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“¡Salve, rey de los judíos!”

Al encuentro de  la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina “¡Salve, rey de los judíos!” Mt 26,14-27,66 – Domingo de Ramos P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org La lectura de la Pasión el Domingo de Ramos, tiene un origen muy antiguo. Siendo el inicio de la Semana Santa quiere impregnar la espiritualidad del “seguimiento”, ya que a través de los muchos personajes que van apareciendo en el camino de cruz, desea suscitar a quienes estamos escuchando tan maravilloso texto sinóptico, a vivir algunas de las características de ellos en nuestro encuentro con el Nazareno durante esta semana.


Nos enseñan los textos de este domingo que la salvación no pasa a través de caminos triunfales, sino por el camino que todavía hoy en Jerusalén se llama “Vía Dolorosa”: que va desde un tribunal hasta un lugar de ejecución capital , para terminar en un sepulcro.
Los dos capítulos de Mateo (26-27) que hoy se leen están articulados sobre seis escenas que se siguen unas a otras inmediata y dramáticamente, pero que reúnen en sí un mensaje y una semilla que morirá y florecerá. La Cena Pascual inaugura el memorial nuevo de un sacrificio que hará presente su vida en medio de su pueblo. En Getsemaní Jesús es el modelo del perfecto orante que experimenta la “agonía” que en griego señala la lucha del atleta que sufre para ganar la corona, aquí Jesús combate entre su voluntad y la de su Padre, triunfando esa voluntad del Padre en quien Jesús se complace plenamente y por la que alcanzará la gloria como recompensa. En el arresto Jesús reafirma su amor por el perdón y la no-violencia. El proceso judío está dominado por la última revelación mesiánica y divina de Jesús delante de su pueblo: “De ahora en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios y venir sobre las nubes del cielo”. El proceso romano sanciona la elección de la muchedumbre de Jerusalén y revela la indiferencia de Pilato, pero también la simpatía de su mujer (aparecen aquí los paganos). La escena de la crucifixión está convocando a todo el cosmos con sus fuerzas (tinieblas y terremoto), al presente de la humanidad que blasfema y se burla del Salvador, anticipando por igual a la Iglesia de los primeros tiempos que reconoce al Mesías crucificado como Hijo de Dios en la confesión del centurión. Presentando finalmente a la humanidad liberada por fin de todas las ataduras, incluso la de la muerte al señalar que los muertos surgen de sus sepulcros.
Desde hace dos mil años, venimos seguramente de una manera u otra, siguiendo los pasos del que recorrió con sus pies ensangrentados, la historia del “Mártir del Gólgota”, o la del “Jesús Nazareno”, como queramos llamarla, que refiere no a una letra muerta que quedó plasmada en la memoria de sus seguidores, sino al misterio mismo de la Encarnación por medio de la cual, el verdadero y único Hijo de Dios Altísimo, cayó en tierra y murió, para dar posteriormente fruto de abundante eternidad.
Hoy que nadie se atreva a pensar “hay que larga la lectura de hoy”, al contrario entremos a la Semana Santa reverenciando el testimonio fiel del evangelista que nos permite descubrir el gran misterio de nuestra salvación.

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