Homilia

Homilía del Domingo 2 de Abril de 2017

Homilía del Señor Arzobispo para el V Domingo de Cuaresma
“Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn. 11,1-41)
Comienza el Evangelio con cierta crudeza: “Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba cuatro días enterrado”… Se pensaba que la muerte era definitiva a partir del tercer día, así que “cuatro días enterrado” ¿Qué significa cuatro días enterrado? Quiere decir que está definitivamente muerto, es la situación en la que Jesús encuentra a Lázaro.
También el estar enterrado, puede significar una situación en la que podemos encontrarnos nosotros, es decir, la ausencia de Vida… Así podemos encontrarnos también nosotros como Lázaro en el sepulcro. Todos podemos ser, de alguna manera, Lázaro.  Podríamos preguntarnos: ¿No hay en cada uno de nosotros zonas muertas, atrapadas en una cultura de muerte?
Ciertamente podemos decir que existen muchas clases de muertes: como la pobreza que padecen millones de seres humanos, las guerras, la tristeza depresiva, la soledad que nos angustia, la desesperanza que nos paraliza, el vacío afectivo que sentimos, el miedo que nos impide vivir y, sobre todo, la ausencia del amor. Son muertes sociales y psicológicas, pero verdaderas. Jesús  viene a liberarnos  de todas nuestras  muertes, El es  la Resurrección y la Vida.
Resulta que “Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús salió a su encuentro, mientras María se quedaba en su casa”. Marta reacciona saliendo a su encuentro y le dice: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.  ¡Si hubieras estado aquí! Cuando Jesús está ausente, cuando Él  deja de ser una referencia interior, estamos como muertos, estamos como Lázaro en el sepulcro.
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió a Jesús: “sé que resucitará en la resurrección del último día”. Marta simplemente se queda en las creencias religiosas de su época. Pero Jesús le habla en presente:”Yo soy la Resurrección y la Vida,” Y a continuación le pregunta: “¿Crees esto?” Ella respondió: “Sí, Señor, creo que Tú eres el Hijo de Dios”. Como si le dijera: Creo, Señor, que Tú eres de verdad la Resurrección y la Vida, que contigo se abren las puertas de la Vida para siempre. Jesús nos despierta el gusto por vivir,  nos abre a una vida insospechada y a una gozosa esperanza.
Después dice el texto que Jesús llega ante el sepulcro: “Jesús sollozando” es emocionante ver a Jesús llorando ante la muerte de su amigo; es la expresión de la compasión de Dios ante el sufrimiento humano.
Dice que “Jesús llegó a la tumba, era una cavidad cubierta con una losa”. La cueva y la losa…,  representan la irrevocabilidad de la muerte, la losa es lo que impide la Vida… A veces, atravesamos situaciones personales y sociales que pesan sobre nosotros como una losa, que nos impiden vivir.
Por eso, la orden de Jesús: “Quiten la losa”. Jesús pide que se quite lo que impide vivir hoy. Y nuestra pregunta puede ser hoy: ¿Cuál es mi losa? ¿Qué me impide vivir? Y Marta pone una objeción: “Ya huele mal”. El mal olor tiene aquí un significado profundo…  Significa la degradación humana a la que podemos llegar.
Entonces “Jesús grito con voz potente: Lázaro ven afuera”. El grito de Jesús es el grito de la Vida. Es una fuerte llamada a la vida….”Ven afuera”… Sal del sepulcro. Es como si le dijera: Yo entiendo todo tu miedo de existir, pero “Sal fuera”, atrévete a existir, emprende el camino que tú mismo puedes recorrer. Es la hora de vivir. ¡Cuántas vidas y cuantas comunidades apagadas! Es el amor lo que hace existir y vivir a Lázaro, es el amor el que le grita: “Sal fuera”. Y el difunto escuchó la voz de Jesús y salió del sepulcro. Que cada uno podamos decir: Yo soy ese Lázaro que Jesús ama, que está enfermo y que es llamado a la vida.
Así que el grito de Jesus a Lázaro está dirigido a cada uno de nosotros. Jesús no se resigna a nuestros sepulcros. Nos invita  a salir de nuestros sepulcros: como si nos dijera: Sal del sepulcro de tus miedos, de tus desconfianzas, de tu decaimiento, de tus pesimismos…Sal de una vida apagada y mediocre… Esta palabra “¡sal fuera!” es para todos. Es la hora de optar por la Vida. ¿Queremos comenzar a quitar las losas que nos impiden vivir y a salir de nuestros sepulcros? ¿Estamos dispuestos a romper las vendas que nos atan y nos paralizan?
Si observamos detenidamente el Evangelio de hoy nos encontramos con tres órdenes que da Jesús: “Quiten la losa”, “ven afuera” y “dejenlo andar.”Estas tres órdenes encierran un mensaje profundo: El romper los vínculos con la muerte y ofrecernos la vida y la libertad. Bueno, la historia de Lázaro puede ser también la historia de cada uno de nosotros.
Que recordemos que si un día nos encontramos como Lázaro en el sepulcro, en una situación límite, tengamos presente que Él, Jesús  Resucitado, nos dice a cada uno: “Quiten la losa”, “¡Sal fuera!”, “desátenlo y dejarlo andar”…
Todo el Evangelio de hoy es un grito a la Vida y a la libertad. ¿Podemos acoger este grito de Jesús que nos llama a la Vida y a la libertad verdadera? Esta puede ser nuestra tarea en este último tramo hacia la Pascua. Necesitamos convertirnos en hombres y mujeres de resurrección con el testimonio y el lenguaje de nuestra vida.
Señor Jesús, cuando por nuestra fragilidad estemos como muertos, carentes de vida, no permitas que dejemos de creer que Tú deseas nuestra vida con la fuerza de tu amor. Ven a nuestras tumbas y despiértanos a la Vida.

A %d blogueros les gusta esto: