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Editorial del Domingo 16 de Abril de 2017

Resucitó al tercer día ¡Ha Resucitado! Sin que nadie haya sabido la hora ni la manera. Pero Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, con su resurrección venció el pecado y la muerte, y nos ha ganado la salvación eterna. Porque Jesucristo resucitó de una vez para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre Él.


La resurrección de Jesús, significa que Él permanece vivo entre nosotros y que ya no muere más. Significa que acompaña a todos los fieles en el transcurso de la historia para hacer posible la instauración de su reino, de amor, justicia y paz, en todas las culturas.
Su resurrección está confirmada por los testigos que “comieron y bebieron con Él”, que lo percibieron  no como una experiencia mística, puramente espiritual, sino como el encuentro con una persona viva. Jesucristo Resucitado no tiene la condición existencial de ser un fantasma o un espíritu descarnado, sino que es un cuerpo glorificado.
La resurrección de Jesucristo es la prueba más evidente que su pasión y muerte de cruz, como propiciación de nuestros pecados fue una ofrenda satisfactoria al Padre Celestial. De manera que quedan perdonados los pecados de quienes aceptan a Jesucristo como su único salvador. Y quienes están destinados a resucitar gloriosamente para vivir la gozosa y plena felicidad, alabando y bendiciendo a Dios eternamente.
Jesucristo mismo definió su misión de salvador como un servicio, cuya expresión notable habrá de consistir en el ofrecimiento de su propia vida en la cruz y liberar a los hombres de la esclavitud del pecado.
El pecado, es aborrecible pues nos quita la libertad interior, nos esclaviza a las pasiones y a los caprichos de nuestro propio YO egoísta. Y nos condena s vivir siendo prisioneros de la  la infelicidad en sus distintas facetas.
De manera que Jesús dio su vida en rescate por muchos, es el salvador universal. En Él todos los hombres son rescatados, liberados y salvados. La salvación es un don que cada uno puede recibir de acuerdo con su aceptación libre del señorío de Jesús y su obediencia como discípulo y misionero.
Jesucristo es el único salvador y único mediador entre Dios y los hombres. Siendo, Dios y hombre, Jesucristo es el lazo perfecto que une a Dios con los hombres, para que ellos puedan recibir los bienes espirituales y celestiales, que les permitan ser alimentados con la vida de la gracia divina.
De forma que si permanecemos en Jesucristo y Él permanece en nosotros, a la manera de la vid y los sarmientos (Jn 15), estamos destinados a la vida eterna. Nadie podrá causarnos ningún mal, porque nadie podrá separarnos del amor de Cristo.
El amor de Jesús es el único que puede darnos la verdadera libertad del corazón. Así se elimina todo obstáculo que pueda interferir la amistad y la alianza entre Dios y los hombres. El sacrificio de Cristo en la cruz y su gloriosa resurrección constituyen una verdadera reconciliación, de Dios con los hombres, de los hombres con Dios, y de los hombres entre sí.
Desde el interior del corazón humano, la salvación que Jesús nos ha ganado abarca diversos espacios de nuestra vida: espirituales y corporales, personales y sociales. El mismo Cristo hace muchos prodigios en su vida pública: cura a los enfermos; expulsa demonios; da alivio a quienes sufren, haciendo presente el reino de Dios.
Igualmente, en los actuales momentos Él puede eliminar nuestros sufrimientos humillantes y entristecedores. En Él es posible que encontremos que, el sufrimiento puede tener la noble condición de “dolor salvífico”, que tiene un fuerte valor de intercesión.
Esta experiencia de vida, surgida en la resurrección de Jesús, es lo que constituye la esencia de la celebración litúrgica en la Iglesia, durante los próximos cincuenta días. Desde este domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés, la alegría de tan magno evento ha de vivirse como si se tratara de “un solo y prolongado día”, eso es el tiempo Pascual, un tiempo con espíritu de fiesta.
Estemos siempre atentos a las Palabras del Señor Jesús: “Vengan a Mí todos los que están fatigados y agobiados  y Yo los aliviaré……aprendan de Mí que soy sencillo y humilde de corazón”.

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