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Fuente de luz y esperanza

Fuente de luz y esperanza Jóse Nelsón Durón V. El buen Dios nos ha amado nuevamente de manera muy especial: nos ha concedido la Consagración Episcopal de Monseñor José Antonio Canales Motiño como primer Obispo de la Diócesis naciente de Danlí, El Paraíso;

nos ha hecho contemplar a un pastor de rodillas, prometiendo a Dios su energía, pidiendo fortaleza y asegurando todo su amor en el aprisco encomendado, ante su redil y bajo el generoso sol que se asoma por el oriente y parpadea al paso intermitente de blancos estratos por el cielo de la Montaña de Agua (significado de Danlí, según Carlos Ernesto Molina Barahona, historiador danlidense).
Me pareció escuchar la voz de Dios diciendo a Monseñor Canales a la orilla del Chamelecón: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo” (Ex 17,5). Y siendo llamado a abrevar a su grey, se ha declarado listo para caminar en la también llamada Ciudad de las Colinas por las elevaciones que le rodean, bendita ciudad de los tamalitos, las montucas y el atol de elote y del alboroto o sopapo. Alabado sea Dios por nuestro nuevo pastor, que tiene toda la pinta que olerá a oveja, como pide el Papa Francisco.
Todavía me dura ese vaso de agua fresca en la ardiente realidad que ha sido y está siendo construida en la sociedad cómplice, por cansancio y pereza de intelección, o por simple eufobia (incapacidad de percibir y aceptar el bien) que no logra sino perpetuar y propalar el sentimiento de desgano, hastío y ansiedad que inexplicablemente cultiva y cosecha la impaciencia, enemiga del progreso, de la fe y de la esperanza en el ser humano.
La complicidad no es nueva, es antañona como las ciudades viejas y las memorias cansadas y se ha ejercido desde el aula, el despacho, el tribunal, oficina y la sala de redacción, el curul y el ministerio público y hasta en casa presidencial. Ha crecido como epidemia de cólera y ha manchado las generaciones, causando que los jóvenes, mientras la juventud les dura, protesten enojados por las ocasiones perdidas y faltantes en un medio egoísta, estéril y escaso.
La impaciencia, por el contrario, no es estéril, siembra en cada momento, como sembrando al voleo del olvido y de la complicidad negada, la protesta generalizada y usualmente grosera que enajena derechos, especula delitos y acusa, negando el derecho a la inocencia anticipada. No sólo se niega la ocurrencia del bien, sino que se debate y se ataca su fuente, la depositaria de la profunda inefabilidad de la fe inserta en el caminar milenario de la Iglesia que fue fundada por el Señor Jesús, cuya denuncia es permanente en favor de la justicia, transparencia y bien común. He allí el fundamento del mensaje de la Conferencia Episcopal de Honduras a los fieles católicos con motivo del año electoral 2017.
Para interpretar el accionar y el enseñar de la Iglesia al mundo a través de los tiempos, ya milenarios, es necesario captar y asumir en su sentido más claro su manera de decir y de celebrar, su ajustarse a la voluntad divina, enseñar el depósito de la fe a ella encomendado, administrar los sagrados sacramentos y custodiar la santa Biblia, la fe y la doctrina. Pastorear el pueblo de Dios es su misión por excelencia, guiando con amor de madre y enseñando con abnegación de maestra, al mismo tiempo que dispensando los medios salvíficos para los hombres de todos los siglos con equidad y responsabilidad paterna. En tiempos de confusión llama a la serenidad, a la conversión de las almas y a dirigir las miradas a la fuente inmarcesible del corazón misericordioso del Señor Jesús, manantial supremo del amor que nos dice: “Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”. Luz que irradia sabiduría, que libera y salva; luz que infunde paciencia, abre los ojos, desata y resucita, dando sentido a la vida y dinamizando nuestra esperanza; luz que soluciona y concede la paz.

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