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Aleluya, aleluya, Cristo ha resucitado

Aleluya, aleluya, Cristo ha resucitado
Con esta vida nueva tendremos un mundo nuevo, un mundo transformado por la gracia del resucitado, donde no haya más violencia, guerra, muertes, no habrá hambre, se extinguiría la pobreza en todas sus facetas. Y podemos decir el Reino de Dios ha llegado.
Héctor David García
Obispo Diócesis de Yoro
Fotos Archivo
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PARA RECORDAR
“La gente le preguntaba: ¿Qué debemos hacer? Y él les contestaba: El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo. Vinieron los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: Maestro, ¿Qué tenemos que hacer?  Respondió Juan El Bautista: No cobren más de lo establecido. Unos soldados le preguntaron y nosotros ¿Qué debemos hacer? Juan Les contestó: No abusen de la gente y conténtense con su sueld”.Lc 3, 10-14

Para una reflexión del tiempo pascual necesariamente tenemos que partir de la experiencia vivida desde el Triduo Pascual que contiene la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. No hay resurrección sin pasión y muerte
«El Triduo Pascual de la Pasión y de la Resurrección del Señor comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, tiene su centro en la Vigilia pascual y acaba con las vísperas del domingo de Resurrección» La celebración pascual comprende, por tanto, los días del «Triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado»
La Misa de la Cena del Señor es el preludio y la culminación es la Vigilia pascual, «la madre de todas las santas vigilias» La vigilia abre, además, el tiempo pascual con el retorno del Gloria y del Aleluya. El domingo de Resurrección es, por otra parte, el primer día del tiempo pascual
“Al alborear el primer día de la semana”
La aurora, con ese encanto de un nuevo empezar que nos trae esa gran noticia, “No está aquí: HA RESUCITADO”. Donde los pesares, el luto, el llanto quedó atrás, dio paso a la alegría porque Cristo se nos adelanta dejando huellas de salvación. Todo renace, es la nueva creación.
Es la ilusión de los de conciencia cristiana, que la muerte ya no encuentra su aguijón porque Cristo la ha vencido

NUESTRA RESURRECCIÓN  Pasada las celebraciones de la Pascua de Resurrección nuestra actitud es de confianza y esperanza gozosa que ha nacido de la experiencia con Jesús Resucitado. Nuestra fe se renueva y se fortalece. El punto de partida de la fe cristiana es Jesús experimentado y reconocido como viviente después de su muerte. El Crucificado vive para siempre junto a Dios como compromiso y esperanza para nosotros.
Creo que los discípulos nos dan una buena lección en el impacto que tiene la resurrección de Cristo en la vida de los creyentes. Ellos Afianzaron su decisión de seguirlo y dieron testimonio de su resurrección y lo anunciaron con valentía. “No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” He 4, 20
La resurrección de nuestro Señor debe dejar huella en nuestra vida y en la vida de todos los ciudadanos del Reino. Debe notarse el hombre nuevo como dice San Pablo a los Efesios “por eso no más mentiras… enójense pero sin pecar…el que robaba que ya no robe…  No salga de sus bocas ni una palabra mala… No entristezcan al Espíritu Santo de Dios…” Ef. 4,17
Esa manera nueva de ver la vida y la vida de quienes nos rodean y que a la vez por el puesto que ocupamos en ese mundo, tenemos gran responsabilidad, Tenemos que mirar al Resucitado dentro de nosotros y preguntarle ¿qué debo hacer? Nos ayudaría mucho la enseñanza de Juan el Bautista preparando la llegada del Mesías esperado.
“La gente le preguntaba: ¿Qué debemos hacer? Y él les contestaba: El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo. Vinieron los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: Maestro, ¿Qué tenemos que hacer?  Respondió Juan: No cobren más de lo establecido. Unos soldados le preguntaron y nosotros ¿Qué debemos hacer? Juan Les contestó: No abusen de la gente y conténtense con su sueldo”.Lc 3, 10-14
Nuestra condición de resucitados nos lleva a cumplir nuestra misión con entrega, en la verdad, ejerciendo nuestra autoridad, que viene de Dios, no como dueños sino como servidores.
Con esta vida nueva tendremos un mundo nuevo, un mundo transformado por la gracia del resucitado, donde no haya más violencia, guerra, muertes, no habrá hambre, se extinguiría la pobreza en todas sus facetas. Y podemos decir el Reino de Dios ha llegado.
Nuestra misión, ahora, es provocar en todos los cristianos y no cristianos el deseo de conocer a Cristo Resucitado. Como lo dice San Pablo en la carta a los Filipenses « Quiero conocerlo, quiero probar el poder de la resurrección y tener parte en sus sufrimientos» Filipenses 3,10
La Cincuentena pascual
Sigue la cincuenta pascual que va afianzando una espiritualidad en torno al resucitado, en sus diversas manifestaciones a sus discípulos y en la vida nuestra.
Las mujeres que regresan con “temor pero con una alegría inmensa” Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: paz a ustedes (les invitó a la alegría) Mt 28, 8. Jesús que hace camino con los discípulos de Emaús y lo reconocen al partir el pan.
Todo nos indica que estamos en un tiempo de gracia, porque nos encontrarnos con Cristo resucitado. Es tiempo para encontrarnos con esa persona viva, experimentar su amor, perdón y gracia. Seguimos a Jesucristo Resucitado que nos ama y quiere ser amado de manera especial en nuestros hermanos los más pobres.
Pero también es una pascua que se prolonga durante todo el año renovándose cada domingo. Esta extensión en todo el año nos permite ir reflexionando sobre nuestro proceder en el seguimiento y testimonio de fe en Cristo Resucitado. Confrontando nuestros actos con la enseñanza de Nuestro Señor.
Sigamos uniendo nuestra alabanza de adoración a nuestro Dios creador, a nuestro Salvador Jesucristo nuestro Señor y al Espíritu Santo que no santifica, con el eterno aleluya y glorifiquémoslo con nuestra profesión de fe y con nuestras obras.

Felices pascuas de Resurrección
Jesús  realizó varias apariciones después de su resurrección,  he aquí  varias de las que se registran en el Nuevo Testamento:
La primera a María Magdalena. “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena…” (Mr. 16:9; Jn. 20:15-16).
A dos mujeres. “Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve!” (Mt. 28:8-9).
A dos discípulos que iban a la aldea de Emaús. “Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos” (Lc. 24:15).
A Pedro. “Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón” (Lc. 24:34).
A los once apóstoles. “Y hallaron a los once reunidos… Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros” (Lc. 24:33, 36).
A diez de los apóstoles. “Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros… Pero Tomás, uno de los doce no estaba con ellos cuando Jesús vino” (Jn. 20:19, 24).
“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros” (Jn. 20:26).
A siete de sus apóstoles. “Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos” (Jn. 21:1, 2). Otra vez a los once en un monte en Galilea. “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron” (Mt. 28:16-17).
A más de quinientos hermanos. “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez” (1 Co. 15:6).
“Después apareció a Jacobo” (1 Co. 15:7).
A Saulo de Tarso en el camino de Damasco. “Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Co. 15:8).