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“Si quieres ser mi discípulo toma tu cruz y sígueme”

“Si quieres ser mi discípulo toma tu cruz y sígueme” Resaltaré la experiencia realizada durante dos años en el proyecto del Padre Patricio Larrosa,  donde el testimonio de tantas personas deseosas de ser ayudadas para luego ayudar a otras favorecen un real encuentro con Cristo que manifiesta su rosto en el necesitado. Carlos Noé Lagos Cantillano Cuarto año de Teología carlosnoelagos@yahoo.es Arquidiócesis de Tegucigalpa Me enseñaras el sendero de la vida, me saciaras de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. (Sal 15,11). Nací el 23 de marzo de 1988 en Tegucigalpa, viví mi infancia en el Pueblo Viejo comunidad de Reitoca Francisco Morazán, soy primero de tres hermanos.

Crecí con mis abuelos maternos de quienes aprendí el valor de la oración y la piedad. A mis catorce años fui motivado vocacionalmente para ser sacerdote por medio de la misión que realizan los seminaristas en el Adviento, sin embargo es necesario decir que, para ésta época no tenía conocimiento claro de lo que significaba ser presbítero, puesto que, en las comunidades de una parroquia conformada por cinco municipios y atendida por uno o dos Sacerdotes que llegan a las comunidades una vez al año, difícilmente un joven sabe ¿qué es ser sacerdote?
Así es como llegué a vivir a la parroquia, donde me recibieron los presbíteros Ricardo Flores y Elmer Domínguez para iniciar el ciclo común, viviendo allí recibo mi primera comunión acrecentando en mi corazón el amor de Dios y el don de la vocación, descubriendo las implicaciones que conlleva el seguimiento de Cristo y la respuesta a un llamado de Dios, que ofrece el ciento por uno de aquello que se deje, además de persecuciones. En los seis años de educación media viví diferentes experiencias que poco a poco consolidaron en mí la vocación y desvelaron el horizonte de la realidad a la que se enfrenta el sacerdote de hoy.
También resaltaré la experiencia realizada durante dos años en el proyecto del Padre Patricio Larrosa,  donde el testimonio de tantas personas deseosas de ser ayudadas para luego ayudar a otras favorecen un real encuentro con Cristo que manifiesta su rosto en el necesitado, donde Dios mismo habla e interpela, favoreciendo una verdadera espiritualidad cristiana que ha de ser liberadora y humanizante.
Llegado el 2010 después de un año de proceso vocacional y acompañamiento de parte del equipo de Pastoral Vocacional, fui aceptado en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, para iniciar el proceso de formación en miras al ministerio de Orden Sagrado. El primer año, “el introductorio” fue de muchas expectativas donde comencé un camino discipular junto a otros jóvenes de diferentes partes del país, era el inicio de un gran proyecto de vida donde el protagonista es el mismo Cristo, es Él, quien coloca los parámetros por los cuales quiere que este proceso de discipulado se lleve a cabo, haciendo la invitación cada día “Ven y Sígueme”, “si quieres ser mi discípulo toma tu cruz y sígueme” y en otros momentos “pasa detrás de mí” haciendo recordar quien es el Maestro y quien es el discípulo.
Durante el ciclo filosófico en el Seminario tuvieron especial importancia los centros de pastoral específica, “hospitales” y “la cárcel” que junto a las diferentes corrientes filosóficas que se estudian en el salón de clases van haciendo del discípulo una persona sensible ante el dolor humano y capaz de dar respuesta a las exigencias de la sociedad de hoy, y sobre todo una persona íntegra. Habiendo concluido la primera etapa de formación que está conformada por cuatro años de ciencias religiosas con énfasis en filosofía, es necesario que el camino discipular y la experiencia con Cristo haya establecido bases sólidas que permitan al candidato iniciar la última etapa de formación en el seminario (la teología) con gran rectitud de intensión y un deseo inmenso de santidad. Verdaderamente el Señor ha estado grande, durante los últimos años del proceso ha habido una estrecha filiación de amor entre Jesús y su discípulo, y es que, quien se ha sabido amado por Dios y llamado a seguirle, en su vida no experimenta sino la gracia y la misericordia de su Señor que le acompaña en todo momento, ya sea en sus desiertos como en los momentos de consolación. No es más sino dar gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a María Madre de Dios porque a lo largo del camino ha estado allí intercediendo ante su Hijo por la vida y vocación de éste que también es hijo suyo.

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