdad absoluta, que genera por consiguiente: paz, alegría, fraternidad y compromiso misionero de anunciarlo a todos los demás, siendo ella la primera testigo de tan maravilloso acontecimiento. Hoy pues, “A los ocho días” concluye la Octava de Pascua y continúan las celebraciones de los cincuenta días pascuales hasta Pentecostés. A través, de estos días podemos hacer un itinerario hermoso y profundo de la vida de Cristo resucitado y de la comunidad post-pascual, escuchando la palabra de Dios en la Santa Misa. No hay mejor tiempo que éste para realizar un bello “Encuentro con la Palabra”. ¡Felices Pascuas de Resurrección!.

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