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Moderación

Moderación Diac. Carlos  E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com La moderación es el ejercer control sobre nuestras palabras y acciones, evitando todo exceso. Y hay exceso cuando sobrepasamos una medida razonable. La moderación es pues una característica más de la gente razonable.

Por esa calidad racional, se le hace sinónimo de cordura, de sensatez. Pero si se le enfoca como una virtud, es decir, como un hábito bueno del alma, se le llama templanza.
El hombre y la mujer moderados, huyen de los excesos, que les lleva ya sea a vicios o, al menos, a imprudencias en su comportamiento.  Y es que la moderación se puede aplicar a casi todo. Así, es conveniente moderar los precios, para no abusar de la clientela y para no darle una amplia avenida a la competencia más responsable. De modo semejante, el Estado debe observar moderación a la hora de imponer tributos. Y los particulares tenemos que ser moderados a la hora de realizar las compras, pues un gasto exagerado puede desequilibrar el presupuesto familiar, al tiempo en que podríamos caer en el consumismo, adquiriendo lo que no necesitamos o necesitamos menos. Preguntémonos: ¿habrá habido moderación en los gastos de la última campaña política?
La moderación no es sólo económica. Moderamos la temperatura en aparatos de acondicionamiento de aire, cuando no programamos un frio excesivo, o bien un calor desmedido. Comemos moderadamente para no caer en la glotonería, en la gula, o en la obesidad, elevando nuestro nivel de colesterol malo y el número de triglicéridos.  Es imperativo conducir a velocidad moderada, lo que parece no gusta a muchos, a juzgar por el incremento en el número de accidentes en carretera, algunos con fatales resultados.
Y encontrándonos a mitad de la Cuaresmo, bueno es saber que el ayuno puede revestir la forma de moderación, en comida, en palabras, en pasiones.  No se trata de evitar un exceso, para ir a parar al contrario. Un ayuno de alimento endurece nuestro carácter, pero no se trata de una huelga de hambre, como si tuviésemos que demostrarle algo a Dios. Moderación en las palabras puede ser un buen ejercicio.  ¿No es verdad que a veces nos ataca la verborrea y no dejamos que nuestro interlocutor pueda decir lo suyo?  ¿O que otras veces decimos palabras vanas, o hirientes, con el propósito de agredir?
La Cuaresma es tiempo propicio para moderar las pasiones, cualesquiera que ellas sean. Tenemos apetitos y tendencias propias de la naturaleza humana, pero debemos estar en control, pues no puedo sin más tomar todo lo que apetezco, o darme satisfacción excesiva o egoísta, sin pensar en los demás. Decía el gran Aristóteles que la virtud está en el justo medio. La valentía, por ejemplo, que por una parte evita la cobardía del pusilánime y, por otra, la osadía del imprudente.
La persona moderada se presenta como persona educada, discreta y generosa, pues no se centra en sí misma. Sabe ejercer su libertad, sin entregar su vida de modo incondicional a otros, para que le gobiernen. Sabe cuando manifestar alegría y cuando guardar compostura, Es, en una palabra una persona equilibrada.
En la vida espiritual, la moderación lleva a la humildad de reconocer nuestras fragilidades y el poder de la gracia divina, sin la que muy poco podemos hacer.

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